miércoles, abril 24, 2024

El bicho X

Hablemos del miedo, al mismo al que me refería hace años cuando participé en un evento contra las mal llamadas vacunas y el covid, diciendo que éste era el verdadero virus, algo que soliviantó tanto a las redes que a Psicólogos por la verdad nos declararon organización non grata por antivacunas. En el Foro de Davos, el presidente de la Comisión Europea (y digo presidente porque es para ambos géneros), Úrsula Von der Leyen, y Pedro Sánchez, parece ser que muy sintonizados, nos soltaron una serie de chorradas para ver si temblábamos y pasábamos unas cuantas noches de pesadillas ante sus discursos, que parecen sacados de  los cuentos de la cripta. Merece la pena analizar lo que deseaban que tuviéramos nuevamente, porque estos personajes nunca descansan…

Hemos vivido cuatro años de pesadilla y ya va siendo hora de liberarnos de ideas que no son nuestras, de malas intenciones que nos han introducido a través de los “miedos de incomunicación” cuyos protagonistas se disfrazaron de seres humanos, cuando en realidad eran demonios encarnados. El terror, el virus X, las nuevas pandemias que están por venir y que nunca llegan, pero algunos lo creen es lo que desean infundirnos. ¡Ojo, mucho cuidado! ¡El uso del terror es peor que lanzar una bomba termonuclear porque sus efectos resultan más tóxicos y duraderos, aparte de que puede hacer que te mueras si deja de funcionar tu sistema inmunológico, tal como ocurrió durante la plandemia covidiana!

El miedo es un arma de guerra perfecta pues es indetectable y va directamente a nuestro inconsciente más profundo sin que podamos hacer absolutamente nada pues ya lo tenemos instaurado desde niños y, además, nos han enseñado que el sólo hecho de sentirlo es ya una señal de alerta de que algo va muy mal y, aún mucho peor, de que actuamos incorrectamente. ¿Por qué sino vamos a sentirlo, del mismo modo que cuando desobedecíamos a nuestros padres, los cuales querían lo mejor para nosotros? Quiero decir que, por un lado, nos han programado por la educación a tenerlo y, por otro, a percibirlo como un termómetro de lo buena que son nuestras acciones, algo que no guarda relación alguna como veremos más adelante.

Nuestro cerebro se divide en tres partes: el cerebelo, encargado de las funciones más básicas como la de los órganos más esenciales, como los pulmones o el corazón; el sistema hipotalámico, donde se encuentran nuestras raíces primitivas como mamíferas, lugar donde se encuentra el procesamiento de las emociones, la memoria, los hechos de nuestras vidas en secuencias, la asociación entre éstas y nuestros episodios amnésicos y nuestra intuición, que se ubica en la amígdala o glándula pituitaria, el centro de nuestra espiritual, así como la parte frontal donde se encuentra el raciocinio, la lógica, la capacidad de control sobre nuestras emociones, el reconocimiento de la realidad, de la evidencia, de la crítica y de la observación. Dado que estas tres partes están conectadas y cómo el cerebro del mamífero primitivo está ligado al instinto y a la conciencia de supervivencia, es completamente autoritario, no entiende de algoritmos y seria donde se ubican nuestro aspecto más inconsciente. En mi libro Ansiada libertad explico en el capítulo II como la sensación de certidumbre está muy ligada a la costumbre, que no es más que el conjunto de hábitos que no se reducen a acciones repetitivas, sino a creencias, esquemas mentales (la suma de las anteriores) y el modo en el que las creamos, procesamos, reaccionamos y nos alimentamos de ellas para crear nuestra mátrix o sentido de la realidad. Es decir, que el funcionamiento de nuestra parte instintiva no tolera crítica alguna y de ahí viene que muchos acepten al fascismo como forma de vida, al no haber madurado en su aspecto emocional, es decir, siendo completamente infantiles.

Si nuestra supuesta inteligencia depende de todo este complejo proceso, muchos de ellos son incontrolables y desconocido, es decir, que el motor de nuestra conducta (y es algo que explico a mis pacientes) es subconsciente (traumas infantiles de carácter repentino o continuado, generalmente suaves e indetectables que alimentan nuestros miedos).  Vemos lo fácil que es manipular nuestras mentes y como muchos ya están programadas para sentir terror. 

