lunes, junio 24, 2024
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Al lío visionario

Por Alfonso de la Vega

Hace poco más de un año la Pontificia Academia Mariana había instituido un nuevo observatorio con el objetivo de analizar e interpretar los diversos casos de apariciones, locuciones interiores, estigmas y otros fenómenos místicos ligados a la Virgen María. Según su presidente “el objetivo era ofrecer un apoyo concreto para el estudio, la autentificación y la correcta difusión de estos hechos, siempre en sintonía con el magisterio eclesiástico, las autoridades competentes y la normativa vigente de la Santa Sede en la materia» Y añadió: «el Observatorio actuará de manera sistemática, estratégica, multidisciplinar y cualificada, también en colaboración con expertos e investigadores, personalidades de alto nivel en el ámbito científico y autoridades eclesiásticas”. Este nuevo organismo se componía de un Comité Directivo y un Comité Científico Central. Se preveía que se fueran creando comités científicos locales, para formar una red operativa que pudiera ampliar su alcance.

Las apariciones, especialmente las marianas, se encuentran muy relacionadas con cierta religiosidad popular tradicional de procedencia muy antigua y resultan susceptibles de manipulación interesada. Para algunos investigadores modernos estarían relacionadas con el fenómeno OVNI. Para otros se tratarían de mecanismos de control social.

Es un asunto muy difícil de discernir desde el punto de vista epistemológico y con muchas consecuencias de todo tipo. El gran Berlanga nos ofreció una obra de gran interés sociológico con su famosa película Los Jueves, milagro. La historia de una granjería organizada por las fuerzas vivas de un pequeño pueblo preocupadas porque iba a menos su balneario cada vez más decadente. Se fingió un milagro, disfrazando al alcalde, el genial Pepe Isbert, de san Dimas, el buen ladrón. Un borracho es el primero en ver la aparición y surge la devoción lindando con el fanatismo a favor de la impostura. Al final, aparece el san Dimas de verdad y desmonta el tinglado. Sólo una intervención sobrenatural, esta vez sí que milagrosa, parece impedir la consolidación de la impostura.

Tanto para evitar legitimar posibles fraudes como vacuna para que no se difundan mensajes inconvenientes, o desde la simple perspectiva del poder, Bergoglio lo requiere para sí y su entorno más cercano. Eso de lo de la sinodalidad es muy “democrático”y queda muy bien para la propaganda pero depende para qué. Todo el poder para mí, o como dice Bergoglio, “hay que ir al lío.” Y ahora se trataría de que los obispos no metan mano en asuntos de su diócesis como pueda ser el reconocimiento oficial de apariciones, visiones o fenómenos metapsíquicos.

El actual Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, el controvertido Trucho Fernández, busca unificar criterio bajo su mando personal y evitar que algunos obispos «se precipiten» a la hora de declarar la sobrenaturalidad de algún acontecimiento extraño. Así que ha publicado un nuevo documento en el que se resta poder a los obispos por lo que la última palabra la tendrá siempre la Santa Sede, en este caso, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe. O sea él mismo de acuerdo con Bergoglio.

Las nuevas Normas establecen un «procedimiento diferente respecto al anterior…con seis posibles conclusiones prudenciales que puedan orientar el trabajo pastoral en torno a los acontecimientos de presunto origen sobrenatural”. Aunque sigue siendo tarea del obispo diocesano el proceso de “discernimiento”, el Dicasterio “debe ser consultado e intervenir siempre para dar una aprobación final a cuanto ha decidido el Obispo, antes que este último haga publica una decisión sobre un acontecimiento de origen presuntamente sobrenatural».

Trucho Fernández explica que desde ahora «debe quedar claro que, de forma habitual, no cabe esperar un reconocimiento positivo por parte de la autoridad eclesiástica sobre el origen divino de presuntos fenómenos sobrenaturales».

