Quince años después del 15-M, la Puerta del Sol ha vuelto a llenarse de tiendas. El detonante ha sido el desahucio de Maricarmen Abascal, de 87 años. El organizador visible es el Sindicato de Inquilinas de Madrid. Y, en la primera noche de acampada, el analista Andréi Kononov resumió su tesis en una frase: «La mano de Soros y los trotskistas vuelve a planear sobre la primer noche de acampada en Plaza Sol».
Lo que sigue no es un juicio sobre si la crisis de la vivienda es real —lo es— ni sobre si Maricarmen merecía o no permanecer en su casa. Es un recuento de lo que se ha documentado, desde 2011 hasta ahora, sobre las redes institucionales, mediáticas y políticas que rodearon la primera acampada y las que rodean a quienes han vuelto a ocupar el mismo kilómetro cero.
Lo que ocurre ahora en Sol
La acampada nació el sábado 26 de septiembre de 2026, al término de una manifestación contra el desahucio de Maricarmen. En 48 horas pasó de unas decenas de tiendas a más de 300. El Sindicato exige que el Consejo de Ministros del martes apruebe el llamado «decreto Maricarmen»: contratos indefinidos, congelación de rentas, fin del fraude en alquileres temporales y moratoria de desahucios. Si no, dicen, se quedan.
Las caras visibles son Valeria Racu y Alicia del Río. Racu, nacida en Moldavia en 1995 y llegada a España de niña, fue actriz en series españolas, estudió Antropología en la SOAS de Londres y allí fue co-presidenta del sindicato de estudiantes. Desde 2022 es portavoz del Sindicato de Inquilinas. Del Río combina esa portavocía con el activismo educativo. El sindicato nació en mayo de 2017, se presenta como organización de base financiada por cuotas (más de 4.000 afiliados, según sus cifras) y niega subvenciones públicas.
Esa autofinanciación es el dato que el propio sindicato pone por delante. El debate que Kononov y otros reabren no es ese, sino si el linaje organizativo, formativo e institucional de quienes dirigen la protesta encaja con el relato de un movimiento puramente espontáneo.
El 15-M según la investigación de Kononov
Kononov lleva años sosteniendo que el 15-M no nació «secuestrado» por Podemos, sino que ya nació con una arquitectura de disidencia controlada. En hilos de Thread Reader App y en un documental de 2017 («La estafa de Podemos y el 15-M») reúne nombres que se cruzan una y otra vez.
El vídeo «Los primeros 40 de Sol» muestra a Miguel Arana Catania como una de las figuras que, megáfono en mano, impulsó la primera acampada. Kononov documentó después que Arana no era un estudiante anónimo: era profesor ayudante de Física en la Autónoma de Madrid y, más tarde, acabó en el Área de Gobierno Abierto del Ayuntamiento de Manuela Carmena, junto a Victoria Anderica, de Access Info Europe, organización financiada por Open Society. Participó también en foros como Personal Democracy Forum, con patrocinio de fundaciones globales.
Otro nodo es 15M.cc. Stéphane Grueso, impulsor del proyecto, figura después en la Plataforma en Defensa de la Libertad de Información (PDLI), que admite financiación de Open Society. Patricia Horrillo, cofundadora de 15M.cc, colaboró con la AECID, la agencia española de cooperación. Juanlu Sánchez, Patricia Horrillo y Leila Nachawati coincidieron en 15M.cc y en Periodismo Humano, el medio que mejor cubrió las acampadas. Sánchez pasó después a trabajar para Open Society. Nachawati y Olga Rodríguez colaboraron con proyectos de la AECID.
La PDLI no es un detalle menor. Recibe fondos de Open Society. Entre las entidades fundadoras aparece el grupo CNSC de la UOC, en el que Kononov sitúa a Pablo Iglesias en varias áreas de investigación. El círculo se cierra: el partido que capitalizó electoralmente el 15-M y una plataforma mediática financiada por Soros comparten ecosistema académico.
Hay un tercer vector: NOVACT (Instituto Internacional para la Acción Noviolenta). Kononov señala que Grueso colaboró con el Programa Masar de la AECID a través de esta ONG. Las cuentas de NOVACT confirman subvenciones de Open Society / OSIFE en varios ejercicios (más de 88.000 euros en 2020; otras partidas en 2021-2024), además de AECID, Comisión Europea y Generalitat. La ONG ha operado en España, el Mediterráneo y conflictos internacionales. Kononov la ha vinculado también al 15-M, al Euromaidán y al procés.
