viernes, abril 12, 2024
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Esto no para: Miguel Barroso y más gente anónima

Cuando cualquiera de ustedes ha tenido problemas con las ratas y ha tenido que usar cualquier tipo de matarratas, se habrá encontrado con una frase habitual en estos productos: «Debido al modo de acción retardado, los rodenticidas anticoagulantes pueden
tardar entre 4 y 10 días en ser efectivos tras el consumo del cebo».

¿Y por qué esa frase? Sencillo, porque si el efecto fuera inmediato, las ratas se darían cuenta de que ese supuesto alimento les podría hacer daño, si ven caer a una compañera nada más ingerirlo, y ese matarratas ya no sería efectivo puesto que el resto de las supervivientes ni se acercaría por el producto.

Aunque parezca mentira, eso es algo que no sucede con los «inteligentes y racionales» seres humanos. En el día de ayer, fallecía de forma repentina Miguel Barroso, exmarido de la también fallecida Carmen Chacón, y estrecho colaborador, y asesor estrella, de José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez.

En medios como ‘El Confidencial’ nos cuentan esto sobre Miguel Barroso y su repentino fallecimiento: «El fallecimiento de Miguel Barroso (Zaragoza, 1953-2023), a los 70 años, ha provocado estupor. Porque el desaparecido consejero editorial de El País mantenía un ritmo de actividad verdaderamente frenético y se mostraba particularmente activo en una vida profesional entregada por completo a sus funciones de consejero editorial del grupo Prisa».

Es decir, el fallecido no tenía ningún tipo de enfermedad y estaba desarrollando su vida y su actividad laboral de una forma normal. Es más, en ese artículo incluso se dice que su «ritmo de actividad verdaderamente frenético». Al parecer, en este caso se equivocaron con el lote y le dieron el de la «plebe».

Pero es que no solo nos hemos encontrado con el fallecimiento de Barroso en las últimas horas. Ha muerto de forma repentina mucha gente anónima, que solo sale en los medios si su muerte se produce en circunstancias noticiables, como el caso de una mujer de 51 años de Málaga: «Carmen, de 51 años, estuvo esperando durante cinco horas que llegara una ambulancia para salvarle la vida, pero cuando llegó ya estaba muerta. Una doctora hizo un mal diagnóstico en un principio, ya que le detectó gastroenteritis cuando ella sufría una pericarditis. No solo eso, es que cuando esperaba la ambulancia no había ningún sanitario a su lado y llegaron, incluso, a pedir a las vecinas y a su cuidadora que le realizaran el masaje cardiorrespiratorio». Esta noticia es de hace dos días.

A todos los que sean lectores habituales de ‘El Diestro’ no hace falta que les digamos lo que está sucediendo, porque lo saben a la perfección. Pero seguimos preguntándonos: ¿qué le pasa al resto de la gente? ¿Por qué siguen sin enterarse de nada, o por qué siguen sin querer enterarse? El drama que estamos viviendo es terrible y la gente no parece querer darse cuenta.

Al contrario de lo que hacen las ratas, parece que buena parte de la gente que nos rodea seguiría probando el matarratas, a pesar de estar viendo que otros están cayendo nada más probarlo. No necesitarían que el producto tuviera una acción retardada. ¿Cómo es posible que esté sucediendo esto?

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