viernes, mayo 17, 2024
InicioUncategorized¿Fue Vicente Rojo un traidor para “los suyos” o fue simplemente el...

¿Fue Vicente Rojo un traidor para “los suyos” o fue simplemente el peor general de la Guerra Civil?

Vamos ahora a relatar la historia de un hombre, más que de un general, puesto que la figura de Vicente Rojo no tiene demasiado valor desde el punto de vista militar. Y no importa lo mucho que repitan sus fans sobre que fue el mejor General de la República y hasta de la Guerra Civil, puesto que eso siempre será un mantra hasta que no puedan demostrarlo con datos. Y aquí vamos a hablar de datos y luego a establecer las hipótesis que se puedan acercar más a ellos, pero siempre sobre una base de realidad y no de mantras y verdades histéricas repetidas mil veces. Porque una mentira repetida mil veces puede ser fácilmente derrotada por uno o dos datos, por mucho que aquí estemos hablando del general más derrotado de la Historia de la Humanidad.

¿Fue Vicente Rojo un infiltrado del Ejército Nacional?

Dejadme empezar un poco por el final y reseñar aquí una frase muy clara y concreta de Vicente Rojo, en una entrevista con los asediados defensores del Alcázar de Toledo en 1936. Frase que recoge su mejor amigo y compañero de estudios y Milicia, el Teniente General Alamán, después de ofrecerle que se olvidase de su supuesto bando rojo y se quedara en el reducto nacional junto a ellos:

Vicente, ¿por qué no te quedas? Es tu gran oportunidad.

Se refería a su gran oportunidad de cambiar de bando sin represalias directas y quedarse con ellos, con sus amigos y verdaderos compañeros, pero lo curioso es cómo Vicente Rojo respondió a eso:

Imposible. Me he comprometido con esta gente y no debo ni quiero faltar a mi palabra. A mayor abundamiento, tengo a mi familia en Madrid y su seguridad depende de lo que yo haga. Mi suerte está echada. Pero resistid sin desmayo. Sois los mejores y ganaréis. ¡Viva España!

Todo ello después de haberles informado, sin ninguna presión por parte de los nacionales, sobre distintos aspectos importantes que afectaban a los sitiados del Alcázar: proximidad de las fuerzas de rescate de Mola y Franco o de las bocas de las minas que se estaban construyendo, bajo dirección de mineros asturianos, para volar el Alcázar desde sus cimientos. Respuestas y declaraciones espontáneas con las que pretendía ayudarles, pero sin perjudicar demasiado a su Gobierno. ¿Temor a comprometerse demasiado con unos frente a los otros? Vicente Rojo nunca fue, a mi entender, un hombre claro en este sentido, pero es que así son los agentes. ¿Miedo a las represalias que el Gobierno de Madrid, comunista y cantonalista, pudiera llevar a cabo contra su familia? Esto último parece evidente por las propias últimas palabras de Rojo antes de salir del Alcázar.

No hay que presuponer que Vicente Rojo fuera elegido por sus grandes dotes militares

Lo más notable en la vida de Vicente Rojo fue que, contrariamente a lo que pasó con la mayoría de sus camaradas de armas de la oficialidad, en las Fuerzas Armadas del 36, se unió sin muchos titubeos a la causa del gobierno del Frente Popular. Y es que la mayoría de sus compañeros decidieron sumarse al Alzamiento Nacional o fueron encarcelados y pasados por las armas.

No es por ello de extrañar que fuera seleccionado para los más importantes mandos de tropas de Tierra por el gobierno frente-populista. Tengamos en cuenta que les faltaba gente instruida en todos los niveles y, sobre todo, en el complicado arte de la guerra, pues sus milicias y heterogéneas tropas no podían combatir sin el liderazgo claro de oficiales competentes. Y de ahí sus grandes derrotas desde el comienzo de las hostilidades. Por lo tanto, en primer lugar, no hay que presuponer que Vicente Rojo fuera elegido por sus grandes dotes militares, cosa que no demostró ni antes ni durante la Guerra.

Hasta la prensa del Régimen reconoce que Rojo era “enigmático”. ¡Y tanto que lo era!

La miseria económica caracterizó en gran parte su vida

La segunda gran circunstancia que ha marcado la vida de este señor ha sido la pobreza. Jamás conoció lo que era una vida desahogada, que sepamos, aunque esto también hay que afirmarlo con precaución, porque intuyo que podría tener una trayectoria vital más compleja de lo que parece y estoy hablando de que todos los espías cobran (si es que lo fue, claro). Huérfano de padre desde que nació, a los 13 años murió también su madre, por lo que terminaron los hermanos en un orfanato militar, debido a que su padre ejerció también esta profesión y también sin pena ni gloria. Y es un apunte importante porque la miseria económica caracterizó en gran parte su vida y tampoco sabemos que se haya forrado, precisamente, con la Guerra Civil, cuando ejerció ni más ni menos que de Generalísimo operativo de las fuerzas de Tierra.

Vicente Rojo no participó en acciones de heroísmo ni fue herido ni condecorado, que yo sepa

Esto importa también porque esas penurias económicas fueron el motivo por el que se prestó voluntario para ir a la guerra de África, como tantos compañeros suyos, que marcharon de la Península por idénticas razones. El sueldo allí era mucho mejor y también las posibilidades de ascensos, en especial, si se aprovechaban las oportunidades que ofrecían las batallas para cometer actos de heroísmo. Éste fue el caso de Franco y de muchos de sus colaboradores más cercanos como Yagüe, García Valiño y un sinfín de oficiales y tropas. Pero, al contrario que ellos, Vicente Rojo no participó que se sepa en acciones de tanto heroísmo ni fue herido ni condecorado en acto de servicio. Todo lo contrario que su supuesto rival, en los campos de batalla de la Guerra Civil, Francisco Franco, quien se desempeñó siempre con un entusiasmo y una temeridad en el combate que están fuera de toda duda.

