Un anuncio de servicio público de unos 25 segundos, difundido en el marco de la campaña irlandesa We-Consent, ha generado una fuerte reacción al mostrar a unos abuelos llegando a una casa y a una nieta que rechaza su abrazo. El texto en pantalla es directo:
“Not everyone wants a hug. Even from the people who love them.”
“Awkward? Maybe. Important? Absolutely.”
(“No todo el mundo quiere un abrazo. Ni siquiera de las personas que los aman.”
“¿Incómodo? Quizás. ¿Importante? Sin duda.”)
El vídeo lleva los logos de We-Consent, del Dublin Rape Crisis Centre, de la agencia estatal CUAN (encargada de la violencia doméstica, sexual y de género) y el arpa del Estado irlandés. No se trata de un material marginal ni de una interpretación libre: es una pieza deliberada de una campaña con respaldo institucional.
NEW – Irish government runs an advert discouraging grandparents from hugging their grandchildren without consent. https://t.co/0dvvkBtThS
— Disclose.tv (@disclosetv) October 21, 2026
We-Consent es un proyecto del Dublin Rape Crisis Centre lanzado en 2023 como programa nacional a largo plazo. Su objetivo declarado es informar, educar y generar un cambio cultural sobre el consentimiento en “todas las personas, todas las situaciones y todas las relaciones”, con la finalidad de reducir la violencia sexual. Cuenta con apoyo de los departamentos de Justicia y de Niños, Discapacidad e Igualdad, además de la agencia CUAN. En ese contexto, sus responsables han decidido que el escenario de unos abuelos intentando abrazar a su nieta es un ejemplo adecuado para transmitir el mensaje.
Esa elección no se sostiene por lógica interna de la propia campaña. La violencia sexual es un problema grave y real. Enseñar a los niños que pueden rechazar contactos que no desean es un principio básico de protección. Pero el anuncio no se limita a recordar ese derecho. Elige específicamente el cariño intergeneracional más cotidiano y lo presenta como algo que debe verse con recelo. El rechazo del abrazo se convierte en el gesto correcto; la expectativa de afecto de los abuelos, en algo potencialmente problemático (“incluso de las personas que te quieren”).
El recurso es contraproducente. Equiparar visual y textualmente el abrazo de una abuela con una situación que requiere un protocolo de consentimiento formal desplaza el foco del problema real (violencia sexual por parte de personas con poder o en contextos de riesgo) hacia el núcleo familiar afectivo, que estadísticamente es el entorno menos asociado a ese tipo de delitos. Al mismo tiempo, reinterpreta una forma normal de expresión de cariño en muchas culturas, incluida la irlandesa, como algo que exige justificación. No es lo mismo enseñar límites que convertir el afecto familiar ordinario en sospechoso por defecto.
El concejal independiente de Dublín Gavin Pepper señaló que se puede enseñar a los niños a no ser forzados a contactos no deseados, pero que “un abrazo de un abuelo cariñoso no debería presentarse como algo extraño o sospechoso”. El diputado Ken O’Flynn preguntó por qué una campaña sobre violencia sexual convierte a una abuela irlandesa en el problema y anunció que pediría al Ministerio de Justicia el coste y quién firmó el vídeo. La concejal Lorraine Hall lo defendió como mensaje “figurativo” y creativo, pero esa defensa no altera el contenido: el anuncio usa deliberadamente la incomodidad ante los abuelos para ilustrar su tesis.
La campaña We-Consent ha producido investigación propia en la que alrededor del 70 % de los encuestados consideraban que Irlanda tenía un “problema de consentimiento”. Ese diagnóstico puede ser discutible, pero no justifica el salto a este ejemplo concreto. Existen múltiples formas de enseñar autonomía corporal y el derecho a decir “no” sin recurrir al escenario de los abuelos ni a un texto que presenta el cariño familiar como algo que debe superarse mediante el consentimiento formal.
Al estar financiada y respaldada con dinero y logos públicos, la decisión de producir este anuncio concreto es una cuestión de rendición de cuentas. No es un malentendido ni una exageración externa: es una pieza institucional que ha elegido, entre todas las situaciones posibles, el rechazo al abrazo de los abuelos para transmitir su mensaje. Esa elección es la que resulta ilógica, invasiva y culturalmente desajustada, independientemente del medio que primero lo difundiera.

