Por Alfonso de la Vega
«El presidente del Congreso de los Diputados abrió la Sesión Solemne de Juramento y Proclamación. El Rey juró fidelidad a la Constitución Española y desempeñar fielmente su cargo, ante los diputados y senadores en sesión conjunta, como representantes de la soberanía del pueblo, acorde con la tradición constitucionalista española desde 1812. Posteriormente, sonó el Himno Nacional, a cuyo término Su Majestad el Rey Don Felipe VI pronunció su mensaje de Proclamación ante las Cortes Generales”.
Muchas prisas para unas cosas y tanto sospechoso retraso para otras. Defender Ceuta puede esperar ad calendas graecas pero conviene perpetrar por razones de urgencia nuevos fulminantes decretos contra la propiedad privada y la seguridad jurídica más elemental mientras se viola otra vez la constitución.
En efecto, ya estamos en octubre y seguimos sin presentar presupuestos en la legislatura del ya ilegitimado constitucionalmente presidente del gobierno de Su Majestad. Y Su Majestad que ha jurado “guardar y hacer guardar la constitución” (artículo 61 de la CE) no se da por aludido y consintiéndolo comete perjurio e incumple sus obligaciones como pretendido monarca constitucional en un asunto capital.
El artículo 66 de la CE que nos aseguran sigue vigente establece que «Las Cortes Generales ejercen la potestad legislativa del Estado, aprueban sus Presupuestos, controlan la acción del Gobierno y tienen las demás competencias que les atribuya la Constitución.»
Y por su parte el artículo 134 indica que “1. Corresponde al Gobierno la elaboración de los Presupuestos Generales del Estado y a las Cortes Generales, su examen, enmienda y aprobación. 2. Los Presupuestos Generales del Estado tendrán carácter anual, incluirán la totalidad de los gastos e ingresos del sector público estatal y en ellos se consignará el importe de los beneficios fiscales que afecten a los tributos del Estado. 3. El Gobierno deberá presentar ante el Congreso de los Diputados los Presupuestos Generales del Estado al menos tres meses antes de la expiración de los del año anterior.”
Y este asunto no es baladí ni menos propio de leguleyos tiquis miquis de un ordenamiento arbitrario o caprichoso porque la indisoluble relación de los presupuestos con los parlamentos está en la misma base de la democracia representativa.
El control del dinero público constituyó el instrumento principal de las asambleas ciudadanas para limitar el poder absoluto de los reyes. Actualmente la aprobación del Presupuesto General del Estado es la votación más importante del año para un parlamento. Si un gobierno no logra aprobar sus presupuestos, se interpreta como una pérdida de confianza política capaz de provocar la caída del Ejecutivo o el adelanto de elecciones.
De modo que hay que empezar a llamar a las cosas por su nombre: El de “Monarquía parlamentaria” es un trampantojo, una trampa o ilusión con que se engaña al pueblo haciéndole ver lo que no es o no obedece a la realidad. Hoy ni el rey ni el parlamento pintan demasiado salvo como instrumentos de representación de la farsa. Uno es como un decorativo mascarón de proa que adorna pero que apenas sirve para nada salvo para «legitimar» con su firma y aquiescencia determinadas actuaciones decididas en otros lugares aunque sean anticonstitucionales. Y el Parlamento ni elabora leyes, si acaso cohonesta decretos, ni menos controla al gobierno ni tampoco aprueba unos Presupuestos que el gobierno borbónico ni siquiera para disimular se molesta en presentar en flagrante vulneración constitucional hasta ahora impune. Sí, porque quien ha jurado “guardar y hacer guardar” la constitución se desentiende de sus juramentos y lo consiente y aquí no pasa nada.
Sin embargo, es preciso reconocer que no todos los observadores están de acuerdo con esta hipótesis. Mientras unos entienden que la minerva real de don Felipe El Preparao no daría para tanto, en cambio otros sospechan que es el rey quien escondido tras el decorado de la farsa mueve los hilos del tinglado aunque en un reparto de roles deje a su valido como siniestro protagonista de los desafueros de la agenda 2030. Pero como la política del régimen favorece a los monopolios nacionales e internacionales que destruyen la clase media y triplica el presupuesto militar a mayor negocio del tráfico de armas todo va bien para que quien manda.
Pero don Felipe le ha cogido el gusto a escurrir el bulto como si con él no fuesen las cosas del reino. Así, durante la reciente cena en honor de la pareja republicana francesa no ha tenido empacho en declarar su incapacidad para proteger la integridad territorial pidiendo que “Europa” nos saque las castañas del fuego. Cumplido el pazo, en el momento de escribir estas notas Su Majestad inaugura junto con el presidente de su gobierno la VIII edición del foro de La Toja acompañados del Jefe de Estado de Portugal. Pretende hacer pasar por normal la excepcionalidad de la violación constitucional, como si no tuviese importancia o no pasase nada.
Fuere como fuere, si no protagonista principal oculto entre bambalinas, al menos Su Majestad disimula, calla y otorga. Suma y sigue.