Franco vs Vicente Rojo: una comparación absurda

De ahí y de todo lo demás que comparar a ambos, para empezar, me parece un insulto a Franco y a la realidad: Vicente Rojo era un académico militar de mentalidad funcionarial y sin esa capacidad de liderazgo que le han adjudicado mientras que Franco fue un académico, también, que llegó a director de la Academia General de Zaragoza, pero que aplicaba la teoría militar en todos los ámbitos del mando: condecorado y herido y ascendido siempre por méritos de guerra, fundador de la Legión, Jefe del Estado por 40 años y, sobre todo, ganador de todas sus batallas, mientras que Vicente Rojo perdió TODAS sus batallas y nunca participó de forma directa en ninguna acción de importancia.

De hecho, aunque no es fácil demostrar esto, es muy probable que Vicente Rojo no se hubiera decidido nunca por la carrera militar si no fuera porque su padre ya lo había hecho primero. Porque pasó su adolescencia en un orfanato militar. Hay que tener en cuenta que, por aquel entonces, la carrera en las Fuerzas Armadas estaba en declive y la institución atraía básicamente a dos tipos de estudiantes. Alumnos del estilo de Franco, entusiastas de ese estado de vida y ambiciosos, así como funcionarios sin tanta vocación, que encontraban en la carrera militar una forma de tener una seguridad económica mínima y un cierto estatus social, aunque los sueldos eran muy bajos.

Vicente Rojo regresó a España para morir aquí, en pleno Franquismo

Y la tercera circunstancia que a mí me ha llamado más la atención de su vida, por fin, es una circunstancia que no se suele tener en cuenta por parte de sus fans. El hecho de que regresara a España para morir aquí, en pleno Franquismo, pese a haber ocupado un puesto de tanta responsabilidad en el bando contrario. Un bando al que se acusaba con razón de crímenes gravísimos de todo tipo y dándose la circunstancia de que los sublevados, como se les suele llamar, llevaban muy mal que compañeros suyos de carrera militar no se hubieran levantado en armas contra el gobierno con el que traían más cuentas pendientes. En realidad, el del Frente Popular ha sido hasta la fecha el gobierno que más ha desarmado a las Fuerzas Armadas y lo hizo con una clara intención política, siendo éste uno de los principales motivos de la lucha a muerte entre ambos estamentos.

Esta última circunstancia, lo de su regreso a España sin pasar por ninguna represalia, unido a la penosa trayectoria de Vicente Rojo en la Guerra Civil, es uno de estos argumentos que más me invitó a pensar qué tal vez no fuera todo como nos lo han contado unos y otros. ¿Y si Vicente Rojo fuera desde el principio una gente del bando nacional, infiltrado en el más alto rango de las fuerzas enemigas para mantener controlado a ese bando y ayudarles a perder la guerra cuanto antes?

No estamos hablando de ninguna locura, sino de algo muy posible que ha sucedido en diversos ejércitos y estados del mundo. Y uno de los ejemplos más claros fue el del Almirante Canaris, traidor a Alemania que se vendió desde el principio a los aliados, siendo descubierto sólo al final de la guerra y consecuentemente ejecutado. Pero cuando el daño irreparable ya estaba hecho contra su país.

Vicente Rojo con Azaña, precisamente el político que más hizo por desarmar a las Fuerzas Armadas y represaliar a sus miembros.

Todos los cuerpos de seguridad del mundo mantienen en nómina a confidentes y agentes infiltrados

También podemos referirnos a la caterva de políticos inútiles que disfrutamos en la actualidad y que claramente están vendidos a poderes extranjeros. Los que sean. Pero fundamentalmente a países que están en la órbita occidental de los aliados, ya sea Estados Unidos o Francia o Marruecos. Y todos los partidos son de esa condición y no lo ocultan. Lo que pasa es que eso nunca nos lo van a contar, pero es un panorama muy similar al que vivíamos en la España del 36 con los vendidos del Frente Popular. Y también el propio Franco contaba entre sus filas con muchísima gente que, sin necesidad de pagarles dinero, estaba más que decididos a obedecer a Hitler o a Don Juan de Borbón y, por tanto, a la Corona Británica. Porque nunca ha sido tan complicado en España y en el mundo defender la soberanía nacional de los países.

Es más: todos los cuerpos de seguridad del mundo mantienen en nómina a distintos confidentes y hasta agentes infiltrados en las fuerzas enemigas. Y esto no sólo ocurre con los famosos espías que se consiguen infiltrar en grupos terroristas, sino que el máximo triunfo de estos servicios secretos es colocar directamente a los jefes enemigos. Seleccionarlos ellos y ascenderlos hasta la cúpula. Pero lógicamente nunca nos van a contar la verdad, pues los agentes no tienen en la frente un cartel donde se lea lo que son de verdad.

Vicente Rojo fue el campeón en derrotas de los subcampeones del 39

Deberían ser los que simpatizan con el bando nacional los que celebrasen sus triunfos militares

Volvemos a nuestro personaje, campeón en derrotas militares frente a los nacionales. Con un historial así, no lo entiendo, deberían ser los que simpatizan con el bando nacional los que celebrasen sus triunfos militares y conmemorasen su figura heroica. Porque fue un auténtico agujero negro para los suyos, eso sí, suponiendo que realmente fueran los suyos los del Frente Popular. Porque yo no lo tengo tan claro. Y hay muchas anécdotas y evidencias que vamos a recoger aquí que apuntan en esa dirección, aunque me gustaría que los lectores pudieran colaborar enviándome a mi correo electrónico sus impresiones, sin importar que no sean en favor de mi tesis. mbooralive@gmail.com.

¡Me gustaría mucho saber cuándo humilló este señor a Franco! Algunos “historiadores” no andan nada mal de humor.

