Por Alfonso de la Vega
Y no solo el popular Escamillo, amante de Carmen la cigarrera, sino a Morante de la Puebla y en un segundo grado al propio don Juan Carlos por desafiar a la torera las prohibiciones de su vengativa nuera y sumiso hijo. A los gritos generalizados de ¡Viva el rey! y ¡Viva España! el rey don Juan Carlos acompañado por su hija mayor y varios nietos asistió a la corrida de la Maestranza, alojado en un hotel emblemático de Sevilla, ya que tiene prohibida su pernocta en Palacio ocupado por la emergente y dominante Rocasolano. Es de suponer que la aparición en olor de multitud le habrá llevado a un fulgurante ataque de nervios a su piadosa nuera y el sumiso consorte.
Don Juan Carlos se mostraba muy deteriorado físicamente cuando renqueante entraba a la Maestranza para dirigirse al palco,
La esperada corrida del domingo de Resurrección de este año tenía varios alicientes, la reaparición de Morante y su rivalidad en la cumbre con Roca Rey, junto con triunfador del año pasado.
El festejo de ayer tuvo dos etapas diferenciadas, la segunda de gran interés frente a la decepcionante frustrada primera justo al revés que el desempeño histórico borbónico tras su reinstauración, una calamidad digna del pañuelo verde para la oportuna devolución a los corrales por inservible para la lidia en esta otra segunda tras la abdicación. En ciertos medios se especula con que el regreso del rey precisamente ahora más que por los toros o el riesgo de la zona bélica también pudiera tener que ver con la filtración de una hipotética grave crisis entre la Casa Real y el Vaticano por causa de Letizia.

Sea como sea, como en él es costumbre, Morante lo bordó en su segundo toro, tras una memorable faena plena de sensibilidad y talento, ya prologada con la capa. Cortó dos orejas. Roca Rey realizó una faena elegante en el quinto, al que cortó otra oreja. David de Miranda tuvo pésima suerte con su lote. Con el sobrero que sustituyó al sexto realizó toda una proeza de valor, enfrentándose a una fiera de pésimas intenciones que le dio un espectacular revolcón y estuvo a un paso de mandarlo definitivamente al hule. Consiguió otra oreja,
Don Juan Carlos no cortó orejas ni menos un rabo pero se llevó grandes aplausos del público.
La cita del domingo mostró que la tradición sevillana no ha pasado a la historia pese a las maniobras del Poder. La Tauromaquia sobrevive a las insidiosas amenazas de la Agenda 2030 e incluso la controvertida imagen de don Juan Carlos salió reforzada como otro héroe casi de la importancia inaccesible del gran Morante.
Me hubiera gustado estar presente en Palacio cuando se mostraban las imágenes de la aclamada aparición en olor de multitud del Emérito. Queda la incógnita de si verá obligado a volver a los Emiratos, hoy en plena peligrosa zona bélica.

