lunes, junio 24, 2024
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Por la caridad sigue la peste

El pasado sábado llegué a Madrid muy pronto y pude dar un paseo por Gran Vía a la hora en que mucha gente estaría volviendo de fiesta. En esa calle que nunca duerme siempre hay gente deambulando, pero también muchos señores tirados por la calle en auténticos fortines de cajas de cartón con colchones y todo tipo de basura por alrededor. Como sería de esperar en estas fechas, gente bien intencionada estaba volcada sobre algunos de estos indigentes y les ofrecían dinero o comida o les preguntaban qué tal estaban. Lo que no me llamó la atención, porque también me lo esperaba, es que esta gente que estaba en la calle rechazaban su comida. Pero, ¿por qué esto? Porque estas personas tienen problemas que trascienden lo material. Son personas que desgraciadamente han caído en adicciones muy brutales, que van desde el alcohol o las drogas al juego, o que sufren problemas de tipo psiquiátrico o psicológico que no se arreglan con un poco más de dinero.

La mendicidad debería estar prohibida, pues es denigrante

El dormir en la calle conlleva no sólo molestias para la gente que vamos por ahí pasando, sino sobre todo graves problemas para estas personas que viven en la indigencia. Y yo sé que parezco un desgraciado por decir esto, pero recientemente ha fallecido un joven español en Santander, dormido en plena calle. No son las condiciones para que ninguna persona pueda vivir y todos somos personas que necesitamos unas condiciones de vida dignas. no existen los indigentes o los pobres profesionales, como tampoco existen los delincuentes: existen personas que están abocadas a ciertas situaciones, pero que pueden cambiar. Cosa que no harán si se les permite seguir en su equivocado camino.

El joven muerto en la calle en Santander, donde ejercía la mendicidad.

Estamos en fechas muy entrañables en las que a todos se nos abre un poco el corazón, sobre todo, al pensar que hay personas que viven en condiciones muy lamentables de todo tipo. Sin embargo, como de costumbre, no cualquier solución es válida y desde luego que no todo se arregla dando dinero alegremente. Me refiero, en concreto, al acto altruista, pero bastante ingenuo, de andar repartiendo los dineros por la calle a cualquier persona que está tirad por ahí. Así no es como les ayudas.

Estamos hablando de problemas mentales y psicológicos y adicciones

La pobreza que padecemos en Occidente en general no es tanto material y de falta de dinero y de cosas como de otro tipo, más difícil de tratar y de remediar. Estamos hablando de problemas mentales y psicológicos y adicciones, lo que viene a ser lo mismo, y esto no se cura ni se arregla dándole al enfermo dinero para que pueda seguir consumiendo cualquier cosa por ahí que desde luego no le viene bien. Es como echarle más leña al fuego. Y yo entiendo que mucha gente va a contestar que en tiempo ni capacidad de ayudar a gente que tiene unos problemas personales muy fuertes que los han llevado a vivir y a pedir en la calle, pero hay muchas cosas que podemos hacer y no solo en Navidad para ayudar a estas personas. Para empezar, si no podemos hacerlo de otra manera, el dinero siempre es bueno y ayuda. Pero yo siempre recomiendo dárselo a Cáritas y desde luego no repartirlo por ahí alegremente entre las personas enfermas que no saben administrarse.

Y no estamos hablando sólo de drogas o alcoholismo. En muchos casos, las personas que viven en la calle han llegado a esa situación por otros problemas como la ludopatía, que es todavía más difícil de detectar en un enfermo que necesita ayuda en todos estos casos. Porque son personas que necesitan que alguien se ocupe de ellos. Y precisamente por esto, por su falta de autocontrol y autoestima entre otras cosas, no sirve de nada que le demos dinero a una persona así que no sabe ni qué hacer con ello. Que tiene hábitos autodestructivos. Que duerme en la calle porque desprecia el más mínimo tipo de autocontrol que supone ir a dormir a cualquier institución donde tienen camas para ellos.

Ayudar a estas personas NUNCA pasa por dar dinero porque sí

Es por ello que, insisto, ayudar a estas personas NUNCA pasa por dar dinero porque sí. Tampoco comida. Porque comida tienen por Cáritas y por las instituciones que les dan comidas calientes, muchas veces también en las propias instituciones de la Iglesia. Y si duermen en la calle esto es, lógicamente, porque están inmersos en una vorágine de abandono y falta de control total sobre ellos mismos. Una problemática en la que podemos colaborar acudiendo a las instituciones benéficas que ayudan a esta gente como verdaderamente hay que hacerlo.

Agresiones entre personas de la calle

En fechas recientes, por otro lado, pude asistir en primera persona a una agresión de una persona de la calle contra otra. Esto ocurrió en Santander hace unos meses, cuando una discusión entre dos varones en la Calle Madrid llamó mi atención y me encontré con un hombre joven que era golpeado con brutales puñetazos en su rostro. A continuación, huyó de su agresor, de origen saharaui, con los pantalones casi por el suelo y el rostro hinchado y ensangrentado por los golpes. Un espectáculo nada agradable. Yo llamé a la Policía mientras este agredido me aseguraba que iba a venir su hermano a vengarlo, pero lo que más me sorprendió es que los agentes me contaron que estos dos individuos vivían juntos. Increíble. A los pocos días, el saharaui también tenía la cara más hinchada que un globo.

¿Es esto un problema que podemos solucionar dándoles más dinero, para que se roben entre ellos y se lo gasten en drogas y alcohol mientras siguen tirados en la calle?

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