Vicente Rojo detestaba la bandera tricolor de la Segunda República

Para ser el gran paladín de ese Frente Popular, la verdad, empezamos muy mal. Y es que Vicente Rojo manifestó públicamente (eso sí, creo que después de la Guerra) que no estaba de acuerdo con el cambio de bandera. Cambio que realizaron algunos políticos, con el advenimiento de la Segunda República, pero que no representaba a todos los españoles y no tenía un origen popular ni constitucional. Y son palabras de él que yo suscribo, pero que nunca recuerdan sus fans. También es curioso que se mostrase contrario a los Acuerdos de Madrid entre España y EE.UU en el tema de las bases, que fueron la gran concesión de Franco a los mayores chantajistas de la Historia de la Humanidad y una postura que también comparto con Rojo. Pero habría que decir que de Washington vino el apoyo más esencial y estratégico a la causa frente-populista, luego siempre estamos inmersos en las contradicciones de esta gente y en concreto del alienígena Rojo.

En el bando “legal y legítimo” no se ponían de acuerdo ni en el objetivo prioritario de ganar la puñetera guerra, que era lo que tenían que hacer todos por su propio interés. Por eso se recordaban constantemente a sí mismos que había que ganar la guerra antes que nada, pero era inútil.

Vicente Rojo era cristiano católico y esto no cuadraba nada con sus compañeros y subalternos

No fue el único caso que se dio en las Fuerzas Armadas frente-populistas. También el famoso General Escobar, de la Guardia Civil, fue un ardiente católico que se vio desde principio complicado con el Alto Mando de las fuerzas del Gobierno. Y recibió incluso un atentado, por parte de milicianos de su bando, que le llevo a recibir un permiso para recuperarse de sus heridas en el Santuario de Lourdes. ¡No está nada mal para un General que compartía Estado Mayor con los más anticlericales asesinos de monjas! Y, evidentemente, estos católicos entre asesinos de católicos no pasaron la guerra tranquila en ningún momento, como es lógico, lo que se notó mucho más en el caso del General Escobar. Porque aparte de lo que ya hemos comentado tuvo la desgracia de sufrir la pérdida de un hijo en la Batalla de Brunete. Un hijo que peleaba en el Ejército Nacional, precisamente, como pasaba con la gran mayoría de los miembros de la casta militar y sus vástagos.

Vicente Rojo visitó a los sitiados del Alcázar

Se trata de una de las epopeyas militares más impresionantes de España en el siglo XX. Y eso que hubo muchas y, en la Guerra Civil, unas cuantas, pero se trató de uno de los asedios más duros y salvajes que han tenido que sufrir fuerzas españolas en toda su Historia.

Un asedio que demostró muy pronto en la guerra la ineficacia militar del Frente Popular, la cual intentaron compensar haciendo uso de la más despiadada e indiscriminada violencia. Y como no podían quedar en el descrédito total de ser humillados junto a su bastión principal en Madrid, con una superioridad en hombres y material manifiesta, jugaron la carta de hacer razonar a los sitiados con promesas que nadie podía creer. Y se propusieron unas condiciones para la rendición del Alcázar de Toledo, por parte del gobierno, eligiéndose por emisario precisamente a Vicente Rojo. Es decir: en el propio Gobierno sabían que los vínculos de este señor con sus antiguos camaradas de armas eran muy profundos. Lo que abunda en mi tesis de que pudo tratarse desde el principio de un agente de Franco. Del Ejército Nacional.

Vicente Rojo sabía desde el principio que su misión de diplomacia no iba a triunfar. Conocía de sobra a Moscardó y el temple de la gente que le rodeaba. ¿Qué otra cosa se podía esperar de un señor que no había vacilado en continuar con el asedio que sufrían, sus fuerzas y civiles, a pesar de las miserias que estaban soportando? Y a pesar del chantaje brutal que terminó con el asesinato de su hijo Luis (el pequeño se salvó por la misericordia de un buen miliciano rojo). Y, en efecto, su visita al Alcázar no tuvo ningún resultado positivo, para el Gobierno, aunque a se le ofreció la posibilidad de poder pasar un buen rato con sus antiguos amigos y compañeros.

Yo ya estoy comprometido con esta gente. Además, mi familia está en Madrid

En Wikipedia se describe el frío recibimiento que le dio el Coronel Moscardó a Vicente Rojo en el Alcázar, pero, ¿qué otro tratamiento cabe esperar en un posible agente infiltrado si no se quiere descubrir ese potente as en la manga? La situación de unos y otro era desesperada, en cualquier caso. Unos, como rehenes del Gobierno de Madrid, presos en un castillo medieval junto a sus familias y otro, el general Vicente Rojo, como un auténtico alienígena entre los bestias que estaban sometiendo a toda la zona a su mando a los horrores propios del comunismo, el fanatismo separatista y la anarquía.

De hecho, en el maravilloso cómic titulado 70 días en el infierno, la gente de Fuerza Nueva comenta que los antiguos compañeros de Vicente Rojo le ofrecieron a éste quedarse junto a ellos, pero él habría declinado la oferta con unas significativas palabras:

No puede ser. Yo ya estoy comprometido con esta gente. Además, mi familia está en Madrid.

Una versión para nada descabellada, sobre todo, si tenemos en cuenta que el Alcázar era esa universidad militar donde Rojo se había formado y dado clases. Y que uno de esos adversarios que le proponía quedarse era su amigo del alma, Emilio Alamán, pero el miedo a las consecuencias de pasarse de bando pesaba mucho en todo caso. Porque todos habían apuntado muy bien lo que pasaba con las familias de los desafectos al régimen de Madrid, de Barcelona y otros núcleos del poder soviético en España. El propio Coronel Moscardó había dado prueba de un heroísmo sin límites al ofrecerse a sí mismo y a sus hijos por la Patria, pero Vicente Rojo y muchos otros no estarían tan dispuestos a imitar un ejemplo tan espartano, digno de la epopeya de Guzmán el Bueno y tantos otros héroes españoles.

Llama poderosamente la atención esta relación íntima de Vicente Rojo con sus presuntos enemigos

Vicente Rojo volvió a Madrid, como había imaginado, con el único botín de haber pasado por una experiencia única en la historia, pasando a comentar sus impresiones directamente con el presidente: Largo Caballero. Así y todo, solicitó para los sitiados la gracia de poder contar con un cura para los auxilios espirituales, lo que para mí es otra anécdota muy significativa.

