viernes, abril 4, 2025
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El arte del desgobierno desde el infierno: los demonios falsamente humanos

El arte de la política se está convirtiendo en el arte del mismo demonio, en la forma de imponer la religión del satanismo por la puerta de atrás, en la imposición de las ventajas de estar al lado del lado oscuro, de la muerte, de la mentira, del engaño, de la traición, del odio, del desprecio, de la destrucción de la dignidad del otro y la introducción del silencio y la incomunicación entre seres humanos. Todo muy luciferino, desalentador y perverso, siguiendo los objetivos de Leviatán. En esta ocasión aprovecharé para analizar el perfil de los esbirros o matones para este propósito, auténticos psicópatas con instinto criminal. Analicemos cada uno de los cinco aspectos que paso a desgranar para conocer a nuestros enemigos y sus puntos débiles.

Primer aspecto: falta de control de impulsos.

Cuando hay dependencia de los hábitos no existe resistencia posible ante lo que se considera imprevisto. Es entonces cuando este tipo de sujetos desata todos sus fantasmas o frustraciones consigo mismo. Para entender esta idea partamos de una hipótesis: “El yo interno, el cual actúa a nivel inconsciente como un compensador energético, es el que avisa de una sobrecarga debida a tareas incumplidas con uno mismo. Se puede decir que el estado de conciencia es el punto en que se logra el equilibrio perfecto. La responsabilidad básica es aquélla en la que el sujeto libera sus emociones de manera que el inconsciente no tiene que estar en estado de alerta, al tiempo que el flujo profundo genera sensación de bienestar. Todo lo que contravenga este requisito es fuente de fastidio.”  Cuando se realizan tales conjeturas, se produce la acumulación de emociones, vía represión. Los juicios del sujeto consigo mismo en torno a una infravaloración creciente que aumenta a su vez el daño psicológico auto infringido. Es entonces cuando se acumulan las tareas y los procesos no se cierran. Todo lo que no se conecte con amor a uno mismo genera desarmonía y conflicto. La conciencia humana, aún en estado latente, tiene que recibir su alimento espiritual y ello sólo se consigue si el sujeto es capaz de auto reconocerse y aceptarse como entidad energética global; todo lo que no se corresponda con ello se convierte en fuente y origen de la rabia hacia uno mismo.

Esa rabia convierte al sujeto en un león hambriento con sed permanentes de víctima en forma de ataques a través de la modalidad física o bien energética, debilitando con el miedo.

El sujeto funciona bajo unas reglas que en el fondo desconoce y ello lo conduce a no reconocer ni en público ni en privado las razones que se esconden detrás de estas reacciones, casi siempre impredecibles.

Segundo aspecto: falta de autoestima.

El imperator corruptus se considera un ser absolutamente inútil para sus propios propósitos y para los ajenos, a menos que alguien les señale el procedimiento a seguir, normalmente emulado por sus congéneres. Se puede decir que este sujeto presenta un alto cuadro de inseguridad, mezclado con una incapacidad de contextualización de sí mismo dentro de sí y en el entorno en el que vive. Su fin es perderse en el eterno laberinto de lo predecible, en una contradicción atroz.

Incapaz de responderse a la pregunta de quién es y cuál es su propósito de vida, llega a incluso a atormentarle este cuestionamiento. Su preferencia por lo colateral y externo a los asuntos fundamentales que trata, hace que se pierda constantemente, huyendo de su temor y necesitando inventarse una realidad virtual en la que sí funcionen sus razonamientos que, en muchos casos, sirven para su autodefensa personal, incluso de sí mismo.

El resultado de ello es la incapacidad de rectificación porque para que ésta se produzca hace falta una conciencia clara de lo que provoca sensación de bienestar interno y de malestar. Dado que sólo se concentra la quietud en lo segundo, crece en él la necesidad de destrucción permanente. Una vez que se agota en este menester, se vuelve dócil, mientras antes actuaba de manera completamente compulsiva. En otras palabras, su vida requiere de un ciclo reiterado de autodestrucción para volver a nacer, ser fuerte y aniquilarse, así hasta la extenuación que le demuestra su capacidad.

Tercer aspecto: síndrome de Estocolmo.

