Por Alfonso de la Vega
La Teoría del golpe de Estado tiene gran interés para el historiador y en general para el ciudadano estudioso y preocupado por la cosa pública, tanto en los diversos aspectos metodológicos cuanto en la valoración sobre las posibilidades de éxito. Se suele afirmar que hasta ahora nunca un golpe de Estado ha eliminado una verdadera democracia alerta y efectiva. Un golpe de Estado es un intento de cambiar gobierno e instituciones mediante un ataque tan brusco como violento contra el aparato del Estado y centros del poder.
Sin embargo, frente a los golpes clásicos de carácter militar más que civil nos encontraríamos con que ahora los golpes son blandos, perpetrados mediante sucesivas fases por las mismas autoridades establecidas que debieran defender el ordenamiento jurídico teóricamente vigente. La democracia actual, como Proteo, va cambiando de formas hasta convertirse paulatinamente en otra cosa: una autocracia oligárquica de partidos o de grupos de bandidos al servicio final de una plutocracia más o menos disimulada por votaciones que no son capaces de cambiar o influir siquiera en apenas nada sustancial. Las grandes líneas políticas se adoptan ocultas al juego democrático. De modo que hoy de haber un golpe sería sensu contrario para restaurar o establecer la democracia. Los ejemplos actuales son innumerables. Lo de Trump ahora en EEUU es significativo además de terrorífico.
De modo que muchos de los análisis teóricos que intentan explicar los golpes de Estado clásicos ahora habrían perdido valor. No obstante se mantienen algunos criterios. Según Lenin: ”La revolución no es un juego para diletantes. Los rebeldes deben acumular fuerzas superiores en los lugares adecuados. No se puede perder la iniciativa, necesidad ofensiva. Factor Sorpresa y cuando las tropas gubernamentales se encuentren esparcidas. Superioridad moral”
En general, suele existir más preocupación por la situación política que por la propia organización del golpe que la quiere combatir. Parece más importante la estrategia que la táctica. La estrategia debe basarse en la valoración de las condiciones objetivas, es decir aquellas circunstancias bajo el control inmediato de los conspiradores que tienen una repercusión directa en el proceso. Así: la simpatía de las FFAA de la nación, el estado de la opinión pública y la situación internacional. Otra cuestión fundamental es comprender la conveniencia o no en un momento determinado en función de lo anterior.
El estado de la opinión pública también posee importancia EX POST y no solo EX ANTE. En efecto, deben contar con un mínimo beneplácito para el nuevo gobierno. Pero la inercia política favorece al que tiene el poder. Posee mejores recursos institucionales y de la propaganda o capacidades de manipulación psicológica de masas, No obstante, parte del aparato del Estado debe preservarse por el poder y libre de las mentiras oficiales para el consumo del populacho y ahí entre los conocedores de lo que pasa puede estar el posible enemigo oculto. La situación internacional puede ser determinante. Hoy sería difícil el triunfo de un golpe contra la voluntad de EEUU e Israel. Otra cuestión es la jefatura, que debe poseer dotes de mando y ser capaz de combinar estrategia y táctica. El mecanismo del asalto al poder tiene su propia naturaleza. Consta de tres etapas: fase preparatoria, de ataque y de consolidación.
La primera es la más dificultosa porque el gobierno puede descubrirla. Se debe crear una organización muy disciplinada que permita lanzar el golpe en el momento considerado oportuno. Tiene que haber una jerarquía evitando duplicidades y bicefalia. Existe el problema de los celos y egos entre dirigentes y el de mantener el contacto permanente entre dirigentes y seguidores. También es preciso alterar las condiciones objetivas a favor del golpe. La situación internacional es la más difícilmente manipulable aunque conviene buscar simpatías o posibles aliados.
No se puede olvidar la cuestión de las finanzas, más importante cuando los conspiradores no están en nómina, lo que hace preciso prometer futuros privilegios o compensaciones a los financiadores.
En cuanto a la selección de objetivos, Malaparte consideraba que era decisivo ocupar los servicios e infraestructuras, hoy, sobre todo las de comunicación. Trotsky pensaba que era la neutralización de los dirigentes gubernamentales, en especial del autócrata, mediante el secuestro o el asesinato. En todo caso la acción del ataque es decisiva y tiene que estar sincronizada y realizada del modo más rápido posible y sin perder la iniciativa.
Durante la fase de consolidación habría que atender la persecución de los derrotados y la movilización para pacificar, imponiendo en su caso, la ley marcial para evitar saqueos y actos criminales aprovechando la vacatio legis. Es muy conveniente una decidida labor diplomática explicativa. Para lo primero suelen confeccionarse listas de gentes a neutralizar.
En los golpes de Estado históricos el papel de las FFAA ha sido fundamental por activa o por pasiva. En el de Chile contra Allende fue decisivo el papel de las FFAA, organizadas por la CIA. Allende había conseguido el poder mediante elecciones pero desde luego no con tanta mayoría como para legitimar la introducción del comunismo rompiendo la tradición democrática chilena.

El ejemplo cercano de Italia
Casi nunca una revuelta popular sin apoyo ha resultado exitosa. A veces el apoyo viene de quien menos cabría esperar: el propio rey que se supone debiera velar por el respeto al ordenamiento legal. Así el de Mussolini en Italia de 1922: lo da un dirigente socialista apoyado por una organización derivada del Partido Socialista Italiano, con la complicidad del pusilánime rey Víctor Manuel III: “Su Majestad el Rey pide que se persone usted inmediatamente en Roma, pues desea ofrecerle la responsabilidad de formar un Gobierno. Con todo el respeto. Cittadimi,” (primer ayuda de cámara del rey).
El socialismo fascista se consolida en el poder. El 25 de septiembre de 1943 Mussolini proclamaba el nacimiento de la República Social Italiana en parte de Italia. El 12 de abril de 1944, para intentar salvar la Corona el rey nombraba a su hijo como “lugarteniente”. Sin embargo, para Croce: «Mientras la persona del actual rey permanezca a cargo del estado, sentiremos que el fascismo no ha terminado, que volverá a emerger más o menos camuflado». Y Toscanini afirmaba: «Estoy orgulloso de regresar como ciudadano de una Italia libre, pero no como súbdito de un rey degenerado y del príncipe de la casa de Saboya«.
El 5 de junio de 1944 sucede el traspaso de poderes del rey a su hijo Humberto, quien así ejerció de monarca, pero no poseía la dignidad del rey, que seguía siéndolo Víctor Manuel quien abdicaba el 9 de mayo del 46. Pero la maniobra no les valió: en el referéndum celebrado el 2 de junio, los italianos optaran mayoritariamente por la República. Padre e hijo tuvieron que partir hacia el exilio.