Miaja y Rojo: muchos pensamos que el primero fue el verdadero gran general del Frente Popular y no Rojo, que fue el gran coleccionista de derrotas por todo el país.

Lo que no me explico es de dónde se podría sacar un sacerdote en esos días, porque no sé cuántos curas habrían quedado a disposición del Gobierno de Madrid tras la genocida persecución de religiosos, martirizados en un plazo récord y con gran alarde de torturas. En cualquier caso, llama poderosamente la atención esta relación íntima de Vicente Rojo con sus presuntos enemigos. De hecho, por lo que he podido contrastar en la prensa de esos días, el gran héroe del Frente Popular fue desde el principio Miaja, otro africanista que fue sin duda el gran conductor de las tropas terrestres de ese bando. El auténtico artífice de la resistencia a todo trance de Madrid frente a los ataques nacionales, pero cuya figura ha quedado ensombrecida precisamente por el gran perdedor de batallas: el general más fracasado de la Guerra, Vicente Rojo, que se ha convertido en una figura casi sagrada para los suyos.

Vicente Rojo se sentía español, ante todo, como el resto de sus camaradas de armas

Pero nunca fue de los suyos. Vicente Rojo se sentía español, ante todo, como el resto de sus camaradas de armas, y por la misma razón amante de su unidad. Una prioridad que manifestó mucho en el exilio y que le originó problemas con los separatistas, porque siguieron peleando en el extranjero después de haber perdido la guerra en España por esa misma razón.

El sesgo totalmente izquierdista, anticlerical y globalista del Frente Popular chocaba de frente con la naturaleza conservadora, cristiana y nacional de Vicente Rojo.

Vicente Rojo amaba el orden público, pero luchaba en un bando caracterizado por la anarquía criminal

Y del orden público y la seguridad que habían jurado defender todos, misión que estaban dispuestos a desempeñar con el gobierno que fuera, pero es que el Frente Popular era la ausencia de gobierno efectivo. Aquello era indescriptible cuando desde el principio vaciaron las cárceles de criminales y les dieron armas, con licencia para robar, violar y matar por todas partes. Todo se podía hacer en el nombre de sus radicales ideologías de izquierda. Y cualquiera podía ser un enemigo faccioso, pero especialmente los miembros de la casta militar y sus familias. Un gobierno que volvió a llenar esas cárceles, pero de gente que no les era leal a ellos, todo un delito en un Estado de deshecho como el suyo. Y volvieron a vaciar esas prisiones cuando tocó matarlos a todos, en Paracuellos y en otras tristes jornadas de muerte y destrucción.

Como es lógico, no creo que ni Miaja ni Vicente Rojo estuvieran muy de acuerdo con todo eso y, de hecho, utilizarían el argumento del orden público y la disciplina para poner un cierto límite a la situación de anarquía total que se vivió especialmente en Madrid, donde ambos residían. Pero la realidad era que ni uno ni otro tuvieron nunca el poder supremo en esa zona concreta, donde se le suponía como generales con mando en plaza y en tiempo de guerra. Y es que el verdadero mando lo ejercían los políticos y sus milicias urbanas, dirigidos todos desde lugares tan lejanos como Moscú.

¿En qué momento Vicente Rojo humilló al general más joven y brillante de Europa (según Petain, por ejemplo), que nunca perdió una sola batalla en su vida?

Lo que más echaba en falta el Frente Popular eran mandos en todos los niveles y eso significaba falta de formación

No vamos a entrar aquí a contar todas las derrotas que sufrió el ejército de maniobra del Frente Popular, compuesto por las mejores divisiones de ese bando y con el armamento más moderno de la época. Pero el problema no estaba en el elemento humano, puesto que eran españoles con un nivel de instrucción regular y valor idéntico en ambos bandos. Según le contestaba el propio Franco, sonriendo, a un asesor militar alemán que buscaba otro tipo de respuesta, se encontraban ante la segunda mejor infantería del mundo, después de la nacional.

Está claro que usted manda la mejor infantería en este momento, decía el alemán. ¿Cuál es para usted la segunda mejor?

Adivinando sus pensamientos, Franco esbozó una sonrisa y contestó: la de ahí enfrente.

Por lo tanto, en el Ejército Popular no fallaba ni el elemento humano esencial ni el muy superior armamento, soviético y aliado, ante todo. Lo que echaba en falta el Frente Popular eran mandos en todos los niveles de la jerarquía militar. Porque nunca «perdieron» demasiado el tiempo en formar a la gente, como sí hacían en el Ejército Nacional, con los famosos sargentos, alféreces y tenientes provisionales, los cuales recibían un acelerado curso de formación militar para reincorporarse al frente con la capacidad de conducir tropas. Una «pérdida de tiempo» que los nacionales rentabilizaron en todas las batallas que libraron desde la intensificación de la Guerra, a partir de 1937, pues las batallas las ganan al final esos conductores de hombres de primera línea y no los comisarios políticos de enfrente, así como tampoco generales de Estado Mayor sin oficiales que pudieran implementar sus directrices.

Vicente Rojo interroga a un combatiente nacional. Tal vez le esté preguntando cómo es eso de estar en el frente, dado que Rojo estuvo muy poquito por allí.

