Este sábado se ha conocido la muerte de Eduardo Rodríguez Rodway, guitarrista y miembro fundador de Triana, a los 81 años en el Hospital Universitario de Puerto Real (Cádiz). Con su fallecimiento desaparece el último superviviente de la formación original del mítico grupo sevillano, uno de los pilares del rock andaluz y de la música española de la época de mediados de los 70 y principios de los 80. Su familia lo comunicó en redes sociales, agradeciendo las muestras de cariño recibidas a lo largo de su trayectoria.
Triana nació en Sevilla en 1974 como un trío: Jesús de la Rosa Luque (voz, teclados y principal compositor), Eduardo Rodríguez Rodway (guitarra y voz) y Juan José Palacios, conocido como “Tele” (batería y percusión). Su propuesta fusionaba el rock progresivo —con ecos de Pink Floyd o King Crimson— con el flamenco y la tradición andaluza. No era una mezcla forzada sino un lenguaje propio, misterioso, melancólico y profundamente mediterráneo, que dio nombre y fuerza al llamado rock andaluz.
Su debut, El patio (1975), empezó vendiendo muy pocas copias, pero con el tiempo se convirtió en un disco de culto. Temas como “Abre la puerta” o “En el lago” ya apuntaban la magia. Vinieron después Hijos del agobio (1977) y Sombra y luz (1979), álbumes que consolidaron su prestigio. El éxito comercial llegó con Un encuentro (1980) y Un mal sueño (1981). Llenaron auditorios y campos, vendieron cientos de miles de discos y se convirtieron en un fenómeno generacional. En 1983 publicaron Llegó el día, su último trabajo con la formación clásica. Meses después, el 14 de octubre de 1983, Jesús de la Rosa murió en un accidente de tráfico cerca de Burgos, cuando regresaba de un concierto solidario. Tenía 35 años. El golpe fue tan duro que el grupo original se disolvió.
Tele intentó resucitar el nombre en los años 90 con nuevos músicos, pero falleció en 2002 de un aneurisma a los 58 años. Desde entonces, Rodríguez Rodway quedó como el único superviviente del trío fundador. Vivió retirado en Los Caños de Meca (Cádiz), lejos de los escenarios, y defendió siempre que Triana había muerto con Jesús. Aunque hubo reformaciones posteriores bajo el nombre, él nunca las reconoció como la misma banda. Ahora, con su muerte, se cierra definitivamente el círculo de aquellos tres sevillanos que cambiaron la música española.
Entre todos sus éxitos, “Tu frialdad” ocupa un lugar especial. Incluida en Un encuentro (1980), se convirtió en número uno y en uno de los temas más reconocibles del grupo. La melodía, íntima y casi hipnótica, envuelve una letra que habla de tormento, de una pasión que no encuentra respuesta: “Cada noche mi vida es para ti / como un juego cualquiera y nada más / porque a mí me atormenta en el alma / tu frialdad”. Hay quien ha interpretado la canción como una metáfora de la heroína, tan presente en aquella época; otros la leen simplemente como el desamor que llega cuando se apaga la pasión entre dos personas. Nadie es culpable: solo queda la distancia fría donde antes hubo fuego. La canción ha sobrevivido a décadas, versiones y generaciones, y sigue siendo una de las más hermosas de la música española.
Hace unos días, precisamente escuchando ese tema, leí un comentario en YouTube que me devolvió de golpe a mi propia infancia. El usuario contaba que, siendo un niño, una tarde remota, sentado en la alfombra del salón, su madre sacó un vinilo y puso “Tu frialdad”. Aquella melodía se le grabó a fuego en la mente y en el alma; pasan los años y de vez en cuando regresa como un eco del pasado, y tiene que escucharla para recuperar ese momento mágico. Yo me sentí identificada al instante. También yo, siendo muy pequeña, descubrí en la habitación de mis hermanos mayores, entre discos de Pink Floyd y Supertramp, un vinilo de Triana. Cuando sonó “Tu frialdad”, algo se clavó dentro de mí. Es una de las canciones españolas más bonitas que he escuchado. Con los años interpreté que ese tema habla de esa frialdad que aparece cuando se termina la pasión en una pareja, o se le termina a uno de los dos pero ninguno de ellos es culpable, simplemente es el desamor. Hoy, con la muerte de Eduardo Rodríguez Rodway, se apaga la última voz viva de aquel Triana original. Queda su música, que sigue sonando en vinilos viejos, en altavoces modernos y en la memoria de quienes un día, sin esperarlo, se encontraron con ella y ya no la olvidaron.
Descanse en paz.
(Por Laura González)

