miércoles, mayo 22, 2024
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¡¡Silencio!!

Para mí es todo un honor haber sido censurado, al igual que lo han sido muchos españoles, a los que se les ha retirado páginas de youtube, Instagram, Facebook o de otras plataformas. Es una señal de que, perdonen la expresión, les jodemos y temen que nuestros mensajes lleguen a esa población que les puede dar la espalda apagando los canales oficiales y vendidos al talonario de la Moncloa, muy generoso con sus sirvientes, pero bastante tacaño y diría que, incluso cruel con quienes no comparten su agendita asesina o les cuestionan en lo más mínimo. Sólo hay que ver a Pablito Iglesias en la uno.

Haciendo un análisis de este fenómeno que Úrsula Von der Meyer denomina cómica e histriónicamente “desinformación”, declarada la primera amenaza para el estado español por parte de los sesudos de la Moncloa, vemos que los medios son empleados no para informar, sino para atacarnos. Personajes como Ana Pastor, a cargo de Newtral, la irrisoria agencia que nos ilustra sobre qué es cierto o no, como si fuese nuestra bella y dulce profe, son un ejemplo más de la preocupación de las altas jerarquías de que les movemos la silla en terremotos de intensidad in crecento, lo cual les quita mucho el sueño.

En uno de mis artículos anteriores hablaba de la técnica del ruido, consistente en crear noticias muy escandalosas para tapar otras indecencias; dado que no pueden censurar a todo el que no piensen como ellos (tendrían que matarlos y volverlos a hacer como obedientes clones), lanzan asuntos tan crispantes como la amnistía (la cual nunca va a ser aprobada pues ya sabemos que Europa actúa de inmediato), la boda del alcalde de Madrid, transmitida por su canal como gran show del año, los problemas legales de la pareja de la pobre Ayuso, que no tiene un día de respiro con los progres o las excusas con inmigrantes, no angelitos precisamente, que son detenidos por la policía, para así hacernos creer que los españoles somos todos unos racistas empedernidos.

Este follón es el que alimenta a las redes sociales y a los influencers, los cuales se basan en estos hechos para poner verde al gobierno del PSOE (muy curioso, por cierto) y en muy poca medida al PP, al que muy pocos nombran. Todo apunta a que este partido parece también financiar sus propias redes sociales, siguiendo las prácticas bolivarianas de la izquierda y de los extremos partidarios de la dictadura venezolana. El hecho es que, con tanta fiesta, la gente está pendiente de lo que dicen como si fueran personajes del corazón; digamos que ahora ya no es ni el tarot ni la prensa rosa, sino quienes dicen criticar al gobierno de turno, por un lado, y por otros reciben la monetización por supuestamente tenernos muy bien informaditos.

Ante tanta distracción, ante la baja audiencia de otros medios que sí hacen crítica y de la buena, ante la necesidad del populacho de tener altos los niveles de adrenalina y, por si acaso, también de cortisol, para que el disfrute sea mucho mayor (como cuando se ve una peli de terror, que es lo mismo que sentir a los vampiros de la Moncloa en tu propia casa), es evidente que tanta adicción aminora la preocupación por la tan temida y horrorosa desinformación: después de todo el pueblo es estúpido y se deja de llevar por la emoción de un trago informativo (sólo hay que darles la calidad y dosis correcta para que no enfermen demasiado…)

Sin embargo, los despiertos se han dado cuenta del engaño y cada vez pierden menos tiempo viendo a Infovlogger o a Begonia Gerpe y prefieren informarse leyendo Periodista digital o este medio, el diestro, el sector de lectores más peligrosos, por no contar con sus colaboradores (entre los que con mucho orgullo me considero por nuestra labor), a los que hay que educar y, para ello, qué mejor remedio que censurarnos o amenazarnos, aunque lo segundo no está tan claro pues, con tanto problema como tienen ya no tienen suficiente energía para ver cómo van a tapar los chanchullos de la mal llamada primera dama, las noticias sobre sus escándalos de corrupción y otras cositas que van saliendo. Están muy ocupaditos, demasiado, como para leer nuestros largos y aburridos artículos. Total, ya tienen al amigo del jefe de la mafia, a George Soros, junto a Hilary Clinton para decirles qué han de hacer con nosotros, porque eso sí, en la Moncloa todos son muy aplicaditos en este sentido.