Vicente Rojo diseñó una excelente operación de cruce del Ebro, pero se pensaba que mandaba a la Wehrmacht

¿Hasta qué punto no pudo influir Vicente Rojo para que se formase más a la gente y se diera prioridad a los más instruidos, él que había sido un entusiasta profesor militar antes de la guerra (y después)? Según el experto en este tema, Luis Togores, Vicente Rojo diseñó, por ejemplo, una excelente operación de cruce del Ebro, pero se pensaba que mandaba a la Wehrmacht de la Segunda Guerra Mundial y lo que tenía eran los supervivientes de lo que quedaba del Ejército Popular después de tantas derrotas: carecían de buenos mandos para ejecutar con brillantez una operación tan compleja, que además les condujo luego a un callejón sin salida. Este mismo estudioso de la Guerra Civil llega a afirmar que Vicente Rojo no creía, en realidad, en ninguna victoria posible de su bando y que, ante la insistencia de los políticos para que les diera una victoria cuanto antes, lo que le dio fue su derrota definitiva en la batalla del Ebro. La mayor operación militar de la República, como es conocida por los historiadores más cursis, pero que en realidad fue su mayor fracaso y uno que terminó ya del todo de exterminar a sus mejores divisiones.

Con estos estrategas rojetes bastaba para infligir al Frente Popular las mayores palizas, de las que Rojo fue siempre el máximo responsable militar de su bando.

Ponderar la derrota de la batalla del Ebro es como si los franceses sacasen pecho de cómo los alemanes les machacaron en 6 semanas

Ponderar la derrota de la batalla del Ebro es como si los franceses sacasen pecho de cómo los alemanes les machacaron en 6 semanas. Aquel cruce del Ebro fue un auténtico suicidio, lo mismo que lo fue el ataque sobre Teruel unos meses antes y que dio lugar a que los nacionales llegasen antes al Mediterráneo.

Si alguien me preguntara qué haría yo si fuera el jefe militar de ese Ejército y quisiera que perdiera, sinceramente, no podría hacerlo mejor. Atacar una población de tan poca importancia como Teruel para que luego me saquen a patadas de allí y lleguen al Mediterráneo, cortando en dos la zona que tengo que defender, es una maniobra tan cojonuda como pasar el Ebro para embolsarme a mí mismo entre el río y las mejores tropas nacionales. Semejante estupidez solo puede ser digna de un suicida o de una gente que trabaja para el enemigo, pues lo prudente hubiera sido mantenerse a la defensiva y no exponer a las propias fuerzas a una derrota brutal que va a acelerar el fracaso final absoluto. Sobre todo, cuando estamos hablando de unas fechas que estaban muy próximas al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, lo que convenía más al bando gubernamental que a los nacionales.

La falsedad del relato paneuropeo: cuando se libraba la Guerra, casi todos los gobiernos apoyaron al Frente Popular. Cuando sufrieron ellos la II GM, en sus países, tendían su mano amistosa a la España Nacional.

Pero hizo aún más por el bando nacional: las derrotadas divisiones de la Batalla del Ebro, muy machacadas, pero aún con capacidad de combatir, fueron conducidas hacia Francia en perfecto orden para ser allí desarmadas y confinadas en campos. ¡Menudo gol que le metieron al bando legítimo, los genios que hicieron tal cosa, pensando que los franceses permitirían embarcar a esas tropas en su país para ser luego desembarcadas en Valencia! ¿De verdad se creyeron esa película de parte de un país que les ayudó a ellos siempre, desde el principio? Me cuesta asumir tal cosa. Más bien parece la rendición por partes de la ciudadela: la entrega inexorable al bando nacional de la que luego culparon a la Junta de Casado, por el famoso golpe que lleva su nombre y que dio fin a toda la Guerra.

¿Fue Vicente Rojo un espía del Ejército Nacional, como Gutiérrez Mellado?

El espionaje se dio con bastante asiduidad en la Guerra Civil Española

El espionaje se dio con bastante asiduidad en la Guerra Civil Española y ahí están las acusaciones gravísimas que Milans del Bosch le dedica a su colega Mellado tras el 23 F. Todo ello en la carta más dura que jamás un general español le ha dirigido a otro y de la que rescato estas palabras, que son la contestación del condenado por el 23F, Milans del Bosch, al supuestamente heroico y demócrata Gutiérrez Mellado, que se había referido a él en términos injuriosos por su participación en ese extraño golpe de Estado:

«Decía que ni yo ni nadie podíamos admitir lecciones de ética militar de ti, pues, ¡cómo se pueden admitir de quien -siendo oficial-, la única vez que ha combatido, en vez de hacerlo al frente de sus tropas y frente al enemigo, lo ha hecho de la sucia forma de los espías; de las dos caras; de la puñalada por la espalda! ¿No es así cómo luchaste en lo que yo llamo guerra de liberación y ahora se suele conocer por guerra civil? Es decir, luchamos en el mismo bando, pero de forma bien distinta: yo, al frente de unidades de la Legión; tú, desde dentro del bando rojo o republicano, como quieras llamarlo. Y muchas y muy importantes «fechorías» debiste de hacer cuando no solamente creo que tienes el «valor reconocido», sino que, según se dice (es vox populi), tú mismo te propusiste para una importante condecoración, que un prestigioso general rechazó diciendo: «A un espía se le paga, pero no se le condecora».

Nuestra actitud, por tanto, en la guerra ha sido bien distinta y esa misma actitud la hemos seguido, los dos, en la paz: yo siempre de frente, de cara; tú siempre actuando en la sombra y por la espalda.

En cuanto a tu valor «reconocido», también tendría algo que decir, pues creo que es preceptivo para alcanzarlo, tres operaciones con bajas en tu unidad, o una herida frente al enemigo, o un determinado período de operaciones. No sé que tengas nada de ello; pero, en fin, algo muy importante debiste hacer en la retaguardia roja cuando te lo apuntaron en tu hoja de servicios, sin pasar, tampoco, por Rusia, Ifni o Sáhara».

“Milans desconoce la ética militar”. Una acusación contra el heroico Milans del Bosch (abajo), de impresionante historial militar, que éste no estaba en modo alguno dispuesto a tolerar y que le hizo estallar con algunas verdades incómodas: al parecer, Gutiérrez Mellado (arriba) tenía mucho que callar por sus “importantes fechorías en la retaguardia roja”, como espía de los nacionales y otro sucio asunto, de la postguerra, que le adjudicaron a las “13 rosas”.

