viernes, abril 10, 2026
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Felonías y folladurías

Por David Azañón (Subinspector 87713)

Hoy se cumplen cuarenta y cinco años del segundo golpe de estado de la Guardia Civil al grito de Duque de Ahumada cuyos detalles sobre la participación de la estirpe hemofílica y traidora a España explica mucho mejor que yo el historiador D. Fernando Paz.  

Digo el segundo porque muchos desconocen que el primer golpe de estado de la Guardia Civil se produjo en 1932 a iniciativa de su Director General José Sanjurjo motivo por el que se denominó Sanjurjada. 

Entre los golpes de estado, y asesinatos como los del caso Almería, de la Guardia Civil junto a los asesinatos del GAL, las diversas fechorías de las cloacas y la presunta violación por parte del ex DAO de la Policía Nacional, las fuerzas y cuerpos de seguridad, sean o no del estado, gozan de una ínfima popularidad entre los españoles. Lamentablemente no les falta razón. A fecha de hoy, no te puedes fiar de los médicos, quienes te pueden recetar medicamentos por intereses económicos, ni te puedes fiar de los policías, que te la pueden jugar con dos de pipas o recaudarte, ni te puedes fiar de tu mecánico, ni del fontanero, ni del electricista, ni del panadero, ni de nadie.  

Son tiempos adversos para la verdad, la justicia, la humildad, la templanza, la fidelidad, la lealtad, la profesionalidad, la inteligencia y otras virtudes que antaño eran más comunes en eso que denominan ser humano eufemismo, en el 80% de los casos, de carroña humana. 

El mismo asco me produciría el hipotético caso en el que un comisaurio agrediera sexualmente a una inspectriz que, que una inspectriz mantuviera con un comisaurio, notablemente más añoso, una relación afectivo sexual para ascender más fácilmente. Peor aun sería el hipotético caso en que el comisaurio estuviera casado, y que su mujer padeciera cáncer.  

Por cierto, si una inspectriz de policía no sabe defenderse por si misma, cómo va a defender a otros. Sencillo, no puede, pero por cupo vaginal y un empujón, nunca mejor dicho, se hace más rápido.  

He visto episodios similares entre comisaurios y policías, de toda escala y categoría, pero recuerdo el caso de un comisaurio que le pidió a una subordinada policía que le ayudara, en su despacho y a solas, a vestirse con el uniforme de gala. La digna de ser mujer y de llamarse policía le respondió que si no era mayorcito para haber aprendido a vestirse cortando de raíz la repugnante proposición. No se debe dar pie a este tipo de actitudes salvo que se busque jugar con fuego. Evidentemente estos hechos y otros los puse en conocimiento de los responsables policiales pero, lo han adivinado, pasaron del tema. Dos eran un comisaurios y el otro un facultativo médico.  

Lo que no he visto jamás es que a una mujer le introduzcan algo en la vagina, algo que sin emplear la violencia es difícil de conseguir, lubricación aparte, y que responda con tranquilidad que no quiere mantener relaciones sexuales. Tampoco he visto a víctima alguna de violación que le diera tiempo a conectar la grabadora. Lo que también he visto es a alguna encerrarse en despachos con comisaurios y que luego me viniera el comisaurio a darme instrucciones del tipo a esta lo que te pide de días libres o lo que sea. Evidentemente no hacía el menor caso a esas órdenes manifiestamente ilegales. 

También sucede al contrario, como una inspectriz jefe que fue pillada in fraganti copulando con un subinspector, que dicho que ambos casados con sus respectivas parejas, por una Jefe de División quien no hizo nada salvo volver a cerrar la puerta. No se incoó procedimiento disciplinario alguno aunque claro esa inspectriz jefe ayudó a tapar acosos laborales o incluso robos en legaciones diplomáticas por incompetencia de un enchufado. 

También he sufrido el acoso laboral en mis propias carnes pero, sinceramente, en Román paladino, nunca consiguieron amedrentarme. Recuerdo a mi abogada particular, nunca dejéis vuestro futuro en manos de abogado de sindicato alguno, cuando le dijo la una lumbrera policial no vengo a proteger a David de ustedes sino a ustedes de David

En una ocasión una inspectriz jefe me tuvo sin asignarme trabajo durante dos meses, creía que me iba a hundir o algo así, me puenteaba, se dirigía a mis subordinados y a mi no me dirigía la palabra, etc. Al final, fue ella la que acabó cediendo manifestando que la situación la estaba afectando a ella misma así que procedió a incoar mi primer procedimiento disciplinario del que salí sin ser sancionado, como en todos los procedimientos y expedientes disciplinarios a los que he sido sometido. En este caso, la inspectriz jefe enviaba a un conductor policía nacional a bordo de un vehículo oficial a que fuera a buscar a sus amigas para que hicieran la comprar. Fue en ese momento cuando, hace años conocí a D. Alfredo Perdiguero quien trató el tema con el Jefe Superior de Policía correspondiente, pues la inspectriz jefe era la jefa de su gabinete, y le advirtió de mi determinación de acudir a la prensa y tribunales de justicia con pruebas más que suficientes.

En otra ocasión, ya al final de mi carrera, denuncié que una subinspectriz había filtrado a una asesora del Director General una queja ciudadana de un hombre que se había dedicado a colocar lazos amarillos en Madrid, estando en su pleno derecho de realizar tamaña estupidez, con expresiones tales como te envío la documentación delicada, la carta que he redactado es una mierda pero para que veas el sentido para luego añadir que lo firme cuanto antes del DGP que tengo enchufe (sic). El caso es que como me había metido con la cúpula policial me incoaron otro expediente disciplinario, decían que por menoscabar la imagen policial. Al final también quedó en nada… Imagínense por qué.

No quedó ahí la cosa, las susodichas usaron a una de esas que se encerraba en el despacho del comisario, una que llegaba siempre tarde, se ausentaba de su puesto de trabajo, etc. para que me denunciara por acoso laboral. Inmediatamente otros cuatro policías, todas ellas mujeres, dejaron constancia por escrito de la falsedad en la acusación de acoso laboral y en la temeridad y manifiesta falta a la verdad de la denunciante. Tampoco quedó ahí la cosa, mis jefes amenazaron con incoar sendos procedimientos disciplinarios a las cuatros policías si no se retractaban en sus manifestaciones. Por cierto, cometieron el error de acudir al abogado del sindicato, ese que está muy de moda ahora, quien les aconsejó que se auto inculparan. Ellas, con un par de ovarios, se negaron a ello. Paralelamente me fui a hablar con la Subdirectora General de RRHH de la Policía Nacional, con quien mantuve una charla agradable y siendo conocedora de la implicada asesora del DGP archivó el acoso laboral entre otras cosas porque ya no era mi subordinada, me denunció y la cambiaron de puesto de trabajo. ¡Qué casualidad! Los procedimientos disciplinarios contra las cuatro policías nacionales se archivaron porque yo las advertí, con carácter previo, de que grabasen a los jefes. Ellos las amenazaron pero desconocían que eran grabados. 

Pues bien, así es como está España, desvencijada  y plagada de delincuentes de todo tipo, incluyendo a policías, con pene y con vagina. Y con héroes de todo tipo, especialmente los trabajadores y autónomos, unidos a ese 20% de policías de toda condición, con pene y con vagina. 

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