Por Alfonso de la Vega
Entre los hitos de la Monarquía durante este último medio siglo hay jornadas satisfactorias y otras especialmente tristes, que quedan profundamente grabadas en la memoria de los que la vivieron. Al menos confieso que este es mi caso. En relación con la banda asesina nacionalista vasca tal fue entre las primeras la liberación de Ortega Lara de su cruel cautiverio en zulo. Hazaña de la Benemérita que supuso una gran satisfacción para todos los españoles de bien incluidos los vascos que lo sean. Al contrario, el secuestro y salvaje asesinato del joven concejal del PP Miguel Ángel Blanco del que se cumplen 29 años provocaría tal repulsa entre cualquier persona civilizada, la manifestación en Bilbao resultaría también impresionante, que supondría un antes y un después. Una situación de indignación popular tan grande en toda España que hizo que el propio hipócrita y trabucaire PNV, principal beneficiario político de los crímenes de su disidente, temiera que pudiera acabar su negocio de «recogida de nueces» chapoteando entre la sangre de inocentes.
Soy poco aficionado a las manifestaciones pero tuve el honor de asistir a la enorme realizada en Madrid. Fue tremenda, impresionante, no voy a entrar en detalles pues no puedo recordarla sin emoción.
En un claro desafío a la moral y al propio pueblo español, la banda nacionalista vasca terrorista finalmente perpetró el asesinato y el PNV y otras fuerzas políticas de ese jaez se dedicaron a tratar de calmar la indignación ciudadana para intentar volver a controlar la situación. Unos años después la banda estaba prácticamente inoperativa dada la eficaz represión de nuestras Fuerzas de Seguridad del Estado hasta que vino el golpe de Estado del 11M y la entronización sobre los cadáveres de los restos de los vagones humeantes del tenebroso Zapatero que pactó con ella. Como decía el emérito, “y si sale, sale”. Y todos contentos.
El resultado de esta claudicación en su represión y erradicación final ya se ve y ahora con toda claridad. Pese a que la banda vasca también asesinara cobardemente a socialistas, sus herederos constituyen hoy el principal soporte del lamentable gobierno socialista de Su Majestad. Un tal Pachi ha olvidado los tiempos en los que muy compungido llevaba a hombros los féretros de su compañeros. Los presos condenados son llevados a complacientes prisiones de Vascongadas cuando no directamente puestos en libertad, donde son homenajeados por cómplices, miserable gentuza vasca de pura raza vasca. El propio partido de la víctima abandonó su heroica lucha en Vascongadas, María San Gil y su meritísima trayectoria ejemplar de resistencia ciudadana contra el crimen, menospreciados. El sacrificio del pobre Miguel Ángel resultó en vano. La banda se salió con la suya. Aunque no del todo. Si el orate racista Sabino viviera le daría un jamacuco del susto, el Islam va sustituyendo al cristianismo e incluso irónicamente hasta gentes de raza negra juegan en el Bilbao. Y en algunos barrios cierta morisma campa a sus anchas con el sobresalto de las antiguas matriarcas.
Para terminar cabe reproducir aquí unas importantes declaraciones de don Jaime Mayor Oreja: “Cuando se negocia o se pacta con ETA, ETA no cambia su naturaleza. Quienes cambian son quienes pactan con ella. En mi opinión, ahí se ha producido una profunda transformación del socialismo, que hoy es uno de sus principales aliados políticos… Creo que lo más grave todavía está por llegar. Más allá de la profunda injusticia que supone ese proceso de excarcelaciones, la lógica de todo esto conduce a otra consecuencia. Si los gobiernos de Pedro Sánchez han contado con el apoyo de ETA, como yo sostengo, en reciprocidad acabarán apoyando un Gobierno de ETA en el País Vasco y en Navarra. Eso será todavía más duro, porque veremos gobernar a quienes representan ese proyecto. Para mí no existe Bildu como realidad distinta; existe el proyecto político de ETA, legitimado y blanqueado durante años”.
Descanse en paz el pobre inmolado Miguel Ángel pero nunca se apague la memoria de esta infamia.

