Por David Azañón (Subinspector 87713)
En los años sesenta bombarderos B-52 sobrevolaban las 24 horas sobre Europa a fin de ostentar capacidad de respuesta ante un eventual ataque termonuclear del régimen más asesino de la historia, el comunismo de la URSS.
Los presuntos defensores de la libertad tampoco eran mucho mejores, recordemos que EE. UU. inyectó uranio, plutonio y otros materiales radiactivos a sus ciudadanos durante la época del Proyecto Manhattan y más tarde, algo documentado y reconocido oficialmente.
Recomiendo, a los pocos que lean algo más extenso que un mensaje de WhatsApp, un pequeño libro titulado War Is a Racket. Es breve, de unas sesenta páginas pero muy ilustrativo, publicado en 1935 por el general estadounidense Smedley D. Butler, uno de los marines más condecorados de la historia de EE. UU., entre otras con la Medalla de Honor del Congreso en dos ocasiones, algo no baladí.
Básicamente denuncia que la guerra es un negocio. Noventa y un años después sigue siéndolo salvo para los zotes sean zotes pro Israel, pro EE.UU., pro OTAN, pro Maduro, pro Irán o pro quien fuere.
Desafortunadamente, el 17 de enero de 1966 un bombardero estadounidense B-52 de la Fuerza Aérea de EE. UU. que llevaba a bordo cuatro bombas termonucleares o de hidrógeno (la potencia de una nuclear oscila entre 15 – 50 kilotones mientras que la termonuclear oscila entre 1.000 – 50.000 kilotones) chocó en pleno vuelo con un avión cisterna KC-135 mientras realizaban una operación de repostaje sobre el Mediterráneo, cerca de la costa de Palomares en nuestra provincia de Almería.
El KC-135 se destruyó completamente falleciendo sus cuatro tripulantes. De los siete tripulantes del B-52 tres fallecieron y cuatro consiguieron eyectarse con paracaídas.
Las cuatro bombas termonucleares a bordo cayeron sobre nuestro mar territorial, dos de ellas impactaron en tierra y sus explosivos convencionales estallaron al impactar, dispersando plutonio radiactivo sobre el suelo sin detonar nuclearmente. Una tercera bomba fue recuperada en tierra relativamente intacta y la cuarta fue hallada en el fondo del mar Mediterráneo, gracias a un pescador español, tras una intensa búsqueda que duró semanas.
La explosión de los explosivos convencionales de dos bombas provocó la dispersión de material radiactivo como plutonio y americio en la zona, contaminando varios kilómetros cuadrados, repito kilometros cuadrados, de tierra y vegetación.
Poco después del accidente «broken arrow», el entonces ministro bajo el régimen del General Franco, Manuel Fraga (quien se levantó demócrata en 1978) y el embajador de EE. UU. (a la sazón Juan Carlos de Borbón y Borbón era su confidente según archivos desclasificados de la CIA) realizaron un acto simbólico bañándose en la playa para tranquilizar, falsa e inicuamente, sobre la seguridad del agua y las costas.
Desde el General Franco, pasando por sus sucesores Adolfo Suárez (1976–1981), Leopoldo Calvo-Sotelo (1981–1982), Feli
Tampoco sus homólogos de EE.UU. Lyndon B. Johnson (1963–1969), Richard Nixon (1969–1974), Gerald Ford (1974–1977), Jimmy Carter (1977–1981), Ronald Reagan (1981–1989), George H. W. Bush (1989–1993), Bill Clinton (1993–2001), George W. Bush (2001–2009), Barack Obama (2009–2017), Donald Trump (2017–2021), Joe Biden (2021–2025) y de nuevo Donald Trump (2025–actualidad) han hecho nada para limpiar Palomares.
Hoy, 17 de enero de 2026, sesenta años después Sánchez, el que no iba a pactar con Bildu, quiere enviar tropas a Ucrania cuando Rusia, distinta a la URSS, no es nuestra enemiga.
No me quiero extender pero la guerra de Ucrania era un plan para destruir la industria alemana y un ataque de la OTAN a Rusia. La Unión de Esclavos (UE) es un perro que ni ladra, ni muerde. EE.UU. es un perro que ladra y muerde. Rusia es un perro que no ladra pero que sí muerde. No se nos ha perdido nada en Ucrania pero nos estamos enemistando con quien no nos ha hecho nada. Ustedes sigan pensando que si PP, que si PSOE, que si VOX, que si Podemos, etc. son todos lo mismo. Nadie defiende nuestros intereses y mucho menos nuestra soberanía.
Lo único bueno del accidente de Palomares, su hubo algo bueno, fueron las buenas relaciones que se crearon entre ciudadanos españoles y estadounidenses, si nos tienen que juzgar por nuestros gobernantes, los nacionales de España o de EE.UU. no podemos pasar de ser calificados, como mínimo, de hijos de la grandísima puta.
Nada ha cambiado en sesenta años en Palomares, prueba del nueve de que nuestros 350 caudillos son tan traidores e inicuos que su predecesor y que los Borbones o los gobernantes de EE.UU. No lo digo yo sino la historia y los actos de unos y otros.

