Hay que ser muy ingenuo para pensar que los disturbios violentos son espontáneos y perjudican de algún modo al Sistema.
Cuando la agenda incluye el control total y que la chusma lo aplauda, son una bendición del cielo, porque ese rebaño, dócil y miedoso, lo exigirá.
El proceso psicológico es muy sencillo. Hay personas que no necesitan estímulo para practicar el vandalismo, les basta una ocasión que les garantice impunidad.
Otros necesitan ver arder un contenedor o volar unas piedras para sumarse a la batalla.
Los más se sumarán cuando vean la situación generalizada.
El factor esencial es la impunidad, y esa la garantiza el «uniforme» negro y el pasamontañas, propio de lo que se conoce como el «black block», el bloque negro. No es casualidad que los agentes antidisturbios usen el mismo uniforme y con la misma intención: garantizarles la impunidad para que den rienda suelta a su violencia.
Esa violencia es deseada por el poder tiránico, porque radicaliza a los moderados y polariza la sociedad,
En el “bloque negro” o chispa de inicio del «incendio», no hay espontáneos. Son siempre profesionales.
Muchas veces son agentes de policía disfrazados y en otras son mercenarios especializados, que cobran hasta 3.000 € por cada día de «trabajo». Su función es romper la brecha y animar al resto. Como los claques del teatro, cuya función es iniciar las series de aplausos del público para animar al resto, el black block inicia el vandalismo y la chusma enfervorizada hace el resto. Puro instinto gregario.
La condición previa para que se inicien protestas pacíficas y legítimas es la depauperación de la población y los atentados a nuestros derechos y libertades.
De esto se han ocupado, con celo extremo y mucho éxito, todos los políticos con mando en plaza.
El desmantelamiento del tejido industrial y del sector primario español, a cargo del fraude de la Unión Europea, en realidad un invento yanqui para suicidar económicamente a Europa, ha puesto las bases de protestas legítimas, que el poder se encarga de volver violentas, de modo que una mayoría dócil y cobarde, ignorante del plan, pide a gritos el control absoluto, como única solución al grave problema, por “Ellos” mismos planteado.
Y la inmensa mayoría se verá obligada a polarizarse, como «Ellos» quieren, entre la violencia y el control.
No entremos a su juego. Ni colaboremos con la violencia ni pidamos como solución el control, porque luego no habrá marcha atrás.
Consejo: quien organice una protesta legítima y pacífica, planifique las medidas para neutralizar a los violentos y dejarlos a merced de la policía, de modo que niegue cualquier justificación a las cargas policiales violentas.
Fiat iustitia ruat caelum.

