Marta Gómez Montero abandona el plató en lágrimas: “No me vas a volver a humillar. Prefiero comer m.erda”
La noche del sábado dejó al descubierto la cara más tóxica de las tertulias televisivas en RTVE. La periodista Marta Gómez Montero, visiblemente rota, abandonó el plató de Malas Lenguas Noche tras denunciar en directo la humillación reiterada por parte del presentador Jesús Cintora.
Durante el debate sobre las declaraciones de Alberto Núñez Feijóo respecto al absentismo laboral como “cáncer”, Cintora le dio la palabra a Gómez Montero. En lugar de intervenir, ella estalló:
“No voy a contestar, Jesús. No me vas a volver a humillar. Me siento absolutamente humillada. He aguantado mucho tiempo por mis hijos y porque tengo que pagar las facturas, pero ya no aguanto más.”
Con lágrimas en los ojos y citando El coronel no tiene quien le escriba de Gabriel García Márquez, remató con una frase que ya es viral:
“Pues yo, Cintora, prefiero comer mierda.”
Acto seguido, se quitó el micrófono con manos temblorosas, recogió sus papeles y salió del estudio, dejando un silencio incómodo y revelador en el plató.
Un presentador que “solo hacía un gesto”… pero con historial
Cintora, descolocado en el momento, reaccionó con un escueto “¿Qué pasa Marta?” y más tarde intentó minimizarlo: aseguró que solo había hecho “un gesto” para que respetara los turnos y que “aquí no se humilla a nadie”. Incluso la invitó a volver “con todo el cariño”.
Sin embargo, las palabras de Gómez Montero no surgieron de la nada. Este no es un incidente aislado. Semanas antes, el propio Cintora había cortado en seco a la periodista durante un debate sobre el caso Aldama con un autoritario “¡Bulos no!”, imponiendo su criterio de forma vehemente. El presentador tiene un historial de perder los papeles, elevar el tono y ejercer un control casi autoritario sobre sus tertulianos bajo la excusa de “mantener el orden” y combatir la desinformación.
En Malas Lenguas, un espacio de televisión pública financiado por todos los ciudadanos, Cintora convierte los debates en un ejercicio de poder personal donde los colaboradores —muchos de ellos freelance en situación precaria— deben someterse a su ritmo o arriesgarse a ser silenciados, interrumpidos o humillados en directo. La frase de Marta sobre aguantar “por pagar las facturas” desnuda la realidad de muchos tertulianos: dependen económicamente de estos programas y soportan dinámicas abusivas por necesidad.
Una tertulia que genera “mal cuerpo”… y preguntas incómodas
Esther Palomera, otra participante, resumió el sentir general: “Nos ha dejado a todos con muy mal cuerpo”. El malestar era palpable. El incidente no solo evidencia un problema de respeto hacia los colaboradores, sino que plantea interrogantes profundos sobre el modelo de tertulias en RTVE: ¿es aceptable que un presentador trate a sus invitados como subordinados a los que se les “hace gestos” para callarlos? ¿Dónde queda el rigor periodístico cuando el formato se convierte en un ejercicio de dominancia?
Cintora representa un estilo agotado y tóxico: agresivo con quienes disienten o simplemente intentan expresarse, y poco empático con el impacto emocional que genera en directo. Su defensa posterior (“solo era un gesto”) resulta insuficiente ante una mujer que, claramente al límite, eligió la dignidad por encima de seguir cobrando por soportar humillaciones.
Este episodio no es solo un “momento viral”. Es la consecuencia previsible de un formato donde el presentador se erige en juez, verdugo y protagonista absoluto. Marta Gómez Montero ha dicho basta. Ojalá sirva para que RTVE revise no solo este caso concreto, sino las dinámicas de poder abusivas que se toleran en sus platós.
Marta Gómez Montero abandona el programa Malas Lenguas en pleno directo:
“No me vas a volver a humillar, he aguantado mucho tiempo. Cintora, prefiero comer mierda”. pic.twitter.com/bfj0zdeSx0
— Wall Street Wolverine (@wallstwolverine) July 11, 2026