La AECID, a su vez, financió en su día a la Fundación CEPS —germen intelectual de Podemos— y a proyectos de Observatori DESC, cercano a Ada Colau. Kononov la describe como la «USAID española»: cooperación al desarrollo con agenda geopolítica.
Un último dato de calendario que él considera decisivo: el 23 de marzo de 2011, 53 días antes del 15-M, se celebró en Medialab Prado el encuentro «Redada6: Derechos civiles, activismo e Internet». Allí se habló de provocar una «primavera» a la española. Para Kononov, eso desmonta el mito de la espontaneidad absoluta.
Ninguno de esos hechos demuestra que George Soros «pagara las tiendas» de 2011. Lo que sí documentan es una red densa: periodistas del 15-M que saltan a Open Society, ONGs de acción noviolenta financiadas a la vez por AECID y Soros, plataformas de «libertad de información» sufragadas por OSF y un primer indignado que acaba en el organigrama municipal y en foros globales.
De 2011 a 2026: qué se puede afirmar sobre los organizadores actuales
El Sindicato de Inquilinas no es 15M.cc. Nació seis años después, en el ciclo de la PAH y de la crisis del alquiler. Varios textos de militantes de Anticapitalistas —corriente de origen trotskista, heredera de Izquierda Anticapitalista— reivindican haber impulsado o participado en sindicatos de inquilinas de Madrid y Catalunya. Esa es la pata «trotskista» a la que alude Kononov: no un carnet único de todos los acampados, sino un cuadro militante con tradición de entrada en movimientos sociales para orientar su dirección.
La pata «Soros» sobre la acampada de 2026 es más indirecta y más reciente. Valeria Racu se formó en la SOAS (School of Oriental and African Studies) de la Universidad de Londres. En enero de 2020, George Soros anunció en Davos la Open Society University Network (OSUN). SOAS fue una de las 12 universidades de la primera fase. La propia universidad lo celebró: «SOAS could not be more proud to be part of the launch of George Soros’s ground-breaking vision». Además, Open Society ha concedido a SOAS subvenciones millonarias en 2023 (más de 1,4 millones de dólares en una partida; otras de 730.000 y 300.000). Que Racu estudiara allí no la convierte en empleada de Soros. Sí sitúa su formación en una institución que Open Society eligió como socio estratégico.
No hay, en las fuentes abiertas revisadas, una partida de Open Society al Sindicato de Inquilinas de Madrid comparable a las de NOVACT o la PDLI. El sindicato insiste en las cuotas. Quienes denuncian «la mano de Soros» argumentan otra cosa: que los cuadros, las ONGs hermanas, las universidades de formación y los medios que cubren con simpatía estos ciclos pertenecen al mismo ecosistema que ya operó en 2011.
Qué se puede y qué no se puede concluir
Hay tres niveles que conviene no mezclar.
Primero, los hechos documentados: financiación de Open Society a PDLI, NOVACT y SOAS; tránsito de periodistas del 15-M a OSF; presencia de Arana en el Ayuntamiento de Carmena junto a una ONG financiada por Soros; militancia de Anticapitalistas en el movimiento de vivienda; continuidad simbólica y táctica entre 2011 y 2026.
Segundo, las inferencias razonables: un movimiento que se presenta como asambleario y sin líderes tiene, de hecho, portavoces con itinerarios muy concretos (SOAS, sindicalismo estudiantil londinense, PAH, Anticapitalistas). Eso no anula el malestar por el alquiler. Sí cuestiona el relato de la generación espontánea.
Tercero, la tesis máxima —que Soros y un aparato trotskista «montan» las acampadas para desestabilizar España al servicio de una agenda globalista—. Esa tesis es la que Kononov formula desde hace una década. Las coincidencias institucionales la alimentan. La prueba de mando directo, de cheques a las tiendas de Sol o de un comité central que decide el «decreto Maricarmen», no está sobre la mesa.
La plaza, mientras tanto, sigue ocupada. El Gobierno habla de trabajar «a contrarreloj». Maricarmen envía mensajes desde el hospital. Y el debate que el 15-M nunca cerró —quién organiza, quién financia, quién narra— ha vuelto al mismo adoquín.