Para ello contratan a una serie de inútiles, sospecho que la mayoría becarios de las universidades de periodismo, que utilizan la inteligencia artificial para saber si un mensajito de esos es peligroso y lo hacen de manera automática dado que, no sería extraño que muchos de ellos fuese analfabetos funcionales y no pudiesen ni entender lo que leen, en cuyo caso sólo basta con aplicarles un torpe algoritmo y ver qué sucede. Ser censurado en España es tener la desgracia de que toca el gordo del premio de Navidad pero a la inversa, porque eliminan tu noticia de las redes cuando el jefe de redacción recibe la orden de que retire un artículo porque es insultante o incumple las normas que les salga de sus partes, como uno de mis artículos en los que hablaba de la depravada política sexual del gobierno de España en el que no sólo me refería al LGTBIQ+ (la secta demoniaca de la Open Society de Alexander Soros), sino que mencionaba que el gobierno prohibiría la prostitución (no sé si la del Tito Berni). Parece ser que a estos señores no les gusta que se les quite la careta y a sus empleaduchos les pagará una miseria por censurar todo lo que se publica en España, para lo cual necesitarán de una horda de inútiles, todos muy bien aleccionados en lo fantástica que es la agendita 2030.

Sin embargo, ante lo torpe de sus medidas, de sus artimañas, lo ridículo de sus informes (muchos de ellos más aburridos que escuchar a Francín Armengol), en los que se dedican a lanzar elogios a los medios díscolos y a las organizaciones que los jodemos desde télegram (como mucho llegando a descubrir cuántos seguidores tenemos, pero nada más), está claro que les hemos tomado el pulso. No soportan ni nuestro humor, nuestra ironía, nuestro sarcasmo y sé que lo que les saca de quicio son dos cosas: primero que los artículos sean más largos de la cuenta (acostumbrados a las órdenes simples y nunca retóricas que reciben antes de ponerse delante de la pantalla y ver cómo anda el campo de batalla) y, por otro que, como buenos estilistas con la pluma, empleemos nuestro derecho a irnos por las ramas y decirles lo que son de manera metafórica, sin insultarlos ni faltarles el respeto, pero eso sí, entre líneas se ven nuestras intenciones.

Tienen entonces una ardua tarea por varios motivos: primero porque somos muchos y no nos rendimos por mucho que nos censuren; segundo, porque están tan ocupaditos ocultando sus porquerías ante los ataques furibundos de los influencers que no dan abasto (parece que la técnica del ruido ya los deja sordos, pues el nivel de decibelios no es adecuado a sus sensibles y heriditos oídos) y, tres, porque, como hemos dicho antes, ni las mentes que nos desean poner un bozal de perro están a nuestra altura ni sus estrategias son los suficientemente inteligentes, al estar ya un poco idiotizados de tanta propaganda populista y sectaria, la cual, como mínimo, te mata unas cuantas neuronas y no permite pensar ni decidir adecuadamente.

En fin, que no lo tienen claro, sino lo próximo. Ya han dejado el cántaro destrozado de tanto pegarlo y mucho me temo que la batalla está por decidirse en breve, eso sí, sin una gota de agua que llevarse a la boca.

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9 COMENTARIOS

  1. Esta basura cuando nos censura ya nos hace saber que vamos por buen camino, no como esos cochinos censuradores que venden para recibir dinero y honores, con tanta mugre que tenemos en esta España llena de hienas apestosas y de alimañas que roban a manos llenas y están acabando con la mediana y pequeña empresa junto con los autónomos para pasar todo a las grandes corporaciones en robar son campeones, a mime da mucho asco estos personajes del ministerio de la verdad como el de la novela 1984 de George Orwell, en el que la mentira es la verdad y la guerra la paz, eso es lo que estamos viviendo hoy en día con esta jauría de sinvergüenzas.

  2. Después de los criminales primarios (los ideólogos y su plantel ejecutivo, o sea, pseudopolíticos, pseudoperiodistas, pseudofiscales, pseudojueces, pseudomilitares, pseudopolicías, etc) los seres más abominables, despreciables y repudiables de esta era putrefacta me parecen los «verificadores» y los actores de crisis. Es un nivel de inmoralidad incuantificable. Me repugnan mucho más que los delincuentes ordinarios.

    Hablan los autopercibidos amos de «comedores inútiles», concepto aberrante. Yo por mi parte considero a todos los del anterior párrafo como comedores inmerecidos. Y lo que tragan, encima, los muy bastardos.

  3. La élite financiera que manda en todas nuestras instituciones (ONU, parlamentos,…) nos ha declarado ocultamente (mediante desinformación masiva oficial) la guerra a muerte. ¿Por qué seguimos sin darnos por aludidos mientras nos van acorralando, encerrando y asesinando? ¿Tan tontos somos?

  4. El Diestro censura a InfoVacunas, así que no se de qué se queja. Una gran labor, por supuesto, nadie lo niega, lo que ocurre es que no se debe hacer lo que no nos gusta que nos hagan.

  5. El Silencio de los Corderos, nos están follando y callando pero muchos siguen votando, hasta cuando los españoles vamos a permitir tanta injusticia viendo como están llenando España con esos que las mafias traen de ultramar y a los cuales les dan de todo mientras a los españoles nos lo quitan, pero hay que callarse y bajar los pantalones porque sino eres racista y hasta te pueden multar y condenar a prisión, hay que dejarse follar por este sistema corrupto y criminal que nos va a llevar a la eternidad.

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