martes, marzo 5, 2024

Fascistas

Mientras muchos de los mortales se dedican a mirarse el ombligo pensando que viven en el mejor de los mundos posibles, que pese a haber problemas graves se resolverán, que otros tienen la culpa y han de pagar por ello o simplemente se vuelve impasibles ante el horror que los rodea y dicen que ya harán lo que haga falta cuando llegue el lobo del cuento, las sociedades democráticas viven en el marco del fascismo, un vocablo que se convierte en adjetivo de uso fácil que se adjudica a quién no comparte nuestros puntos de vista. Se tacha entonces a esos sujetos de fascistas, nazis, de extrema derecha, de negacionistas y otras barbaridades que se nos ocurra.

El fascismo es el totalitarismo. Cuando Albert Bike describió las tres guerras mundiales en 1871 señaló que se establecerían diversos regímenes de este tipo: primero fue el comunismo, que se instauró en Moscú en 1917 para matar por venganza rothschildiana a los zares por haber rechazado el Tratado de Viena en 1815 y el nazismo antisemita, pensado para enfrentarse al otro modelo soviético y así generar un conflicto que daría lugar a la segunda guerra mundial, mucho peor que la primera. Las revoluciones de Cuba, China o de Corea del Norte son buenos ejemplos de fascismo comunista. No olvidemos que este movimiento dictatorial e inhumano ha asesinado a cientos de millones de personas en todo el planeta y que China es la nación del mundo que más mata por cadena perpetua, con gran diferencia con respecto a los EEUU. No hablamos de sociedades con modelos democráticos, si es que alguna vez lo ha habido, sino de otros de tipo cultural en los que se impone el autoritarismo y el pensamiento único, ya sea por las buenas (adoctrinamiento escolar, como el caso del LGTBIQ+, medios de comunicación comprados, chantajes electorales y un largo etcétera) o las malas (delitos de odio, campañas de miedo o actitudes violentas quemando terrenos).

En un reciente pleno de Sevilla, donde se debatía los cortes de luz de muchos vecinos de dicha ciudad, el grupo de Podemos irrumpió de manera violenta con gritos de vecinos en contra del gobierno que decían que es de derechas, de manera irrespetuosa y debiendo ser desalojados por las fuerzas de seguridad. Tampoco es extraño que personas afines a Sumar, PSOE, grupos independentistas o del casi extinto partido de Irene Montero se dediquen a decir sandeces del tipo “están incitando al odio a los LGTBI”, “facha”, “extrema derecha”, “carca” o que se está en contra de los derechos y el progreso social, por parte de quienes creen defenderlos. ¿Pero de que hablan realmente? ¿De los que consideran justos o de los que repiten como loros pagados?  

Todo lo señalado por esta cohorte de partidos es lo mismo: aquello que se expone en los manuales de instrucción de naciones unidas, la dictadura y el fascismo de la agenda 2030 que han de imponer si o si, eliminando a todos los disidentes que no se quedan convencidos de las maravillas que nos esperan en el siglo XXI ante el peligro del ser humano, tan terrible porque se carga el planeta y lo contamina. Hay tantas banderas para que el fascismo se imponga (la plandemia, el cambio climático, el dogma de sexo no binario, la imposición de grupos minoritarios que dicen ser discriminados, el feminismo, el aborto, la progresiva aceptación de la pedofilia por leyes como las de Montero y sus sicarios ideológicos, las invasiones extraterrestres, el hambre que está por venir, etc…), sea en forma de lucha de clases, bajo la inspiración del marxismo sionista, que tiene mucho que ver en ello, o peligros inminentes para crear miedos absurdos y así caer en los brazos malnacidos, vendidos a las élites criminales que siguen principios espirituales muy concretos y satánicos.

El fascismo es “ordeno y mando”: “tú eres menos que yo, tú eres un ignorante, un estúpido, un niño que no sabe nada y a quien hay que explicárselo todo, a pesar de que estamos ya cansados de explicarte las razones por las que hacemos todo esto, que es por ti y tus hijos y nos espanta que no entiendas que todo esto es por tu bien y tus derechos”. La mal llamada izquierda (que apareció en la asamblea de París de 1789 cuando quienes deseaban que el rey no pudiese impugnar los acuerdos de este nuevo parlamento de tipo masónico que deseaba cortar la cabeza a Luis XVI, lo cual hizo después), adopta posturas claramente fascistas, imponiendo sus postulados; sería su deseo vivir en un régimen político en el que no hubiese resistencia, siguieran con sus privilegios, propios de los partidos políticos (organizaciones ideologizadas en la ambición y la mentira para sostener el orden mundial sionista), mientras el pueblo vive pobre, con la soga al cuello y obteniendo el aire de sicarios y delincuentes encorbatados en sus escaños, robados por logaritmos informáticos; mientras está controlado día y  noche y no puede ni comprar ni vender si no es por el permiso y autorización de sus amos, que son sátrapas. Es su sueño, es su ideario. Conseguido su objetivo (agenda 2030), hacer una comparación con el nazismo no sólo sería insultante sino cruel ya se homologarían en prácticas genocidas (mientras se mataron millones de judíos, o de disidentes en la Rusia soviética, en las modernas democracias se asesina a la gente con inyecciones letales que aún no han acabado su exterminio, por aquí y por allá, sin que nadie diga nada…). No se sabe si fue peor lo ocurrido antes de la segunda guerra mundial que lo que pasó con la farsemia y el covid 19, una campaña que sigue con más vacunas (según las llaman), nuevas y más mortales que las que conocemos. ¿Y fue tan malo el nazismo? (Nos podemos preguntar). No, lo que pretenden imponer desde naciones unidas es peor que todo lo ocurrido, según los libros de historia, porque aún no han terminado y los psicópatas y esclavos de esta secta de demonios nos gobiernan, hasta los elegimos.

Por lo tanto, vivimos en un estado fascista en el que muchos de nuestros ministros, presidentes y gestores públicos no sólo no miran para sus intereses (las promesas de los que manejan la economía y las riquezas materiales del planeta: haz bien tu trabajo y te daremos más de lo que pudiste soñar, pobre diablo), sino que cometen actos de terrorismo de estado, los mismos que se realizaban en los lejanos años 30 tras el crack del 29 (una crisis provocada por quienes ya tenían todo el control del planeta), sino que realizan su genocidio de manera lenta, imperceptible, mediante inteligencia a niveles nanométricos, alteraciones de pensamientos por neuromodulación, creación de delirios colectivos en forma de sueños de un mundo mejor y acciones tan viles como erradicar la agricultura, la ganadería, provocar sequías y falta de agua potable y otras atrocidades. Al menos los dictadores fascistas de los años 30 daban la cara, estos delincuentes actúan y callan como cobardes y esconden sus cabezas cuando los pillan como las cucarachas.

El fascismo se abre paso en quienes adoptan posturas pasivas, no mueven un dedo contra la injusticia y la muerte que desean infringir desde hace 50 años, prefiriendo seguir la moda progre y evitarse problemas, no decir las cosas claras llamando todo por su nombre y se alinean con encantadores de serpientes que sacan su lengua para alimentarse de tu cerebro.

¡Cállate, no hables, te censuramos por decir esas verdades que nos disgustan tanto, eres un facha, un nazi! ¿Quién es el nazi, quién es el facha, el que insulta sin motivo y actúa violentamente cuando no se sale con la suya, como en el pleno de Sevilla o el criticado por expresar verdades como puños que les atraviesan el corazón como las estacas que mataban a los vampiros?

Busquen sus respuestas porque están a la vista, demasiado cerca, tanto que muchos ni las encuentran…

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