martes, junio 25, 2024
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Se traspasa, razón La Zarzuela

Artículo de Alfonso de la Vega

Los últimos acontecimientos parecen indicar que estamos asistiendo al principio de una etapa final de nuestra historia, que empezó a visualizarse como evidencia tras el terrorífico y nunca bien aclarado atentado del 11 M. Sí, “nos la pusieron, pobre y escuálida y beoda, para que no acertara la mano con la heridacomo decía Antonio Machado.

¿Por qué hemos llegado aquí?

Pero es preciso intentar comprender qué pasa, qué responsabilidad tiene el tinglado constitucional, la politeia, y qué parte se debe al mal desempeño.  Aunque ambas cosas se retroalimentan para bien y para mal.  Una chapuza institucional hace aumentar los malos desempeños que se promocionan o quedan impunes y a su vez éstos agravan la chapuza institucional. Lo contrario también es cierto porque el buen hacer de la integridad y dignidad personal e institucional retroalimenta el bien común. 

La estructura política constitucional enmascara la realidad de una oligarquía oculta cuyos intereses sirve. 

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Estructura constitucional

Uno de los problemas básicos es la carencia de poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial verdaderamente independientes. En la realidad, un único poder partitocrático con diversidad de funciones. Otro es la no representatividad popular real del parlamento ni de igualdad de todos los españoles ante la Ley.

Desde el punto de vista institucional algunos hemos sido muy críticos desde el principio tanto con el Título segundo, La Corona, como muy especialmente el octavo sobre las autonomías. La interacción entre ellos pensábamos que al cabo terminaría en un desastre inevitable y por desgracia el tiempo nos ha dado la razón.

Un sistema más que federal con terribles fuerzas centrífugas como es el que impone la constitución del 78 requiere una gran fuerza compensatoria de carácter centrípeto que por definición no puede ofrecer una monarquía parlamentaria en la que el jefe del Estado, el rey, no interviene de modo ejecutivo. El poder ejecutivo central no puede estar a merced el juego de las mayorías parlamentarias en las que participan a veces de un modo decisivo tales devastadoras fuerzas centrífugas destructivas. En EEUU el sistema federal se compensa con la elección directa de la presidencia republicana sin intervención de mayorías del Congreso. El fallo de arquitectura de nuestro sistema se está comprobando trágicamente en estos momentos. 

Lo más parecido al sistema español acaso sea la famosa Commonwealth brítánica heredera del antiguo Imperio en la que países como Canadá o Australia formalmente tienen como Jefe del Estado al rey de Inglaterra pero en la práctica llevan vidas independientes.

Desempeño

Pero otro problema es el del desempeño. Si la constitución es manifiestamente mejorable, no lo es menos el desempeño de nuestros próceres políticos, financieros y económicos. Por no hablar de nuestros intelectuales. Disfrutamos de una clase dirigente deficiente, escasa de patriotismo, poco o nada atenta bien común. Supeditada en lo político, económico, financiero y cultural al imperio judío anglosajón. Por no respetar, ya ni se respeta el español, una de las lenguas más importantes de Occidente. 

Las zurdas aún son peores. El socialismo está en manos de ignorante chusma viciosa, ávida de poder y riquezas, carente de sentido de Estado, ni de inteligencia para conservar ni menos potenciar el honrado patrimonio histórico común de los españoles. Ambas al alimón han saqueado o “desamortizado” las antiguas empresas públicas españolas, en especial las estratégicas financieras, energéticas y de telecomunicaciones, producto del ahorro y buen hacer técnico empresarial de generaciones anteriores de españoles.  Ya va quedando cada vez menos botín mientras aumenta la deuda odiosa. Y para colmo, se destruye patrimonio natural y se arruina el sector primario para potenciar intereses espurios.

Para terminar este sucinto repaso cabe preguntarse sobre el desempeño de la Corona. 

Condecorada por el enemigo, sirve intereses ajenos del Imperio y de determinadas organizaciones internacionales dominadas por el globalismo destructivo. La antigua alianza decimonónica entre el Trono y el Altar se ha sustituido por otra con el socialismo 

Nueva fase histórica 

Pero creo que cabe distinguir dos fases bien diferenciadas. 

