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Las leyes educativas en España: criminales delirios pedagógicos para destruir la humanidad de los alumnos

Pareja de piezas cardinales de la literatura y el cine españoles que comparten un mismo trasfondo: la demencia de intentar «fabricar» a un ser humano perfecto mediante un método pedagógico estricto y racional, aplastando su libertad. «Ese enjambre de ideas, ideotas, ideitas, idezuelas, pseudo-ideas é ideodes con que su padre le tiene asaeteado insuperable cita pertenece textualmente al capítulo XVIII de la novela Amor y pedagogía (1902) de mi paisano, don Miguel de Unamuno y Jugo. La analogía con la trágica historia real de Mi hija Hildegart (y la famosa película de Fernando Fernán Gómez y la reciente La Virgen roja de la maña, Paula Ortiz) deviene absoluta y estremecedora. 

Pedagogía eugenésica

Apolodoro termina suicidándose. En la España de 1933, Aurora asesinó a Hildegart de cuatro tiros mientras dormía al ver que su criatura «perfecta» cobraba vida propia y escapaba a su diseño ideológico.  Ambos planes («pedagógico» en la ficción y «eugenésico» en la realidad), rotundos, rotundísimos fracasos. determinismo pedagógico absoluto, ergo, rotunda deshumanización. Los hijos nunca vistos como personas con libre albedrío, sino como moldeables proyectos ¿socialistas? de ingeniería social. Tal los alumnos desde la LOGSE (aunque la jodienda ya dio comienzo con la franquista LGE).

Harto de tanta pedagogía, el vástago de Avito Carrascal decide suicidarse, porque, además, arrastra doloroso desengaño amoroso. Pero antes escribe una carta a su antigua novia y le da este consejo por si tiene un hijo:  que hagas hombres, hombres de carne y hueso; que con el compañero de tu vida los hagas, en amor, en amor, en amor y no en pedagogía.

Excelencias literarias

Y otras grandes luces literarias en donde ignorar y, a la par, intentar ahormar la feraz realidad desencadena deletéreas consecuencias. Frankenstein o el moderno Prometeo de Mary Shelley. El judaíco El gólem, el genio de Gustav Meyrin detrás. Un mundo feliz de Aldous Huxley. El corazón de los hombres, Nickolas Butler. La mejor voluntad, de Jane Smiley. Y la gran novela, otra vez Unamuno, Niebla. 

Y Borges, sobre todo Ficciones, y concretamente el relato Las ruinas circulares.  Y sobre rebeliones, mi paisano lo solidifica, digamos; pero el precursor, como siempre, fue y es el más grande, don Miguel. En la segunda parte, en el antepenúltimo capítulo, Don Quijote y Sancho no se enfrentan al propio Cervantes como personaje físico, pero sí se rebelan contra el autor apócrifo, Alonso Fernández de Avellaneda, a través del personaje Álvaro Tarfe, presente en ambas novelas, la «real» y la «apócrifa», Recuerden también que en la maravillosa Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy de Laurence Sterne, el narrador y protagonista, Tristram, discute constantemente con el lector, interrumpe la propia escritura de su autobiografía con el autor, comenta las decisiones tipográficas de la página y hasta discute cómo se debe construir la historia. 

Y, desde luego, Calderón, donde Segismundo en La vida es sueño se independiza completamente del autor. Y en la mejor obra del bardo de Avon después de Hamlet, La tempestad, Próspero – a veces Shakespeare, otras Próspero- manipula a su antojo todo el relato: isla y personajes incluidos. Y existe una obra magnífica de Diderot, bastante desconocida, Jacques el fatalista y su maestro, donde el propio autor, su voz narrativa concretamente, interrumpe continuamente la trama para dialogar con un lector imaginario o discutir con sus personajes. Eso sí, al factótum de La Enciclopedia sus personajes no se le sublevan. Pero casi.

En fin.

Luys Coleto
Luys Coleto
Prófugo de la existencia
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