domingo, enero 25, 2026
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¿Qué le pasa a los españoles? Anatomía de una demolición nacional

Por Alex Díaz

Anatomía de una demolición nacional  

España no está en crisis: España ha sido destruida. No por un enemigo exterior en  guerra abierta, sino por una operación prolongada, fría y calculada de desposesión de  soberanía, vaciado económico y domesticación política. El régimen nacido en 1978  no fracasó; cumplió su función. La función de convertir una nación soberana en un  territorio administrado y subordinado.  

Nada de lo que hoy padecemos es casual. Todo estaba previsto. 

El punto de ruptura no fue la Constitución ni la Transición. Fue el 20 de diciembre de  1973, día en que el almirante Luis Carrero Blanco, presidente del Gobierno, fue  asesinado en Madrid. Carrero no era un burócrata ni un político profesional. Era un  hombre de Estado, con auténtica sangre española, sangre tipo Blas de Lezo, leal,  patriota, soberanista y con una idea clara: España no se arrodilla.  

Henry Kissinger el 19 de diciembre reunido con Carrero Blanco  Precisamente por eso debía desaparecer.  

El atentado atribuido a ETA fue dirigido por Estados Unidos, una operación  geopolítica. ETA fue el instrumento apoyado por los yanquis, no el cerebro. El mensaje  no iba dirigido al pueblo, sino a las élites del régimen: esto es lo que ocurre cuando no  obedeces. El destinatario real fue Franco y todo su entorno.  

Con Franco moribundo, el asesinato de Carrero Blanco dejó a España sin cortafuegos.  Eliminado el único hombre capaz de garantizar continuidad soberana, el camino quedó  libre para la colonización política.  

Carrero fue asesinado por no arrodillarse ante Henry Kissinger, por negarse a convertir  a España en una plataforma subordinada de intereses extranjeros. Por eso voló por los  aires. Literalmente.  

La sumisión organizada  

Desde los Pactos de Madrid de 1953, España quedó estratégicamente secuestrada. Las  bases de Rota, Torrejón, Zaragoza y Morón no fueron fruto de un acuerdo entre iguales,  sino de un chantaje: o aceptas nuestras bases o tu régimen cae. Aquello marcó el inicio  de la pérdida real de soberanía.  

En ese contexto aparece Juan Carlos I, una figura cuidadosamente diseñada. Aunque  educado en España, no dejaba de ser un Borbón. Estados Unidos mantuvo contacto 

directo con él durante años, moldeándolo, alineándolo, preparándolo. Un rey mantenido  por España, pero obediente fuera. Un producto político prefabricado.  

Un pollo capón engordado aquí, entrenado allí.  

Con Carrero vivo, Juan Carlos habría sido un figurante. Con Carrero muerto, fue la  llave maestra para desmontar el Estado sin resistencia.  

La España que existía (y que fue liquidada)  

En los años 70, España era económicamente viable y estructuralmente sólida. No  perfecta, pero soberana.  

Datos incómodos:  

Deuda pública prácticamente inexistente 

Soberanía monetaria (control del Banco de España)  

Industria pesada, naval, metalúrgica y automovilística 

Sector pesquero líder mundial 

Sistema energético propio 

Infraestructuras estratégicas (embalses, ferrocarril, obras hidráulicas)  Pleno empleo estructural en amplias zonas 

Seguridad ciudadana real 

España no tenía IVA. No sufría una presión fiscal confiscatoria. La economía  productiva era prioritaria frente a la especulativa. El ahorro interno financiaba el  crecimiento. El país producía, no importaba masivamente.  

Esa España tenía soberanía alimentaria, industrial, monetaria y turística. Eso es  exactamente lo que debía desaparecer.  

La Transición: la gran estafa  

La Transición fue presentada como un ejemplo de consenso, cuando en realidad fue una  operación de ingeniería política para desmontar el Estado desde dentro. No fue una  transición: fue una transacción.  

Juan Carlos I inauguró su reinado entregando el Sáhara español y sometiéndose a  Marruecos por orden exterior. Fue la prueba de lealtad definitiva. Superada.  