Si a esto le añadimos la ansiedad liquida, consistente en un miedo que no podemos adjudicar a ninguna razón concreta, la cual se genera normalmente en el momento en el que se emplea la técnica de manipulación sin líder, creada por Kurt Lewin, consistente en cambiar constantemente el entorno social infundiendo cierta sensación de seguridad si se siguen unas reglas, normalmente encaminadas a limitar más el espacio personal, al tiempo que el Estado se va introduciendo en la vida privada de los ciudadanos a través del miedo inoculado desde la infancia. De este modo es posible ir cerrando el círculo sin que el sujeto se percate (lo que se podría llamar la técnica de la rana), logrando que éste se vaya habituando al nuevo contexto, tras lo cual surge otro nuevo, nueva norma que es igual a nuevo condicionamiento skinneriano, de acuerdo con el conductismo de principios de siglo XX. Ante la imposibilidad de discernir sobre la causa de semejante sensación, el sujeto busca desesperadamente una razón para adjudicar sus erróneos y disfuncionales razonamientos, que surgen ante una terrible disonancia cognitiva (o forma de evitar el dolor y centrarse en el placer, aunque no exista en el presente y si potencialmente en el futuro), agarrándose a un clavo ardiendo que le lanza el Estado para que éste siga con su plan de esclavización mediante cualquier argumento que se vuelve válido, tal como ocurrió con el plan covid 19, probado y discutido en Nueva York en octubre de 2019 en el Evento 201 (al que acudieron todas las partes involucradas, incluyendo a la mente siniestra y creadora, una suerte de Tedros Adamon, Soros y Bill Gates, en representación de sus maestros satanistas) y ahora ocurre con el virus X, el cual relacionaron, desde el Foro de Davos, con el ridículo y sin argumentos cambio climático, convertido en una secta diabólica como todo lo que crean con la estructura bíblica: principados, potestades, gobernantes de las tinieblas, huestes de maldad y espíritus inmundos (muchos de ellos encarnados).

Cualquiera de estas ideas absurdas sirve para que la masa adjudique su malestar a una razón, perdón amenaza, frente a la cual surgen unos enemigos (en la plandemia eran los no vacunados, los que no se ponían los bozales de perro, los que no obedecían al gobierno), de forma simple, como si se lo dijeran a niños de 3 años, porque el miedo, dicho sea de paso, nos vuelve además infantiloides, inmaduros, impulsivos, agresivos, vengativos, violentos y dispuestos a todos para sentirnos seguros; a más terror se infunda en la sociedad, más esclavos, más servidores y defensores de los psicópatas que sin escrúpulos infunden el terror nos volvemos (¿Acaso no es eso terrorismo del que nos hacemos cómplices?).

Pura estrategia demoniaca, pura mentira, pura manipulación por parte de los ministerios que, siguiendo la doctrina satánica, se disfrazan de seres de luz, como se presentaron los falsos ángeles para engañarnos, y así introducirnos las ideas de su secta, porque su fin no es otro que estemos en ella, en su sucio y repelente sistema de pensamiento donde hay que excluir al otro para que yo sobreviva y así destrozar la sociedad, porque a esta gentuza no les basta con actuar como repulsivos comunistas, no; al no tolerar la más mínima desobediencia porque les hace sangrar su finísima piel de Pierre Cardin y adenocromo, desean un modelo social en el que se sientan cómodos y puedan seguir manteniendo sus privilegios, con seres humanos que no les causen malestar ni pesadillas, como cuando Úrsula Von der Leyen (cuyo nombre parece sacado de un cuento de terror) nos decía desde Davos, complaciendo a su amo Klaus Schwab, que el principal problema no era el cambio climático, sino la desinformación o noticias que van en contra de lo que piensan, como si estos sujetos (por llamarlos de algún modo) fuesen las únicas personas inteligentes del planeta y nadie tuviera derecho a pensar libremente, salvo ellos que, han sido tocados y bendecidos por el mismísimo Satanás. En ese sentido, siguiendo su inteligentísima hoja de ruta, han de infundirnos miedo, mucho miedo para que nos pongamos el bozal de perro nuevamente, y qué mejor excusa que el virus X y su pandemia imposible, esa que nos les resulta ni  sacrificando a niños al estilo de antiguo dios Baal, algo que sería ya demasiado descarado en este siglo XXI.

Por eso, cuanto menos miedo mejor, cuánto más nos expresemos mejor, cuando más los critiquemos, mejor, cuánto más  digamos nuestras ideas, más las investiguemos, más en ridículo les dejemos ante sus estúpidos argumentos y su falta ante el más mínimo intento de confrontación, cuánto más protestemos, más digamos que no estamos de acuerdo, más los desobedezcamos, menos casos les hagamos y tengamos claro que en el fondo son como los niños con tanto berrinche que merecen una paliza, donde se les daba antes en el antiguo modelo educativo, más chicharán y más terror nos tendrán.

No hay peor cosa para los otros que un hombre consciente de sus ideas, que no está dispuesto a cambiarlas, aunque se lo ordene el Papa, el gobierno, un policía o cualquier vecino o sujeto ignorante que no conoce del tres al cuarto mejor. Jodámoslos donde más les duele. Úrsula, pobre Von der Leyen, te viene la noche…

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1 COMENTARIO

  1. Son criminales y como tal deben ser tratados.
    Von der Mierda ya tendría que estar detenida y procesada por el Pueblo.
    Esta criminal merece la inyección letal es decir el arma biologica inoculada que ella no se puso.

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