No sé qué se decidirá el Dicasterio sobre el extraño fenómeno “sobrenatural” por el que un personaje como Bergoglio o el propio Trucho Fernández se haya podido encaramar a lo más alto de la cucaña vaticana para proclamar la buena nueva del cambio climático, las indigestas bondades del indigenismo pachamámico, el NOM, el Plan Kalergi de sustitución de los blancos cristianos por musulmanes o animistas de otras razas, el sionismo filantrópico  o el aquí vale todo siempre que nos convenga.

Lo de las apariciones, como más en general los fenómenos metapsíquicos, es un fenómeno difícil de comprender o explicar que no solo está relacionado históricamente con el Cristianismo. Existe un gran número de relatos anteriores en el ámbito del paganismo o de todas las civilizaciones que muestran estos fenómenos que se resisten a ser comprendidos dentro de una perspectiva «materialista» como la habitualmente existente.

A partir de finales del siglo XIX muchos científicos y estudiosos de gran prestigio y categoría se propusieron investigar estos fenómenos, la mayoría de ellos con el deseo de desacreditaros y proclamarlos simple impostura. Sin embargo, tras diversas experiencias algunos se dieron cuenta que la socorrida hipótesis del fraude no explicaba todos los fenómenos.  El catedrático y Premio Nobel de Medicina 1913 Carlos Richet sostenía en su Tratado de Metapsíquica que la existencia de al menos tres fenómenos resultaba comprobada e irrefutable desde el punto de vista científico: La criptestesia, la telekinesia y los ectoplasmas.

Dentro de la Iglesia Católica, antes que Bergoglio, otros jesuitas les han prestado singular atención histórica y abundante erudición. Así por ejemplo, Martín del Río o Francisco Torreblanca Villalpando los tratan muy detenidamente en sus famosos y voluminosos libros sobre magia  de finales del siglo XVI y principios del Siglo XVII en obras como Disquisitionum magicarum libri sex  o Epitomes delictorum inquibus aperta. También un siglo después, Gaspar Schotto, discípulo de Athanasius Kircher en su Physica Curiosa.

Otro jesuita, el recientemente fallecido Salvador Freixedo, importante estudioso de estos fenómenos, era muy escéptico sobre este de las apariciones a las que también dedica alguna de sus obras más conocidas. Para el también jesuita P. Pilón “La Iglesia, en documento del Magisterio oficial, nunca ha dicho que la Virgen se haya aparecido.” 

Tal ambigüedad oficial se explica debido a que se trata de un fenómeno difícil que no deja de ser comprometido desde el punto de vista institucional tanto en lo que se refiere a la propia realidad del fenómeno y de los mensajes cuanto al posible contenido “inconveniente” o demasiado crítico  de los mismos. Así, por ejemplo tanto el tercer secreto de Fátima, aparición aceptada, como las advertencias a las niñas de Garabandal sobre la corrupción y satanización eclesiástica, de unas apariciones no oficialmente aceptadas, de las que la propia existencia de un Bergoglio o un Trucho Fernández darían alguna verosimilitud.  Si fuesen ciertas, la propia Virgen u otra figura espiritual habría advertido de la corrupción de la jerarquía eclesiástica, cosa que evidentemente no agrada a los denunciados como corruptos, por lo que intentarían ser juez y parte. Mucho se hablaba del mensaje sobre la conversión de Rusia, ya lograda con el malvado Putin, pero lo que se antoja casi imposible salvo milagro es la conversión del Vaticano de Bergoglio.

Teniendo en cuenta lo que está pasando en el mundo este cambio aunque pudiera ser razonable desprende un cierto tufo a oportunismo, a censura interesada, en la línea de “verificadores” como los de maldita trola, y parece alinearse también con las directrices sobre silenciamiento y represión del disidente de la tenebrosa jefa de la Comisión europea.

El NOM no quiere críticos ni disidentes, tampoco en estas cuestiones.

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