Durante la primera don Juan Carlos se alió con el socialismo made in USA representado por su agente Felipe González.  Ambas figuras blanqueaban o legitimaban ante su propio público adicto al contrario. El rey apoyaba y protegía a Felipe sin denunciar ni la corrupción socialista ni el saqueo perpetrado por los corsarios beautifulleros y Felipe apoyaba y protegía al rey ocultando sus escándalos, amoríos y corruptelas.  Todo ello mohatreramente protegido por la prensa bilderbergiana. 

Pero, el socialismo fabiano ha entrado en otra fase histórica diferente de la socialdemocracia clásica. En palabras edulcoradas del siniestro gurú de Davos, Klaus Schawb Rothschild: “el capitalismo de Estado a corto plazo presenta ventajas… pero el futuro es el capitalismo de accionistas que combina con la responsabilidad social”. La nueva fase es promover la progresiva anulación de los Estados nacionales y su inclusión en un liberticida magma multicultural anti cristiano dominado sin cortapisas ni ordenamientos jurídicos protectores por la plutocracia anglojudía financiera. 

Ni ZP ni Sánchez son equiparables a Felipe González. Ni tampoco don Felipe a don Juan Carlos. Las personalidades son distintas. La tarea fundamental también ahora es otra. 

Don Juan Carlos sería todo un Tenorio vicioso ávido de dinero pero mantenía una cierta autoridad personal por la que se hacía respetar no exento de cierto patriotismo “sui generis”. En cambio don Felipe, subido prematuramente al trono tras la inesperada abdicación de su padre, muestra una personalidad muy diferente. Al parecer no habría educado demasiado la voluntad, y hasta ahora la percepción que se tiene de su desempeño es que se mostraría como un personaje débil, pusilánime, lo que durante nuestro siglo de oro se llamaba un “imbel”. Actúa lo indispensable cuando ya no queda más remedio con una percepción funcionarial, absentista y complaciente, de su alta magistratura degradada a decorativa. Dominado por unos y otras resulta incapaz de defenderse a sí mismo, ni a su propia familia que consiente sea humillada o ninguneada en público, ni por lo que se observa tampoco a la constitución agredida por Su gobierno, ni menos a España de sus enemigos interiores y exteriores. 

¿La crisis definitiva? 

Otra vez en grave crisis política, podemos recordar el precedente del extraño golpe de Estado del 23 F dado por los generales más leales a Su Majestad, entre ellos su tutor personal, que paradójicamente frustraría el teniente coronel Tejero al negarse a entregar el poder al personaje pactado. No obstante, la crisis del 23 F sirvió para dejar las manos libres a don Juan Carlos eliminando la resistencia cuando no oposición de los altos mandos de las FFAA a las reformas y la legalización del Partido Comunista. 

Hoy, desde el punto de vista del interés nacional no se entiende que don Felipe, que no tenía la obligación constitucional de hacerlo, haya podido proponer candidato a un personaje como Sánchez cuando debe saber que representa la traición y la ruina de España y su futura disolución en el magma multiculturalista globalitario. Pero también la suya propia como rey. No se comprende el apoyo al traidor salvo que quepa especular existiese un nuevo pacto renovado entre la Corona y el socialismo, por el que el falsario perdonavidas prometiese no echar al rey dejándole neutralizado como mera figura decorativa o celestina amparadora de desmanes mientras durase su dictadura. 

Pero más valdría mantener la prudencia. Pese a lo que pueda parecer por la opinión publicada, las cosas están revueltas también para las élites. Permanecen muchas incógnitas cuya evolución pudiera incluso dar al traste con la Agenda 2030. Guerra de Ucrania, BRICS, “desdolarización” de la economía mundial, campaña presidencial y guerra civil larvada en EEUU, crisis de la UE, la ONU o de la OTAN o de cisma sinodal en el Vaticano… 

El poder de gentes como el falsario posee naturaleza vicaria y depende del real de sus amos ocultos. Y puede variar. Como nos explicaba el pobre Muñoz Seca el de las siete y media es “un juego que no hay que jugar a ciegas, pues juegas cien veces, mil, y de las mil, ves febril que te pasas o no llegas. Y el no llegar da dolor pero si te pasas es peor!” 

Se pase o no llegue, en todo caso, se nos escapa el cómo podría mantenerse un rey de España sin España. Es posible que ya se haya iniciado la cuenta atrás de ambos. De España y de la Monarquía. ¿Acertaremos por fin la mano con la herida?

El tiempo lo dirá.

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Es Diestro. Opinión en Libertad
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