La fantasía, en la que este sujeto juega a ser dueño de su propia vida, en la que sus acciones se ven colmadas de éxitos, tarde o temprano, en la que considera que son los demás los que le van a abrir las puertas del cielo, se convierte en refugio. No importa que la meta se haya logrado o no, sino que se tenga la sensación de que nadie le prohíbe dar el paso correspondiente para conseguir el bienestar, muchas veces asociados a bienes materiales y a necesidades emocionales muy precisas. Así frente a la infra autovaloración se ubica el reconocimiento excesivo en acciones que compensan la ausencia de control, cuyos esquemas quedan sobre cotizados en su eficacia para provocar una imagen de coherencia y sensación de certeza. Así el homo corruptus frente a su diezmada autoestima, alza su frente y muestra su arrogancia y orgullo, normalmente empleando excusas que sólo valen en su pequeño mundo.

Cuarto aspecto: frialdad emocional.

El homo corruptus es eminentemente racional. La desconexión con su parte emocional, con su yo interior, el cual es condenado al ostracismo y al silencio absoluto en las materias consideradas incómodas, supone todo un inconveniente para el alimento de la conciencia. Una vez que el esquema mental se convierte en hábito globalizado de control del inconsciente para no dejar ninguna fisura, cerrando todas las puertas a los habitantes que se consideren incómodos, la conciencia se limita a aquello que el sistema considera como permisible o autorizado. El sujeto emplea toda la energía mental para protegerse y pensar en sí mismo, de cara a su bienestar exclusivo. Ello implica excluir al resto de las personas. La última razón de la vida reside entonces en que uno mismo se encuentre bien, dejando a los demás fuera del campo de acción y desajustando la balanza.

Quinto aspecto: parasitismo.

Quien realiza tales acciones no se siente identificado con su medio social y, lo que es peor, lo considera algo hostil, de modo que ha de estar en alerta como estado natural. Esta sensación de desprotección hace que quien agrede lo haga por necesidad y para evitar un daño que no llega a ´producirse sin tan siquiera.

No se produce una identidad personal a menos que se ancle en elementos externos, tales como el dinero, los bienes materiales, reconocimientos o éxitos bien visibles. El hecho de que no se dé un anclaje interno no significa que no se busque, pero como no se encuentra, trata de encontrar la raíz que se enlaza con los elementos externos. El resultado no es otro que la seguridad surge en la medida en que los demás no se sienten así, sin importar si hay que provocar ese tipo de sensaciones, no importa cómo. Es así como se produce una adicción hacia la podredumbre psicológica de los demás, con tal de no ver la que se genera dentro de quien se alimenta de la bajeza de otras personas. Los argumentos se vuelven caprichosos y las imputaciones de hacen fácilmente, con tal de genera un estado de tensión en el que el objetivo es baja la autoestima de la otra persona.

Lo que no se acepta de uno mismo tiende a liberarse hacia la otra persona, empleándola como basurero, muchas veces convertido en creencias que las víctimas se creen, lo cual los convierte en carne de cañón no sólo para el sujeto inicial, sino para los restantes.

Sirvan estas cinco pinceladas para entender el perfil de los psicópatas que nos gobiernan y conocer no sólo conocer sus puntos débiles y como atacarlos uno por uno, hasta dejarlos desarmados, sin capacidad de reacción y tan confundidos que huyan con las ratas, igual que hizo Pedro Sánchez de Paiporta.

Llegados a estos extremos es esencial entender estos extremos para entender su obsesión por la censura, el insulto, la cultura de cancelación y otras medidas psico mafiosas de estos sujetos, las cuales encierran una debilidad tan impresionante que con la verdad se puede conseguir que ardan en su propio infierno. Con el mismo odio y desprecio que ellos tienen hacia nosotros, hemos de demostrarles que estas actitudes, de puros cobardes, no les sirven para nada. 

Armémonos de valor humano para desarmar a estas almas vendidas a Lucifer, asquerosamente cobardes.

 

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1 COMENTARIO

  1. Ángel lo clava, recordemos las imágenes de Sánc-HEZ abandonando el pleno contrariado por una dura intervención de la oposición cargando contra «su persona».

    Cada día está más claro, todo se reduce a una cuestión de salud mental.

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