Por Alfonso de la Vega
Dentro de su valiente propuesta por un nuevo orden mundial, confesada en el Foro de la Toja, Su Majestad tras degustar una buena ración de pulpo con cachelos se ha ido a arreglar la cosa de Finlandia. Una especie de animoso Capitán Trueno hasta la sombría Thule en busca de los amorosos brazos de Sigrid, y reponer fuerzas tras alguna de sus más esforzadas aventuras. En vez de Crispín o de ese prodigioso trivalente genio militar de la princesa doña Leonor, cuyos servicios serían tan útiles para la causa, al peligroso viaje se apunta Leticia, impaciente por lucir su vistoso ropero invernal.
Otros consideran que el intrépido don Felipe busca el mítico pueblo que habita según la leyenda en los confines septentrionales del mundo, la llamada Hiperbórea. El Apolo hiperbóreo es la advocación divina que lo vincula a esa lejana y no menos misteriosa tierra. Un dios protagonista de muchas leyendas de la mitología relacionadas con el Arte o el Amor: Las Musas, Cirene, Corónide, Hécuba, Creúsa, Evadne, Reo, Pronóe, Filodine… figuran entre sus muchas amantes gustosas o a la fuerza. También con su versión homosexual, como con Jacinto o Cipariso.
Sin embargo, la verdadera isla Thule no se encuentra en el Norte boreal sino ubicada en el Atlántico sur, junto al archipiélago de las Sandwich.
Pero hay gente para todo. Las malas lenguas chismorrean que pese a su sólida formación militar en los tres ejércitos y el mismísimo espacio interestelar, un desentrenado don Felipe en realidad habría puesto el mapa de Europa al revés con el Norte cambiado y donde en verdad se moría de ganas por ir es a la invadida Ceuta. Cosas que pasan cuando hay despistes.
Despiste o más bien imprudente caída en la última encerrona trampa de su valido poniéndose otra vez en ridículo al firmar con tantas prisas un Real decreto engendro monstruoso que sólo ha logrado sobrevivir fuera del útero materno moncloaca unas pocas horas. Una torpeza más a añadir a su nutrido suma y sigue. Su primorosa firma queda como el ninguneado pito del sereno, que bien se comprende que hay reinados que no sale ni una a derechas. Una pena.
Pero, ya puestos, el viaje al Norte no tiene porqué desperdiciar su nada despreciable huella de carbono y puede convertirse en una muestra más de la sensible sostenibilidad y resilencia borbónica en transición energética o perspectiva de género.
Sin embargo, un recalcitrante pacifista Papa Noel que emplea tracción renovable animal en sus desplazamientos no habría accedido aún a recibir a la comitiva de gente tan principal en su residencia de Rovaniemi. Está indignado con el comportamiento inmoral del hipócrita visitante incumpliendo sus más elementales obligaciones. También parece remiso a explicar los secretos de la tracción animal, mucho mejor que las despilfarradoras mariconadas de tanto inútil cachivache eléctrico que fomenta.
Los cortesanos habituales cuyo ridículo es parejo al de su lisonjeado héroe nos harán ver, muy convencidos ellos, que don Felipe es el imbatible arma secreta de la OTAN en esta novedosa guerra híbrida contra la malvada Rusia.
Pero no debo omitir otras más inquietantes consideraciones que se hacen los expertos. Existe otra famosa Thule, además de la del Capitán Trueno o la del Atlántico sur, a la que los ocultistas consideraban la cuna mística y racial de la «raza aria”. Dio nombre a la Sociedad Thule, un grupo ocultista y racista alemán fundado en 1918, cuyo mito e ideología sirvieron para la cosmovisión original del Partido Nacionalsocialista, la rama hitleriana del socialismo europeo.
Por desgracia, “Uropa” vuelve a las andadas.

