Atacar a VOX está de moda; es la tendencia de primavera. De pronto, Abascal se encuentra en el punto de mira de muchos de los que otrora aplaudían. ¡Qué débil es la línea de la fidelidad! Las flechas apuntan a la diana con la esperanza de herir de muerte. Los perseguidores no están de broma, disparan a dar, en una suerte de juego mitológico entre dioses y mortales. Pero ya no están solos. A los elementos de la mesnada que ya llevan tiempo dando la lata, dardeando y llorando por los rincones del abandono, se unen refuerzos. Ahora, es el propio Sánchez quien encabeza la tropa, seguido de otros activos, sorprendentemente, algunos periodistas y medios de comunicación, que no sabemos qué pintan en esta contienda.
Se puede decir que ahora tienen un capitán pirata de verdad timoneando su barco de lástimas: nada menos que el tahúr de la Moncloa, curtido en el arte del hampa y experto en la fechoría de toda condición, solo o en compañía de otros: Sánchez, el de la tesis plagiada, los prostíbulos y proxenetas de su familia, el de la mujer para la cual exigió una cátedra sin apenas un bachiller, el del hermanísimo que se escondía en la Moncloa para no ser localizado, el de la investigada financiación ilegal del partido con supuesto dinero del narcotráfico, el jefe de la banda del ministro prisionero Ábalos, de Santos Cerdán, de Leire, de Koldo, del fiscal Ortiz condenado, del caso Plus Ultra, del tema de Marruecos, de los pactos con China; el dictador del confinamiento anticonstitucional, el de los pelotazos de las mascarillas, el de las inundaciones de Valencia, el de “si necesitan ayuda que la pidan”, el del apagón, el que dejó que España ardiera mientras tocaba la lira, el demoledor de presas, el destructor de los campos de cultivo para “plantar” paneles, el de la estafa del cambio climático para el robo y el pillaje a través de las eólicas y demás energías “verdes”, el de la paranoia de las bajas emisiones, el de Mercosur para hundir al sector primario, el de los impuestos más altos de Europa, el del golpe de Estado, el corruptor de las Fuerzas del Orden y los funcionarios en general, el legalizador de okupas, el coleccionista de inmigrantes ilegales, el de los muertos de los trenes de Adamuz, el culpable de que todo funcione mal en España, el protector de los abusadores y agresores sexuales, el responsable de las violaciones de menores en los centros de servicios sociales, el degustador de la sangre de los bebés en gestación en los abortorios, el defensor de los narcoestados y dictaduras sanguinarias, el amigo del Tren de Aragua, Hezbolá, Hamás y demás bandas terroristas, el que sale en la foto de los misiles de Irán, el profanador de tumbas con robo de cadáver, el perseguidor de quienes rezan el Rosario en Ferraz y de los voluntarios que dan apoyo y asesoramiento a las mujeres que van a abortar, el demoledor del Valle de los Caídos, el de los funerales masónicos, el del “no a la guerra” pero “sí a la muerte”, como la reciente de Noelia Castillo, a manos de un Estado enemigo de la generosidad, los cuidados y la vida; cuya ejecución no se pudo suspender porque “ya estaban esperando sus órganos para ser trasplantados”; en definitiva, el poseso de libro; porque no se puede inspirar y realizar tanta maldad sin un pacto expreso con el Maligno.
Pues a este ser deplorable, digno de ser catapultado a algún gulag en el rincón más inhóspito del planeta, le acompañan en el acoso al líder de VOX algunos periodistas y medios de comunicación –se supone que antisanchistas—más un miniejército de voxeros apartados, decepcionados o expulsados del partido, que ahora se dedican a criticar y a divulgar interioridades, con muy mala baba, eso sí, demasiado rencor y deseos de venganza, aparte de un amor propio y un ego desmedidos, y mucho tiempo libre para malgastarlo en hacer daño. Quizá ignoran que el efecto bumerang existe y que todo esto les pasará factura, porque la venganza jamás trae nada bueno, y nunca llega a satisfacer a quien la perpetra, a no ser que el actuante sea un malvado de verdad, cosa que no me encaja en esta circunstancia. No estaría de más la visita de los rabiosos a un psicólogo para que les ayude a neutralizar esta inclinación tan contagiosa y a transformarla en perdón.
Por otro lado, uno de los temas de debate es si VOX ha tocado techo. Cabe decir que VOX es una formación joven que se ha ido consolidando, poco a poco, pero ni mucho menos ha llegado a la meta, como opinan los arúspices de la bola de cristal. VOX compite con las formaciones del bipartidismo, partidarios de que el sistema continúe: un PSOE, más rancio que viejo, con un negro recorrido; y un PP con medio siglo de historia desde aquel proyecto de Alianza Popular, acuñado de liberal conservador. Ambos tienen un colchón de votantes casi inamovible, del que VOX aún carece.
