La sociedad francesa, tan podrida como la española, ha lanzado titulares justificando el asesinato del joven patriota y católico francés, tales como “El homicidio se produjo durante una pelea multitudinaria entre un grupo satélite de la formación izquierdista y una organización xenófoba”, justificando el motivo de la muerte: Era un xenófobo.
Pero la verdad es ajena al modo en que la prensa de izquierda y la cercana al presidente Macrón, justifica la trágica muerte de Quentin Deranque, un estudiante de 23 años, que ha sacudido Lyon.
Este joven patriota, era un verdadero santo, en el sentido literal de la palabra. La jerarquía eclesiástica francesa o ha mantenido un hipócrita silencio o ha centrado su muerte en la polarización política (ultraderecha vs. ultraizquierda). Solamente la prensa católica especializada (como ACI Prensa o Gaudium Press) han destacado su perfil de fe y han cubierto la conmoción por su asesinato.
La realidad de los hechos acontecidos en el caso, es otra: Comunistas de Belenchón (Francia Insumisa) han matado a un joven católico y patriota por defender a unas mujeres de la turba marxista.
El joven, de profundas convicciones católicas y patriota francés, falleció el 14 de febrero de 2026 a causa de un grave traumatismo craneoencefálico tras ser brutalmente agredido dos días antes, el 12 de febrero, en las calles de la ciudad. Todo comenzó cuando Deranque decidió apoyar al colectivo feminista patriota Némesis —conocido por sus posiciones antiinmigración— durante una acción de protesta contra la conferencia que impartía la eurodiputada de La Francia Insumisa (LFI) Rima Hassan en el Instituto de Estudios Políticos (Sciences Po Lyon). «Tengo que proteger a las chicas», fue la frase con la que justificó su presencia, según relatos de allegados, pese a las advertencias de amigos que le alertaban del riesgo de violencia.
El estudiante, residente cerca del lugar, se sumó como parte del dispositivo de seguridad informal del grupo. Nunca había participado en enfrentamientos directos con colectivos antifascistas («antifa»), aunque mantenía contactos con organizaciones de extrema derecha como Action Française, Audace y Academia Christiana.Amigos y conocidos lo describen como una persona discreta, sonriente, humilde y muy estudiosa.
Cursaba matemáticas y tecnología en la Universidad Lumière Lyon 2, donde destacaba por su disciplina y orden. Su fe católica era central en su vida: bautizado a los 14 años por su propia iniciativa, confirmó a los 20 y llegó a influir en la conversión al catolicismo de sus padres. Asistía regularmente a misas en latín en la iglesia de Saint-Georges, cantaba en coros parroquiales, leía a San Agustín, Santo Tomás de Aquino y Aristóteles, y participaba en iniciativas misioneras y de restauración patrimonial, como la de Notre-Dame de l’Isle en su Vienne natal.
Su interés por el catolicismo tradicionalista y el nacionalismo lo llevó a asistir a conferencias y universidades de verano de Academia Christiana, y a simpatizar con movimientos como Audace (heredero de Bastión Social) y Action Française. Sin embargo, fuentes cercanas coinciden en que no era un militante activo ni participaba en la «guerra territorial» que desde hace décadas enfrenta a grupos de patriotas y antifascistas en Lyon, con más de un centenar de agresiones registradas entre 2010 y 2025.
La secuencia de los hechos del asesinato del joven católico, según la reconstrucción del fiscal de Lyon, Thierry Dran, fue la siguiente:
Alrededor de las 17:30 del 12 de febrero, activistas de Némesis desplegaron una pancarta en la calle Raoul Servant contra la conferencia de Hassan. Un grupo intentó arrebatársela, lo que derivó en agresiones físicas: dos mujeres fueron agarradas del cuello y arrojadas al suelo.
Media hora después, en el cruce del bulevar Yves-Farges y la calle Victor-Lagrange (zona poco transitada, bajo vías férreas), estalló un enfrentamiento violento entre unas veinte personas, estando los comunistas enmascarados o con capucha. Vídeos grabados por vecinos muestran el uso de barras metálicas y bengalas; varios agresores de izquierdas patearon a personas en el suelo, entre ellas Quentin Deranque.
Sus compañeros lo echaron en falta durante la huida, regresaron a buscarlo, lo encontraron consciente pero desorientado y lo acompañaron hacia el Viejo Lyon. Su estado empeoró rápidamente en el Quai Fulchiron, donde una ambulancia lo recogió a las 19:40.
Ingresado en el hospital Edouard Herriot, Deranque falleció dos días después por los golpes recibidos. La fiscalía abrió una investigación por homicidio voluntario con violencia agravada. Once personas fueron detenidas; siete pasaron a disposición judicial, entre ellas Jacques-Elie Favrot (asistente parlamentario del diputado LFI Raphaël Arnault, fundador de la disuelta Jeune Garde) y otro colaborador cercano al partido. Favrot fue acusado de complicidad en homicidio por instigación, aunque niega participación directa.
El caso ha generado un fuerte terremoto político a tres semanas de las elecciones municipales del 15 de marzo. La oposición acusa a LFI y a su líder Jean-Luc Mélenchon de vínculos con grupos violentos como Jeune Garde (disuelta en junio de 2025 pero activa en la sombra). El presidente Emmanuel Macron llamó a la calma ante marchas de homenaje a Deranque, que reunieron a miles en Lyon bajo fuerte dispositivo policial. Vecinos y expertos recuerdan que estos choques entre extremos son frecuentes en Lyon, a menudo sin presencia policial inmediata.
La Universidad Sciences Po aseguró haber avisado a las autoridades de la conferencia, pero los hechos ocurrieron fuera del recinto. La investigación continúa para identificar a los autores materiales del linchamiento, en una ciudad donde la polarización política ha cobrado una víctima inesperada en un joven que, según quienes lo conocían, solo buscaba ayudar a los que más lo necesitaban.
La jerarquía eclesiástica francesa y las instituciones religiosas han guardado silencio sobre este asesinato. Solamente era un católico patriota.