Gutiérrez Mellado se dedicaría a realizar «algo muy importante desde dentro del bando rojo o republicano»

También recrimina Milans del Bosch a Gutiérrez Mellado unos oscuros secretos, desconocidos todavía hoy para el gran público, pero que debían ser vox populi en los pasillos de los cuarteles militares. En especial, el «muerto en la carretera de Extremadura», que en realidad fueron más muertos y que se achacaron a las famosas «13 rosas», aunque podrían tener mucho más que ver con figuras militares de Franco tan «democráticas» como Gutiérrez Mellado:

«Podría seguir dando razones para demostrar que nadie puede recibir lecciones de ética militar de ti. Y recordar muchas cosas que se dicen de tus actuaciones y que nunca han quedado suficientemente claras: Villaviciosa, Regimiento a Caballo, muerto en la carretera de Extremadura, etcétera, pero estimo que no es necesario».

En pocas palabras es difícil describir mejor la misión de un infiltrado que realiza su trabajo a retaguardia y estamos hablando de dos contemporáneos de Vicente Rojo. Con un Milans del Bosch que lucha decididamente a favor del bando nacional y un Gutiérrez Mellado que, en el mismo bando, según Milans, se dedicaba a realizar «algo muy importante desde dentro del bando rojo o republicano, como quieras llamarlo». Y «muchas y muy importantes «fechorías» debiste de hacer en la retaguardia del bando rojo», le recordaba. Aludiendo claramente a sus posibles actividades como espía, en contraposición al cara a cara en el cual Milans del Bosch se batió el cobre con un enemigo al que podía mirar a la cara, peleando al frente de las mejores unidades de toda la Guerra y luego en la División Azul.

Las diferencias internas en el bando nacional fueron más discretas y muy poco decisivas. Sin embargo, en el bando frente-populista llegaron a extremos de matarse entre ellos en números que no han sido aún debidamente investigados.

La contradicción de haber traicionado a su religión, a la Unidad de España y al sentimiento mayoritario en las Fuerzas Armadas

Y ahí estaría probablemente el drama más gordo que arrastraría toda su vida Vicente Rojo, aparte de ser el gran general de las derrotas, como objeto del máximo desprecio de todo el bando nacional y sus compañeros de armas para empezar. La contradicción de haber traicionado a su religión, a la Unidad de España y al sentimiento mayoritario en las Fuerzas Armadas, que se suponía que tenían que haber respondido en bloque al Alzamiento Nacional. Aunque sólo fuera por la pura lógica de los agravios acumulados que mantenían con los políticos y en concreto con los del Frente Popular. Una lógica que entendían los propios políticos y sus milicianos, de extrema izquierda y separatistas, que no perdonaron prácticamente a ninguno de estos oficiales, de los cuales desconfiaron siempre y con razón.

Y aquí entramos ya en el último capítulo de la vida de Vicente Rojo, que es su regreso del exilio. Pero a mí no me interesa tanto su etapa en América, rodeado de gente prominente del bando derrotado, aunque si mi tesis es cierta podría ser una manera de seguir su misión más allá de la Guerra y espiar a todo el mundo desde una posición de héroe viviente. Y si algo me interesa es, de hecho, su regreso, que al parecer anhelaba profundamente, aunque tanto como podían extrañar España otros muchos gerifaltes del bando vencido y a los que no se les pudo ni pasar por la cabeza volver. ¿Cómo iban a planteárselo después de ver rodar la cabeza de personas como el general Escobar, que no habían estado complicadas directamente en ningún crimen de guerra ni cosa parecida? Y éste era el caso también de Vicente Rojo, cuyo único crimen había sido no alzarse con parte del Ejército el 18 de julio de 1936.

El regreso a España de Vicente Rojo estuvo marcado por la tranquilidad y el no pasar por la cárcel

La llegada de Vicente Rojo a España no fue directa

La llegada de Vicente Rojo a España no fue directa, digamos, ni mucho menos. Su mujer realizó varios viajes de vuelta a la patria por razones familiares y su propia hija estaba estudiando en Madrid, lo cual no deja de llamar la atención si se tratase de un enemigo acérrimo de la España Nacional Otra cosa rara de la que Wikipedia se hace eco. Y la cuestión es que Vicente Rojo comprobó en su propia familia que no había problemas y se animó a volver, no sin tantear antes la situación con gente que le asesoró. Todo ello en unas circunstancias que parecen indicar la posibilidad de que estuviera trabajando para los vencedores, que eran ahora los dueños del Estado, o por lo menos son situaciones que coinciden con las que he visto antes en casos como los de los famosos infiltrados del 11M: Antonio Toro, Rafa Zouhier, Mario Gascón Aranda y otros, más desafortunados, pero igualmente útiles y compensados, como es el engañado asturiano Suárez Trashorras.

Una situación que también me recuerda al modus operandi de Cisne, el más famoso espía de Franco, con sus idas y venidas de países por todo el mundo y con amenazas, más o menos reales, por parte de las propias autoridades de Franco para las que trabajaba. Pero es que el trabajo del espía es así: por pura lógica, si trabajaba para los nacionales, Vicente Rojo no podía llevarlo escrito en la frente.

Las amenazas contra el gobernador civil y los marinos de la Flota Roja se corresponden con la complicidad en crímenes contra la Humanidad, por parte del primero, y por haber lanzado a la oficialidad de los buques de guerra, por la borda, a los segundos.

¿Se avergonzaba, tal vez, de haber sufrido tantas derrotas y haber conducido a su bando a la destrucción?

Las propias memorias de Vicente Rojo, escritas en el exilio, son también reveladoras por una ausencia muy clara del episodio más intenso de su vida y por el cual es famoso: su participación en el conflicto civil como Generalísimo rojo, nunca mejor dicho, pero que no merece para él comentario alguno en su autobiografía. ¿Se avergonzaba tal vez de haber sufrido tantas derrotas y haber conducido a su bando a la destrucción? O, más bien, ¿se avergonzaba quizás de ese pasado surrealista, engañoso, en el cual no luchó directamente con los suyos? Lo que está claro es que por alguna razón no quiso sacar mucho pecho de ese reciente pasado en el cual fue un héroe para tantos y mereció las puertas abiertas de centros militares, en América, que le ofrecieron ser formador. Justo la profesión que él siempre quiso más.