¿Pero por qué, de la noche a la mañana, se han puesto de moda los ataques a Abascal? Hay que considerar que todo esto alcanzó su clímax tras las elecciones en CyL, cuyos resultados requerirían un recuento como Dios manda, que, curiosamente, es lo estipulado en la Ley electoral, y que siempre se pasa por alto. Nunca hemos creído los resultados del escrutinio y el “oportuno” pinchazo de VOX, cosa necesaria para incendiar la campaña de demolición al día siguiente, aunque ya andaban los revoltosos ejerciendo de pirómanos. El visible crecimiento no podía seguir considerándose como algo inocuo y precipitó la operación de desprestigio.
Se ha lanzado como causa del aparente declive la demora y dificultad entre PP y VOX para alcanzar acuerdos. ¡Absurdo! No creemos ni una palabra. Incluso los cónclaves llevan su tiempo, a pesar de andar el Espíritu Santo de por medio. Se supone que los votantes de ambos partidos desean pactos, pero pensados y negociados; y saben que eso lleva su tiempo. VOX no puede imponer su programa sin ser la lista más votada; pero el PP tampoco puede negarle el agua y la sal a VOX necesitando sus votos. Así que, motivo archivado, y pasemos al siguiente.
Las manos negras no suelen ser visibles, pero de su existencia no hay duda; y en el caso que nos ocupa, la conspiración, más o menos organizada, no anda lejos. ¿Causa o causas? He oído voces que apuntan al Partido Popular como origen del complot. Sin datos al respecto, desechamos tal idea. Nos inclinamos a pensar que las cosas vienen por otra vía. En primer lugar, VOX es un peligro para un sistema occidental que reniega de sí mismo, de sus raíces y de su esencia; un sistema que planifica reescribir la historia y que, de facto, pretende que olvidemos lo que somos para ser fácilmente domeñables y transformables en hombres máquina, transhumanos, seguidores del pensamiento único y, más pronto que tarde, esclavos de la inteligencia artificial. Las posiciones patrióticas, la defensa de la identidad nacional, con su cultura, lengua, religión y tradiciones y las críticas al globalismo, así como las grandes falacias de los plutócratas no encajan en el ideario de VOX, que aboga por la unidad de España, la bandera, la defensa de las Fuerzas del Orden o la emigración controlada. El partido de Abascal no admite que los asesinos de ETA, sin haberse arrepentido y haber pedido perdón a las víctimas, formen parte del gobierno o incluso sean ellos quienes manejan al jefe del Ejecutivo. Es de sobra sabido que Sánchez está a la orden de lo que exigen sus socios terroristas y golpistas. Y esta historia viene de lejos. No olvidemos que el abrazo a ETA lo protagonizó Zapatero y ahí se inició la pendiente resbaladiza. Abascal es, por tanto, un desestabilizador, un rompeplanes, un enemigo a batir. Porque Abascal no recita discursitos de laboratorio, sino que habla claro, defiende a los agricultores, la liberación de suelo para abaratar la vivienda y una sanidad para los españoles; condena las leyes y normativas liberticidas; conecta con las necesidades de los ciudadanos y aporta soluciones, como castigar la okupación, echar a los okupas en 24 horas, deportar a los inmigrantes con delitos y suspender chiringuitos que absorben los millones que deberían llegar a los españoles vulnerables. Todo razonable. ¡Y encima cree lo que dice!
Abascal es un peligro porque representa una alternativa clara a la dinámica impuesta y frente a una izquierda que solo trae corrupción, mentiras, miseria y muerte; también el hartazgo de la subcultura “woke”, con todas sus majaderías. No lleva el pin de colorines en la solapa y no se le cae la baba con Europa. Y esto es un rayo de esperanza frente a la gran dictadura mundial de identidad desdibujada.
Con referencia a este punto, los jóvenes se están dando cuenta de la estafa de los mil sexos, los binarios, los trans, el poliamor y las distópicas leyes, prohibiciones y directrices sobre el amor, las relaciones de pareja y el sexo. Los jóvenes, y también sus padres, están descubriendo que al frente de todo esto hay mentes desequilibradas que proyectan sus propios traumas y miedos, en forma de ideologías que plasman en forma de esperpénticas leyes contra la libertad, el sentido común e incluso la salud. Para muchos jóvenes, ligar o tener pareja hoy se ha convertido en un problema, y también para los progenitores que temen tener que ir a buscar a sus hijos varones al calabozo por haber tenido un altercado con una novieta o amiga con derecho a roce. ¡Como para los hombres no existe presunción de inocencia! Todo esto nos lleva a una incertidumbre continua, con pérdida de paz y calidad de vida.
Además, se vislumbra un deseo de retorno a los valores, a la espiritualidad y a las religiones clásicas, incluso entre los jóvenes que votarán ahora o dentro de unos años. Y el sistema quiere eliminar este nicho conservador, porque dificulta la implementación de su Agenda. Pero el arquetipo ya está en marcha y no podrán frenarlo. Y si así fuera, siempre quedarán semillas en el granero. Ahora bien, los irresponsables pueden seguir hablando mal de VOX y dejar a Sánchez gobernando, o al PP sin un muro de contención, sin alguien que le tire del ronzal para que no se escore demasiado a la izquierda. Es lo que hay.

