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Un encargo fallido

Por Alfonso de la Vega

Agoreros y disidentes de Régimen auguran que pintan bastos para la lucrativa banda en el poder. Parece que se ha levantado la veda judicial. El tinglado se descompone a la vista del más topo y es de temer una desbandada al grito del tan castizo pero hoy políticamente incorrecto de “maricón el último”. El jayán de popa principal quiere tregua para sí y sus más cercanos, e intenta mantener las mañas de gobernar en su inexpugnable fortín de Palacio mientras otros jaques no tan adelantados en el escalafón o con menos suerte o valimiento también piden acogerse a sagrado. Pero no un bajamanero cualquiera, que ya decía el pícaro Guzmán de Alfarache: “quien se precie de ladrón procure serlo con honra, no bajamanero, hurtando de la tienda una cebolla y trompos a los muchachos”. Ni menos a las facilonas autoridades colaboracionistas y complacientes ante gente tan principal ¿Piedad por el descarriado descubierto?, ¿solidaridad entre compadres? No suele darse entre descuideros y hampones salvo interés mutuo.

Se abre un horizonte de promesas para el virtuoso joven de talante virginal, espíritu puro y pensamientos elevados o contador de nubes que se inicia en los lucrativos arcanos de los partidos borbónicos. Ante él, como visión de diabólico tentador, se despliega la carrera completa dentro de la cofradía: de jorgolino a trainel, luego a mandil o mandilandín si porta espada. Aquí, el ameno y florido jardín se bifurca: la honesta aspiración a rufezno por un lado. La carrera de ciertas armas de otro. De ahí a espadachín. Luego, previa oportuna iniciación, a jaque. El objeto de esa prometedora iniciación varía pero es preciso probar coraje y desenvoltura para la causa: ¿pelearse con otros matones?, ¿liquidar a un corchete, ropilla o justicia? Y ya demostrada la valía el jaque puede devenir en jaquetón. O jayán: el que, según Quevedo, es respetado por todos los demás. Tal como cierto descuidero o comendador de bola según otros, que le escolta. El aforamiento promete impunidad. Un burladero de la justicia cuando hay reestructuración de plantilla.

Hace tiempo que se ciernes sobre nosotros la amenaza del olvido del pasado, un problema especialmente preocupante por la perversión del lenguaje. Un tesoro en el que pervive la cultura, el saber. El conocimiento de la naturaleza humana, y resulta locura lamentable dejar que se pierda bajo el desorden opresor de la neolingua.

El lenguaje de germanías tradicional suele clasificarse en dos grandes especialidades hoy felizmente reunidas por el filantrópico socialismo: el de los explotadores sexuales y el de los ladrones, ambos suelen operar juntos, no obstante como resulta fácil comprobar. Sin embargo, también ha evolucionado con lo WOKE admitiendo nuevas modalidades. Con la globalización del crimen, la cosa se complica y pierde su rancio sabor local por no decir abolengo entre el hampa y la gente del bronce. Pero también este lenguaje varía con los progresos del socialismo borbónico. En especial el que es más relacionado con la prostitución de ambos sexos.

Los estudiosos han definido una tipología sobre prostitución clásica que atiende a diferentes variables. Según la clientela, los divide en mendigos, criados, valentones, soldados, clérigos e incautos. Cabe aclarar que hoy la nómina se ampliaría a personas muy principales salvo que se incluyesen entre los incautos chantajeables. Según la relación de dependencia de la prostituta en alcahueta, marido cornudo o rufián. Hoy también sobrina de ministro. La meretriz puede ser liviana, buscona o asentada. Y según topología puede dividirse en: con casa, de cantón, callejera, de posada, de albergue de pobres o de cementerio. O de saunas. Por la calidad en: por edad, joven o vieja. Por hermosura, en guapa o fea. Por ganancia, en mucha o poca, en dinero o especie.

De especial actualidad e interés es la organización de una de las instituciones más acreditadas para el desarrollo curricular meritocrático dentro del Régimen: las casa-llanas, o venta- común, o saunas, los burdeles que ahora vienen sustituyendo con ventaja para un buen currículo y selección de recursos humanos a las famosas escuelas de negocios de infeliz influencia anglosajona en cuanto a asegurar un brillante desempeño en las instituciones de la democracia que nos hemos dado. Otra curiosidad digna de feliz memoria: entonces «empeñarse» significaba liarse una puta con un rufián.

En la organización del burdel aparece el triple concepto: de familia (como lo demuestran los nombres de padre = alcahuete, y madre = alcahueta), de propiedad (guardadamas, guardacoimas, guardaizas) y de negocio (reclamo, faraute, trainel). Para que luego digan los descontentadizos y calumniosos desinformadores que el socialismo perjudica a la familia.

Y hablando de familia, un testigo arrepentido nos cuenta la novedad de cierto encargo de la cofradía algo peliagudo por el objeto del delito: una juez honrada y que nos trae el recuerdo emocionado del también ejemplar y heroico juez Falcone, víctima de su lucha contra la mafia:

“Tras hacerse un may, maqueada como buena menda, la madame multiusos fue a subcontratar el arreglo, que ciertas cosillas es preferible externalizarlas. Una díscola ropilla puñetera andaba en coplas: una ful por atreverse a empapelar o dar mucho por esa parte con el tema del hermanísimo descuidero que andaba a la birlonga o de maco arrimado a la diputación a la que chuleaba dabuten para llevárselo crudo como mangui en nómina, y la que había que dar boleta y para apañarla valdría la ferramenta sin tener que recurrir a la tartamuda que hace más ruido y perjudica el salir de naja. Sí, la cosa no era para un bajamanero cualquiera no se fuera a poner más chunga de lo que estaba de conocerlo la gurullada. Mejor no dejar a futuro tribunal complaciente o con feeling que resuelva la cosa en modo favorable, manchándose la toga o lo que haga falta.”

Sin embargo, incluso entre el hampa cabe encontrar un mínimo decoro o sentido del honor que faltan a muchas autoridades del Régimen. La gestión no terminaría a gusto y satisfacción del contratante, pues los requeridos ya conocían el percal: “Mire, no sé quién le ha dado nuestra dirección ni por quién nos toma. Nosotros seremos forajidos, narcotraficantes, violentos o todo lo que ustedes quieran, pero de ahí a trabajar con ustedes para que la fiscalía haga la vista gorda…  ¿Pero por quién nos toma? ¡Vaya usted a insultar a su señora madre!”.

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