InicioOpiniónEditoresTrabajador de Correos cuenta cómo se puede manipular el voto por correo

Trabajador de Correos cuenta cómo se puede manipular el voto por correo

Un trabajador de Correos con 25 años de experiencia en la gestión del voto por correo ha publicado este martes un hilo en el que distingue entre la seguridad del voto individual y lo que describe como grietas del sistema que, a su juicio, permitirían alterar resultados sin tocar la papeleta de quien sí vota. Ilde Ruiz Padilla, colaborador de Jaén Hoy y exdiputado provincial, insiste en que no aporta pruebas de un fraude en curso, pero sostiene que el mecanismo es técnicamente posible y que conviene conocerlo de cara al 29 de noviembre.

El voto de quien vota, casi intocable

La primera tesis del hilo es tranquilizadora para el elector. Votar por correo, dice, es seguro en un sentido concreto: la posibilidad de que a una persona que ha emitido su voto se lo cambien es “prácticamente nula”. Quien se vea obligado a usar el correo —por enfermedad, desplazamiento o cualquier otra causa— no debería temer, según este relato, que su papeleta sea manipulada en el trayecto o en la oficina.

El riesgo que señala no está ahí. Está, afirma, en el control del censo y en el uso político de tres piezas del aparato electoral: el Instituto Nacional de Estadística, Indra y Correos. El Gobierno, escribe, conoce con precisión circunscripciones, mesas y, sobre todo, la participación. Tiene acceso a los votantes inscritos en cada mesa tanto por el acta electoral como por los apoderados de los partidos.

De la abstención al voto que nadie emitió

Con el censo completo no solo se sabe el porcentaje de abstención. Se sabe, con nombre y apellidos, quién no vota. Y en España, recuerda, hay cientos de miles de personas que no votan nunca.

El paso siguiente, según su descripción, exige control de Correos, algo que asegura que existe. A partir de ahí el esquema sería cruzar a los abstencionistas históricos y generar, desde el servicio postal, votos por correo a su nombre. No haría falta cubrir todo el censo. Bastaría, dice, con introducir de forma quirúrgica en cada mesa una proporción pequeña de votos, suficiente para mover restos y escaños, y lo bastante discreta como para pasar desapercibida entre el volumen ordinario de papeletas.

Esa vía reduciría además el riesgo de que el abstencionista se presente en la mesa. Si lo hiciera, la incidencia quedaría, en su relato, como una anécdota más del día: el típico intento de votar dos veces, anotado por la presidencia y diluido entre el resto de incidencias.

La cuenta de Jaén

Para ilustrar el volumen, usa su provincia. Jaén tiene 869 mesas y un censo de unos 504.000 electores. Con una abstención media del 27 %, calcula unos 144.000 abstencionistas. Localizar a quienes no han votado nunca y emitir diez votos por correo en cada mesa daría, según sus cifras, 8.690 votos en toda la provincia: una cifra que califica de prácticamente indetectable mesa a mesa.

Ese volumen, añade, basta para cambiar escaños. En las últimas elecciones andaluzas, el PSOE arrebató el último escaño a Vox por 239 votos. En las generales, la diferencia en Jaén fue de 8.787 votos a favor de Vox: con una manipulación de ese calibre, sostiene, el último escaño habría sido socialista. Diez votos por mesa.

Extiende el mismo razonamiento a otros márgenes estrechos de 2023: Girona, donde Junts superó al PP por 363 votos; Cantabria, PP sobre Vox por 428; Madrid, PP sobre el PSOE por 1.363; Albacete, PSOE sobre Vox por 1.287; y Tarragona, Junts sobre el PP por 1.298. La pregunta que él mismo se hace es si eso demuestra que aquellas elecciones estuvieron amañadas. Su respuesta es no. No hay pruebas.

Posible, no probado

Lo que sí afirma es que el amaño por esta vía es posible, y que, si alguien en España tiene capacidad para intentarlo, ese alguien es el PSOE. De ahí las tres recomendaciones con las que cierra el hilo, de cara al 29 de noviembre.

La primera: votar presencial siempre que no sea imposible. A menor porcentaje de voto por correo, más difícil introducir votos fraudulentos, porque destacan más. La segunda: animar a quien no vota nunca a que acuda a la urna, aunque sea en blanco; menos abstención, menos margen para un pucherazo de este tipo. La tercera: difundir el mecanismo. “No tengo pruebas de que se esté intentando un fraude electoral por este sistema”, escribe. Conocerlo y advertir del riesgo, concluye, puede disuadir la tentación y, en su caso, facilitar que se detecte.

EsDiestro
EsDiestro
Es Diestro. Opinión en Libertad
Artículo relacionados

Entradas recientes