Sin embargo, en sus últimos años de vida toma esa decisión que a muchos nos puede resultar chocante y que es volver, precisamente, para encontrarse con un panorama muy distinto al que disfrutaba en el exilio americano. A sabiendas de que enfrentaría cargos nada más llegar, por no haberse unido a la sublevación del 36, aunque le aseguraron que era una formalidad por la que pasaban todos los exiliados de su condición que regresaban. No estábamos ya en la posguerra más temprana en la que tantos derrotados encontraban represalias muy sumarias, pero hubo un juicio del cual salió bastante bien parado, aunque Vicente Rojo se quejaría de que le habían condenado a la muerte civil. En cualquier caso, pudo vivir con bastante tranquilidad, aunque como siempre le acompañaron sus penurias económicas. Ésas por las que no pasaron nunca jefes y compañeros suyos que huyeron de España con barcos llenos de riquezas, producto del saqueo inmisericorde al pueblo español durante la Guerra.

Me he referido aquí a Rojo como un alienígena y, curiosamente, algunas de sus memorias incompletas y anécdotas tuvieron el curioso nombre de “platillos volantes”.

Los carteles de la guerra nacionales rezuman optimismo y confianza en la Victoria. Algo que fue perdiéndose a pasos agigantados en el otro bando, sobre todo, por la falta de unidad y de competencia militar de sus mandos.

Siguen siendo los héroes cuando lo único que hicieron fue saquear al pueblo español y luego salir pitando llenos de riquezas

Gente despreciable como Negrín, con el cual Rojo se llevó bastante bien, pese a que se comportó como un auténtico Calígula mientras ejerció de presidente comunista en el último gobierno de la Guerra. Un auténtico muñeco de Stalin al que Vicente Rojo pidió que intercediera por los refugiados españoles, que eran encerrados en campos de concentración en el sur de Francia, aunque supongo que con poco resultado. Porque esa gente jamás pasó por los riesgos y penurias de su pueblo y vivieron una realidad completamente distinta, sin pisar nunca los campos de batalla en los que se mataban soldados. Sin pasar por el hambre y las privaciones de absolutamente todo que vivieron civiles y tropas. Y lo mejor es que siguen siendo los héroes cuando lo único que hicieron fue saquear al pueblo español y luego salir pitando en buques como el Vita, llenos de dinero, joyas y otras riquezas.

Por el contrario, la gran mayoría de huidos del Frente Popular se fueron de su país con lo puesto, sin un duro, y uno de ellos fue precisamente este personaje del que estamos hablando. ¿Qué situación económica disfrutaba o padecía Vicente Rojo tras la guerra, en especial, a su regreso a España, donde no pudo trabajar prácticamente en nada? ¿Cómo se ocuparía de su numerosa familia en el estado de miseria económica que le acompañó toda su vida? Son aspectos de su trayectoria que habría que investigar con seriedad y tal vez los lectores puedan aportar datos importantes en este sentido, pues estaría bien comparar su situación económica real con la que debería corresponderle según su miserable sueldo militar y su inexistente jubilación como enemigo público del Estado de Franco.

Si a mí me cuesta llegar a fin de mes, supongo que como a muchos lectores, no me explico cómo puede hacerse esto con 7 hijos (aunque ya estuvieran creciditos) y en estado de muerte civil.

Vicente Rojo volvió a España y fue de los pocos gerifaltes frentepopulistas que tomó esa decisión

Lo que sí sabemos es que Vicente Rojo volvió a España y fue de los pocos gerifaltes frente-populistas que tomó esa decisión. Prácticamente no existe otro caso más y esto para mí es lo más sospechoso de toda su situación.

No hay constancia de que Vicente Rojo tuviera tanto miedo de volver como cabría suponer en un general enemigo que regresa, precisamente a una de las dictaduras más brutales de Europa, que es como nos venden el tema franquista siempre. El propio Franco escribió de su puño y letra que había que negarle el pan y la sal y, en efecto, muchos antiguos amigos del general, como el doctor Marañón, se mostraron bastante distantes cuando no ausentes con él. Pero vuelvo a mi razonamiento de siempre: si la historia hubiera sido como yo la estoy planteando, si Vicente Rojo hubiera sido una gente de Franco y su Ejército, no habría tenido ningún sentido que lo hubieran recibido con los homenajes merecidos por sus «fechorías importantes en la retaguardia roja», como diría Milans del Bosch.

Durruti y los anarquistas llevaban muy mal la jerarquía política, pero mucho más si era extranjera e indeseable, como la soviética.

Si mi tesis es cierta, como yo realmente lo creo, lo lógico hubiera sido que se le tratase como a un auténtico paria hasta el mismísimo final. Capitalizando todo lo posible sus potenciales beneficios como agente infiltrado, primero, en el Alto Mando enemigo y, después, entre la comunidad de refugiados tan notoria que vivía a caballo entre Europa y América. Y muchos importantes extranjeros se acercarían a él, sin duda, confiados en estar ante el héroe de la película frente-populista.

Vicente Rojo no fue el mejor soldado de la República, sino del Ejército Nacional

Como conclusión a todo esto, ¿qué se puede decir de la trayectoria vital de Vicente Rojo? Este señor fue ante todo un miembro destacado de la casta militar, aunque jamás brilló por hechos de armas y siempre ascendió por antigüedad, muy al contrario del perfil habitual que encontramos al mando de tropas en el bando nacional. Gente mucho más vocacional y que ganaban batallas de verdad, incluso cuando se encontraban en inferioridades manifiestas, pero es que conocían su negocio y combatieron siempre al frente de las tropas.