Estados Unidos pactó con Felipe González (Isidoro), facilitando la reconstrucción del  PSOE. Al mismo tiempo, antiguos cargos franquistas como Fraga o Suárez se  convirtieron en gestores del desmontaje nacional, legitimando al comunismo y  blanqueando a personajes responsables de décadas de destrucción.  

El resultado fue el Estado de las Autonomías:  

17 miniestados  

17 administraciones duplicadas  

17 sistemas clientelares 

Un pozo sin fondo de gasto público  

La Constitución del 78: la legalización del fraude  

El 27 de diciembre de 1978 se ratificó una Constitución escrita en una logia masónica  que no representa al ciudadano. Desde entonces, España no es una democracia  representativa, sino una partitocracia.  

Hechos:  

El ciudadano no elige personas, elige listas cerradas 

El diputado no responde al elector, responde al partido 

No existe revocación  

No existe control  

No existe responsabilidad individual  

Los partidos controlan:  

Las listas  

Las carreras  

El voto  

El ciudadano solo legitima el sistema con su voto cada cuatro años. Nada más. Una  farsa legalizada.  

La demolición económica: cifras del saqueo  

Desde 1983 comienza el expolio sistemático:  

Implantación del IRPF y del IVA 

Destrucción del tejido industrial 

Desmantelamiento del sector pesquero por imposición europea Explosión del gasto público 

Hipertrofia funcionarial 

Persecución fiscal del autónomo y la pyme 

Resultados hoy:  

Deuda pública superior al 120 % del PIB 

Presión fiscal récord sobre rentas medias 

Más de 3 millones de jóvenes obligados a emigrar en 20 años Hundimiento de la natalidad 

Dependencia total del exterior 

Economía basada en turismo precario y deuda 

Las infraestructuras se abandonan. Las carreteras se deterioran. Los trenes descarrilan.  ¿Dónde está el dinero? En una estructura elefantiásica diseñada para parasitar, no para  servir.  

El final del camino 

España es hoy un país sin soberanía, sin industria, sin juventud y sin futuro. Un  territorio administrado por una clase política extractiva al servicio de intereses ajenos.  

Y cuando el sistema ya no puede ocultar su fracaso, se ofrece la “solución final”: la  Agenda 2030. No como proyecto de prosperidad, sino como acto de rendición  definitiva. Prohibición de la propiedad privada, estabulado de españoles en granjas de  15 minutos y robo total del país.  

Ahora vamos a contar parte de los muertos de este régimen:  

  1. Número total de víctimas mortales de los atentados de ETA  

La banda terrorista ETA causó al menos 853 asesinatos durante su actividad en  España.  

  1. Muertos por el Síndrome Tóxico (Pesticida Orgatiofosforado) por  orden directa del estado profundo de Estados Unidos  

En 1981, el síndrome disfrazado del aceite tóxico y que fue un pesticida en  Roquetas de mar, fumigado en los tomates, afectó a más de 20 000 personas y se estima que causó la muerte de unas 330 personas 

  1. Muertos en los trenes del atentado de Atocha (11-M) Supuestamente  también organizado por el Estado Profundo  

En los atentados del 11 de marzo de 2004 en los trenes de Madrid, murieron  193 personas.  

  1. Muertos por las riadas de Valencia supuestamente provocado por el  estado profundo  

En la RIADA provocada de octubre de 2024 que afectó a Valencia y otras  zonas, la cifra oficial de víctimas mortales asciende a 224 personas. Pero la  cifra real supera con creces las 10.000 personas 

  1. Muertos por el accidente de tren de Málaga / Adamuz (enero de 2026)  

En el reciente accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba) —tren de alta  velocidad que iba de Málaga a Madrid colisionando con otro tren— se han  confirmado al menos 40 muertos hasta ahora  

  1. Exceso de muertes desde finales de 2020 y hasta final del año 2025 justo  después de la campaña de vacunación masiva para la mayor estafa  sanitaria de la historia  

Las cifras oficiales ofrecen un exceso de muertos de 127,440 personas, un  verdadero genocidio. 

Esto no es una crisis coyuntural.  

Es el resultado lógico de una traición histórica. 

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