miércoles, mayo 22, 2024
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Nuestra libertad

¿Qué es este mundo? ¿No es un videojuego? ¿No es el mejor de los videojuegos? ¿Qué le pedirías, por encima de todo, a un videojuego? ¡Que no te aburra! En este mundo, el que se aburre es porque quiere, porque desea “quedarse como está” y no avanzar en el juego.

Pero el caso es que, se quiera o no, el juego está en continuo movimiento, y los retos se van presentando, inexorablemente. ¿Y cuál es el sentido de esos retos? Dar al jugador la oportunidad de ir ganando. ¿Cómo te sientes cuando ganas muchos puntos en un juego? ¿Cómo te sientes cuando no ganas? Pues eso, si te quedas como estás, dejas de ganar puntos, ¡Y te aburres!

Como cualquier videojuego, el mundo está gobernado por un algoritmo. ¿Cuál es ese algoritmo? Es muy simple: “Nunca te repitas”. Pero que sea simple no quiere decir que sea fácil de programar. Ningún informático del mundo sabría hacerlo, porque su ciencia se basa en la repetición, que es lo más opuesto al algoritmo que rige el mundo: ¡La creación! Crear es lo opuesto a repetir, que es lo que hacen las máquinas, también las de los informáticos. A ellos les gusta predecir lo que pasará basándose en lo que pasó, adivinar el porvenir ordenando datos del pasado, y eso genera un futuro repetitivo. Es por eso que todos los videojuegos que “inventan” acaban aburriendo. Pero el mundo nunca aburre; podrás decir de él, como de cualquier videojuego, que te resulta fácil o difícil, pero nunca aburrido. No aburrir es el meollo del algoritmo ¿Puede haber una mejor “garantía de fábrica”?

Para que un videojuego no aburra, los gráficos deben ser buenos. Los del mundo son inmejorables. Mira a tu alrededor: Si estás en un bosque, verás que hay muchos árboles. Puede que todos sean pinos, o hayas, o abedules pero, en cualquier caso ¿Ves alguno repetido? ¿Ves alguna montaña repetida? Ni los copos de nieve se repiten ¡Todos son distintos! Eso no lo sabe hacer ningún informático, ni lo sabrá nunca, porque los escenarios que “inventan” se basan en la repetición, no en la creación. ¡La creación es un algoritmo irrepetible!

¿Y qué te parecen los personajes? Podrás decir que te caen mejor o peor pero ¿Ha sido motivo que queja, alguna vez, la “poca variedad”? Pues aun así, los informáticos se empeñan en “crear” personajes nuevos, pero no hacen más que fabricar monstruos, quimeras, cortando por aquí y pegando por allá. Su ciencia les vale para armar “frankesteines” pero no una simple flor y mucho menos un pavo real.

¿Cuáles son las normas del juego del mundo? No hay. Cualquier otra norma entraría en conflicto con la norma básica, que es “Nada se repite”. Nunca, nadie, podría imponer una norma, un algoritmo, que haga inoperante el algoritmo fundamental. Todos sabemos que, lo queramos o no, el mundo seguirá girando (Bueno, es una forma de hablar ya que, bien mirado, nunca giró de verdad. Girar es dar vueltas, y eso es repetir, y no evolucionar).

¿Y qué ocurre si no quieres jugar? Nada. Se puede jugar, no jugar, e incluso modular la “intensidad” del juego, aceptando unos desafíos y otros no. Eso ralentiza el juego y genera la sensación de que jugamos juegos distintos, pero es el mismo para todos, con los mismos niveles y los mismos puntos a ganar. Cada cual decide si acepta ahora el reto o lo pospone, pero no una eternidad, porque si el jugador pudiera hacer eso, se condenaría a no obtener nunca los puntos necesarios para ganar.

Y que conste que no hablo del “ganar” de los informáticos. Ellos diseñan un juego con una meta y cuando llegas, ganas, y ya lo tienes que tirar. En el juego del mundo se trata de un “ir ganando”. ¿Hasta cuando? Obviamente, hasta que se quiera dejar de ganar. Ese es nuestro derecho, nuestro libre albedrío, pero no nuestra libertad.

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