domingo, abril 21, 2024
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Paradojas del régimen. La amnistía como corolario

Por Alfonso de la Vega

La aprobación de la amnistía devastadora no debería sorprender cuando se analiza la verdadera naturaleza del Régimen borbónico más allá de la naturaleza de la casta política que lo explota. Es casi un corolario matemático. Veamos.

Un servidor, que ha estudiado Álgebra en sus tiempos mozos, recuerda que había sistemas de ecuaciones y variables independientes. Que para que el sistema fuera compatible determinado, que significa que tuviera solución, el número de ecuaciones y el de variables independientes debía ser el mismo. Que si había más ecuaciones que variables independientes el sistema era incompatible salvo que algunas de las ecuaciones fueran combinación lineal, o lo que es lo mismo fuesen iguales.

Es decir, traducido a lo político, no hubiera verdadera soberanía. Dieciocho parlamentos más un Senado políglota, sin verdadera soberanía ninguno, dispuestos a recibir órdenes ejecutivas de la autoridad competente ajena o exterior que corresponda. En febrero de 2011, escribía en ABC un breve artículo sobre la estructura de poder española en relación con el Álgebra en el que insistía en estas ideas:

En Álgebra se estudia la compatibilidad de sistemas de ecuaciones atendiendo a su número y al de variables independientes. Los hay compatibles, determinados, indeterminados o incompatibles salvo combinación lineal. La combinación lineal significa aquí que no pueden ser soberanos a la vez dos parlamentos diferentes legislando sobre lo mismo. La incompatibilidad es el nacionalismo.

Desde el punto de vista técnico los hechos parecen demostrar la incompatibilidad de un sistema federal, incluso confederal después del Estatut, con el régimen de Monarquía parlamentaria. Seguro que la cosa mejoraría con una nueva Ley electoral. Pero quizás para que la Nación española sobreviviese habría que volver a una forma de gobierno monárquica no federal o ir a un sistema republicano con elección directa del presidente de la República, al modo francés o americano.”

Esta sería la manera de mantener un sistema federal. Si bien desde el punto de vista histórico la federación ha servido para formar unidades políticas más grandes o amplias, para unir, no desde luego para desunir lo ya antes unido como sería el caso de España. Gracias a la legitimidad electoral directa, al derecho al veto y a cambiar al gobierno tal sería la forma de obtener una fuerza centrípeta capaz de compensar o equilibrar las poderosas fuerzas centrífugas o disolventes de tinglados tales como el sistema autonómico. Cosa que una monarquía no puede hacer salvo mantener un jefe de estado más o menos decorativo en función de su propia autorictas. Ni tampoco Su jefe de gobierno si depende del juego de las mayorías parlamentarias formadas por los que quieren deshacer la nación, cuya representación además encuentra sobredimensionada respecto a los reales apoyos en votos gracias a una ley electoral defectuosa.  

Incluso sin ser un sistema federal, lo que desde luego es bueno para ellos por lo que deben felicitarse nuestros vecinos, el jefe de Estado portugués ha obligado a dimitir y convocar elecciones al colega y correligionario socialista del ínclito presidente del gobierno de Su Majestad.

Paradojas del tenderete borbónico desplegado a través de la constitución del 78: el mismo vicio de su diseño que dificulta sino impide una feliz gobernación en beneficio de España de carambola pudiera resultar bueno para la supervivencia de la nación española. Me refiero a la convocatoria adelantada a mayo de las elecciones autonómicas catalanas. Una decisión que pone patas arriba el calendario inicialmente previsto por el doctor falsario y su abigarrada tropa. Se complica la negociación y aprobación de los presupuestos. La gobernación nacional española parece imposible porque no puede soportar tantas variables independientes, salvo que no lo sean.

De modo que se abre otra importante incógnita sobre el futuro de la legislatura, de lo que cabría felicitarse en este caso en concreto si dificulta o retrasa el proceso golpista institucional en curso. El artefacto golpista pasa ahora al Senado. Nuestro sistema político es ruinoso y liberticida, protege la delincuencia y conspira contra la nación pero al menos es preciso reconocer que no escatima en espectáculo.

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