Todos sabemos que los colegas de El País son dados a imaginarse historias y en este caso, lo de que les faltaban armas, es una infame mentira, aunque en todo lo demás tienen razón y sobre todo en la última frase: sin mandos cualificados y con una enorme injerencia de la politiquería.

Vicente Rojo fue por el contrario un teórico de la ciencia militar. Un oficial de retaguardia y un formador e historiador del Ejército, lo que explica que en todo caso le viniera grande la enorme responsabilidad que el gobierno del Frente Popular puso sobre sus hombros. Y eso ya no es una hipótesis, desde luego, sino una realidad como un templo. Vicente Rojo no hubiera podido ganar una batalla a Franco y su gente ni con toda esa superioridad de medios de la que dispuso por la sencilla razón de que ni él ni los suyos estaban preparados para semejante desafío. Y él era el primero que lo sabía y por eso presentó su renuncia varias veces, la cual no le aceptaron los cafres de… ¿Su Gobierno?

En este sentido, sea o no cierta mi tesis, Vicente Rojo no fue el mejor soldado de la República, sino del Ejército Nacional. Con él al mando, fueran cuales fuesen sus intenciones más personales, sus presuntos enemigos no tenían nada que temer. Eso sí lo tengo claro. Por eso mantendré siempre que, al margen de sus verdaderas intenciones y lealtades, Vicente Rojo fue el mejor soldado del Ejército Nacional, pues le facilitó mucho su tarea de laminar y finalmente destruir a su fiero pero ineficaz enemigo.

El Ejército fue una especie de segunda familia desde que era prácticamente un niño

Como tema esencial, su pertenencia a dicha casta militar estuvo relacionada desde el principio con esa otra gran circunstancia de su vida que fue su orfandad y la miseria que le acompañó siempre, convirtiéndose el Ejército en una especie de segunda familia desde que era prácticamente un niño. Circunstancias ambas que nos pueden llevar a esa típica situación en la que se obedecen todo tipo de órdenes y encargos, por parte de esa casta militar que lo fue todo para él, sin ser precisamente un guerrero vocacional. Y hemos citado ejemplos de cómo ha habido oficiales que han medrado muchísimo sin necesidad de acciones de guerra, pero trabajando en la retaguardia del enemigo, como al parecer fue el caso de Gutiérrez Mellado durante toda su vida… Hasta que un extraño accidente de tráfico acabó con él. Un trabajo oscuro y siempre desagradecido, el del infiltrado, en el que no se esperan medallas ni homenajes, pues como decía Milans del Bosch en su carta a Gutiérrez Mellado: a un espía se le paga, pero no se le condecora.

Estos oficiales del Ejército Nacional ascendieron por méritos en el campo de batalla, donde dirigían desde el frente. Vicente Rojo fue y sigue siendo idolatrado a pesar de sus incontables derrotas, en las cuales otros pagaron con su sangre.

De hecho, como relata el ex gobernador civil de Guipúzcoa en su libro, El confidente, el mayor chivato que ETA ha tenido jamás entre sus filas nunca fue reconocido públicamente. Fue pagado y cuidado por los fondos reservados y la Guardia Civil, pero el único homenaje que recibió nunca fue después de muerto y por parte de ese ambiente etarra al que traicionó. Un funeral de héroe del que este confidente no se hubiera sentido orgulloso, eso seguro, pues actúo siempre movido por el mayor rencor hacia la banda por la que dio todo y que tanto le arrebató. Tratándole como a un paria en su propia casa, que una cúpula entera de ETA, a la que él mantenía oculta, había tomado como suya, incluyendo en el contrato a su propia mujer y su hija. Y es que no siempre actúan los infiltrados por mero interés económico. Sobre todo, si tenemos en cuenta los increíbles riesgos que deben afrontar en el desempeño de su misión enmascarada.

Su propia identidad le convertía en un alienígena entre la masa de políticos corruptos y hordas milicianas

En lo personal, que es lo que cuenta siempre, Vicente Rojo fue un oficial profesional del Ejército, amante del orden y católico. Circunstancias chocantes para haber sido Generalísimo en el bando internacionalista, que era anárquico y anticlerical hasta el punto de haber intentado exterminar literalmente a la Iglesia Católica de España. Por lo tanto, su propia identidad le convertía en un alienígena entre la masa de políticos corruptos y hordas milicianas, que se dedicaron fundamentalmente al saqueo y exterminio de sus «enemigos» en la retaguardia. Pero hemos relatado muchos más datos que apuntan en esta dirección y me gustaría abrir un debate que puede ser incómodo para muchos, en especial para los historiadores subvencionados por el Estado, a los que habría que recordarles que la Historia es una Ciencia y no una rama más de la politiquería que tanto les gusta.

¿Qué poder podía tener un generalísimo al que los sindicatos le hacen la recluta?

¿Un policía vigilando a Vicente Rojo o un espía?

Sus memorias incompletas, por ejemplo, en las que falta todo rastro de actuación durante la Guerra, la cual le hizo tan famoso. Los viajes de su mujer y luego de él mismo a España, teniendo una hija que estudiaba en Madrid, sin que nadie tomase ni la más mínima represalia contra él. Porque el policía que le seguía a todas partes, según Wikipedia, para vigilarle, bien podría ser un guardaespaldas, tal y como insinuaba Fernando Múgica Goñi sobre un extraño preso que acompañaba siempre a Suárez Trashorras dentro de la prisión. ¿Os acordáis de ese extraño minero que nunca fue minero y que ha venido tan bien al Estado en general, hasta hoy mismo, para explicar el inexplicable origen de los presuntos explosivos del 11M?

Descanse en paz, Vicente Rojo y todos los caídos en la Guerra y otras víctimas y refugiados

Esperando que los lectores puedan darme alguna pista más sobre este tema me despido, de nuevo, aportando mi correo electrónico para posibles comentarios en cualquier sentido. mbooralive@gmail.com.

Descanse en paz, Vicente Rojo y todos los caídos en la Guerra y otras víctimas y refugiados.

Artículo relacionados

Entradas recientes