Al fin, Feijóo dejó a un lado su mieditis a no desmarcarse del papel de moderado –su perfil “exigido” por la izquierda–, y le lanzó a Sánchez la pregunta que nos hacemos todos desde hace muchos meses. “¿Qué sabe Marruecos de usted?”, resonó en el Congreso esta mañana. Hablar y especular sobre los secretos de los móviles de Pedro Sánchez, su mujer Begoña Gómez y varios de sus ministros, espiados mediante el programa Pegasus, que revelarían estar pringados hasta el cuello, es uno de los temas difundidos en medios de comunicación libres y de los más intrigantes. Se puede decir que las especulaciones jugando a las adivinanzas están por todas partes. Está claro que el chantaje es la palabra clave en este turbulento asunto; y si bien nadie tiene la respuesta, todos coinciden en que se trata de algo muy grave que quizá habría que situarlo más allá de la corrupción económica a la que nos tienen acostumbrados. ¿Qué queremos decir? Cosas que realmente asustan; pero de Sánchez se puede esperar lo peor.
Hace tiempo dijimos que a Pedro Sánchez le vendría muy bien un conflicto armado internacional, una gran catástrofe en el país e incluso otra “plandemia”, todo ello de un efecto y duración suficientes para cambiar las leyes, crear estados de alarma, cerrar el Congreso y gobernar a base de decretos ley. Solo así podría este sátrapa perpetuarse en el poder y seguir convirtiendo a España en un desierto de moribundos. ¡Qué pena de las agallas de los militares de otros tiempos! Que a Pedro Sánchez le interesa el caos y le gusta no ofrece demasiadas dudas; y lo mismo a sus cómplices de alrededor. Me pregunto si los elije la IA.
¿Pero sobre qué o con qué estarían chantajeando a Pedro Sánchez? A estas alturas, muchos pensamos que su secreto podría estar relacionado con algo muy delictivo y muy impopular, pero sobradamente efectivo para sus expectativas de Poder máximo. Se puede decir que es la causa más eficaz e infalible en el chantaje. Nos referimos a asuntos extremadamente graves que no queremos verbalizar, muy utilizados en transacciones comerciales y políticas, pero siempre bajo sumo secreto.
Sabemos de la relación de Sánchez con ciertos personajes y grupos de las élites, completamente amorales, sin ningún tipo de escrúpulo, quienes lo aconsejan y lo sostienen y a quienes obedece sin rechistar. Y aun desconociendo en qué medida, basta ver los frutos de sus siembras. ¿Podrían los mensajes de Pegasus estar relacionados con asuntos que no se pueden nombrar y que traen de cabeza a la Organización Internacional de Policía Criminal, (INTERPOL)? De ser así, ¿quizá en la cloaca socialista Leire quedase reducida a la categoría de hermanita de la caridad si introducimos en la ecuación otros aspectos del Mal, muy conocidos en la política de países como México, Venezuela y Colombia, pero inusuales en España, al menos, que conozcamos?
En los países que acabo de citar, el narcotráfico y el poder funcionan en tándem, porque son lo mismo: por ello son conocidos como narcoestados. Por todo lo que vamos sabiendo en los últimos años y el modus operandi del gobierno, ¿se está convirtiendo España en un narcoestado? ¿Quién controla los narcotúneles y la droga que entra vía Marruecos? ¿Por qué se eliminó el grupo OCON-Sur? ¿Por qué las fuerzas del orden encargadas de guardar el Estrecho no tienen armas? Lo mismo que los policías y militares que guardan Ceuta en estos momentos de invasión. Nadie lo entiende, pero el transhumano Sánchez continúa a lo suyo, sirviendo al lado oscuro y recitando arengas inmundas ante los representantes de la nación.
Lo peor del narcotráfico no es el hecho de vender droga, sino el abanico de delitos que concita: sicariato, crimen organizado a unas escalas que causan moduspavor, secuestros, comercio de órganos, trata de mujeres, tráfico de niños, incluidos bebés, vídeos snuff, y ¡sacrificios rituales de humanos! Esto último está mucho más extendido de lo que parece y no es ninguna leyenda urbana. Lo que nos muestra el cine y las series es verdad. A esto me refiero cuando hablo de “algo delictivo e impopular sobre lo que lucha la Interpol”.
Existe casuística muy interesante publicada a este respecto, que debería ayudarnos a hacer análisis profundos más allá de la mera noticia diaria. España vive momentos decisivos; asistimos al fin de una era, pero no por la IA y el metaverso, sino por el ocaso de los valores que han hecho de nosotros lo que somos. Sería deseable que los aspirantes de la alternancia fueran conscientes de esto, pero dudo que conozcan la intrahistoria y la causa de estos acontecimientos y que, aun conociéndolas, estén en condiciones de reparar este daño que lleva tiempo echando raíces. Aparentemente, todo ocurre en el plano material, pero su origen es espiritual. Aunque esta sutileza pase inadvertida, la gran batalla se está librando en las alturas y en ambos campos debemos luchar. En ello estamos.

