miércoles, mayo 22, 2024
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Europa, Europapa

Hoy es 11 de abril de 2026 y el día no se presenta precisamente fácil. Hace tiempo que el móvil me da algunos problemas de descarga y me impide incluso comunicarme adecuadamente. Las redes de télegram y otras están cerradas. A pesar de haberme puesto en contacto, no hay respuesta alguna, parece que hoy estoy en la isla, en la que muchos se despiertan de repente. Muchos medios disidentes han alertado del riesgo que supone. Como dice Altrust, bienvenidos a la incertidumbre.

Nada mejor que una ducha relajante con música épica a todo volumen para dar batalla una vez más a toda la mentira y detestable mansedumbre, silencio sucio en las bocas que enmudecen y calles cada vez más vacías de negocios. Recordar se me hace cada vez más doloroso y prefiero no hacerlo.

En el móvil sólo me funciona, afortunadamente el wallet, al menos no me han retirado los fondos de mi cuenta bancaria. Me dirijo como siempre al metro, colapsado cada vez por los controles policiales. Las leyes buscan con desesperación a la disidencia porque parece que todo se les han salido de las manos, los lectores se vuelven rojos de vez en cuando y el problema son algunas colas inesperadas. Quedan cinco personas y la policía parece relajada, mirando a otro lado, algunos están viendo un viendo de tick tok, con algunos gays bailando de manera divertida, mientras sueltan muecas de entre risa y desprecio. Por fin me toca a mí, por fin.

Cuando acerco el móvil al lector de manera inesperada suenan las alarmas y se me acerca un agente, todo empoderado y amenazante.

  • ¿Puede darme su teléfono móvil, por favor?

Negarse a hacerlo supone una multa imposible de pagar, por lo que accedo.

El agente lo toma y empieza a supervisar el wallet, mirar el DNI, se asegura de que soy el dueño del mismo, el titular de la línea (utilizar el de otra persona se considera un delito de suplantación de personalidad, recién creado por el Consejo de Europa), todo bien hasta el momento, cuando, de repente, da un guiño a otros dos agentes que están detrás de mí y me ponen dos esposas y sin forzarme, me obligan a seguirlos y a subirme al coche de patrulla. 

Yo no entiendo nada, no puedo ni llamar a mi amigo Luis que es abogado y, en total silencio, me hacen entrar en las dependencias. Me hacen sentar en un despacho, donde un coronel toma mi móvil y mira el registro.

  • ¿Qué ocurre? – Le pregunto, tratando de calmarme…
  • Creo que tienes un pequeño problema amigo, alguien te ha denunciado…

Mi cara de sorpresa se entremezcla con el pánico, con las palpitaciones que me hacen sentir incómodo porque no entiendo absolutamente nada….

  • Además de no contar usted con fondos en su cuenta, parece que ha infringido algunas normas. Tenemos que requisarle el teléfono para investigarlo, mientras tanto no puede ni comprar, mucho menos con el de otra persona, a menos que se ofrezca amablemente.
  • No entiendo…
  • ¡Me parece increíble que no entienda! ¿Se ha metido usted recientemente en télegram?
  • No, ¿Por qué?
  • Por favor, no nos haga esto más difícil, no queremos tenemos tener más problemas con usted; tiene información peligrosa para el sistema y no entendemos cómo ha llegado a usted.
  • ¿A qué se refiere?
  • Le doy el móvil y se lo muestra, pero después me lo devuelve…

Tomo el teléfono y observo todas mis descargas de un año, desde que comencé a ver información del grupo de Disidencia Cero.

  • ¿Sabía usted que este grupo fue considerado ayer autor de un delito cibernético?
  • No…
  • Todo apunta a que usted, no sé, forma parte, dado lo comprometido de la información… ¿La ha pasado a alguna otra persona?
  • No.

En realidad, no fue así, toda mi red de amigos la ha recibido, pero guardo silencio, aunque inútilmente.

  • Veamos, para empezar, tiene usted una requisitoria desde ayer por este hecho, la ha hecho llegar a más de cinco personas… Y esta información es claramente delictiva al motivar para la desobediencia. ¿Sabia usted de los incidentes que estamos teniendo ya en algunas ciudades donde la población se va amotinando, bueno, unos pocos…?
  • No.
  • Vamos a ver, veo aquí imágenes de Strasburgo, Berlín, Roma y Estocolmo…. ¿Qué le parece? Puede verlas si desea…

Tomo el móvil y observo a gente quemando contenedores, coches de la policía, enfrentamientos y mucha violencia…

  • No sé de qué me habla.
  • Bueno, eso se lo dirá usted a la juez porque hay una orden de detención contra usted. Devuélvamelo por favor.

Mi expresividad no puede ser de mayor desesperación.

  • Lo siento, pero sabe que cumplimos órdenes.
  • Órdenes que no parecen no gustarle…
  • Bueno, eso no es de su incumbencia. Me temo que está metido en un buen lío que tiene que aclarar.

Finalmente pude llamar a mi amigo Luis para que viniese a verme en la prisión de la comisaria.

Postdata: Nada de lo que aquí se cuenta es realidad, es una interpretación ficticia de lo que podría ocurrir en el caso de que tengamos cumplido el reglamento aprobado por Europa sobre la identidad digital ya dentro de dos años, un régimen parecido al actual sistema chino de vigilancia, algo de lo que la gente no parece no consciente, como si no fuera con ella. Sabemos que cualquier parecido entre la realidad y la ficción es pura casualidad, que incluso la primera la supera y no en pocas ocasiones. Cuando la libertad dependa del capricho de las autoridades, de la inteligencia artificial que regulará su wallet, ni su declaración ni su presunción de inocencia tendrán la fuerza suficiente, pues lo que digan unos programas informáticos constituirán una prueba suficiente como para cambiar su existencia de repente y sin previo aviso, bastando una denuncia de cualquier persona.  La gran pregunta es a qué espera para oponerse, resistirse o empezar a reaccionar. Bienvenido a la agenda 2030, aunque seas un progre. Todos los pagaremos, incluso los que están a sueldo del sistema y de los fondos públicos, echándolos por inservibles y aplicándoles las normas con la misma desconfianza que tienen con los traidores. Defendamos nuestra libertad y luchemos por ella con todos los medios a nuestro alcance, ahora que aún estamos a tiempo…

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