jueves, febrero 22, 2024
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La cárcel de los 15 minutos

Cuando alguien nos dice que se puede ser estar en dicho lugar, al que van los proscritos de la sociedad, que han de ser aislados porque no pueden estar con nosotros por su ignominia humana, se nos cuenta que es un lugar en el que no existe la libertad, en el que no puedes salir ni estar con las personas que desees y has de obedecer porque ya no tienes voluntad propia. Es decir, que alguien con autoridad legal (siguiendo principios arbitrarios), decide que has de sufrir un castigo merecido.

Ser privado de tu libertad no es sólo algo insufrible, sino que deja un antecedente en tus registros sociales que son difíciles de borrar. La gran pregunta es si los que no estamos entre garrotes somos realmente libres, podemos pensar los que queramos, expresarnos de manera personal y sin límites que no sean invadir límites ajenos mediante la imposición, sobrevivir de manera digna con ingresos suficientes o poder buscar nuestra felicidad en las esferas personales, sociales, espirituales y con relación a las instituciones públicas. 

Del mismo modo que una bestia encerrada en una jaula, que ha sido torturada, desea salir de las rejas, las políticas de los diseños experimentales de la ingeniería social juegan a emplear una serie de refuerzos o premios, así como estímulos aversivos o castigos, para ir moldeando a los individuos a ciertos grados de libertad en función del dinero que se tenga, de las posibilidades de hacer realidad deseos infantiles (en el sentido de que son como los anhelos de los infantes que creen en papá Noel), y de limitar ciertas conductas y pensamientos a través de modelos de mecanismos sociales basados en el aprendizaje vicario (lo que le ocurre a otro me puede ocurrir a mí) o en las consecuencias que tiene salirse del pensamiento único y oficialmente aceptado por una mayoría, que nos hacen creer como verdadera y ejemplo de lo que es el mundo y lo que éste debe ser (los medios de comunicación se encargan de crearnos esa imagen de la que no se puede escapar, por mucho que se intente), otra forma de privarnos de libertad de pensamiento e introducirnos en una prisión que no vemos, llegando al extremo de no percatarnos de que el sistema es una gran cárcel.

Si, llegados a este punto, concluimos que la libertad nunca ha existido y que los derechos de los que hemos disfrutado y seguimos gozando no son más que ensoñaciones y delirios introducidos en nuestras mentes a través de la hipnosis colectiva (como los asociados al LGTBI o el feminismo), en cada época de la humanidad los controles del estado se han ejercido de cara a la manipulación de la masa por la vía de religión, de su imposición, de sus sacrificios humanos y de la dinámica social que ha tejido relaciones interindividuales acordes con lo que era conveniente para las élites de cada periodo de la historia. Dependiendo entonces de las posibilidades tecnológicas y de los medios que se podrían aplicar sin que la población se diese cuenta (la teoría de Edward Bernays, sobrino de Freud, en su obra Propaganda de 1927, no es tan nueva como se hace creer), se ha utilizado el capitalismo como arma psicológica para el control del flujo de riqueza y del grado de necesidades, así como el modo en el que se suplen o no, en cuyo caso, se logra fortalecer el cumplimiento de las normas que nos esclavizan.

Las razones de todo ello recaen en la manipulación de las ideas, dado que muchas de ellas podrían provocar auténticas revoluciones de desobediencia hacia el poder del estado; es decir, se trata de que el conocimiento, convertido en científico (que no es otra cosa que considerarlo oficial y no cuestionable, lo mismo que hacía la Inquisición), no sea de dominio público, tratando que la masa no llegue ni a saber de su existencia. En un contexto así es muy fácil mantener un régimen fascista y cruel sin que el pueblo ni sepa que vive en una tiranía absoluta. ¿Mas, qué ocurre si una mayoría tiene acceso a información que cuestiona y se rebela contra los mandatos del estado, sus ideologías maniqueas y falsas para hacer que el pueblo caiga en la estupidez más absoluta y no existe control posible para que no se conozca que los gobiernos son de por sí entidades tiránicas en la mayoría de los casos? Es obvio que se impondrá la censura absoluta y el miedo para que nadie ose internarse en tan tétricos lugares que les harían ver lo terroríficos que son sus gobernantes. 

Por todo ello, dentro de la agenda 2030, se pretende que la cárcel sea más efectiva, no ya reduciendo la población como sea (vacunas asesinas, falta de alimentos, etc…), sino impidiendo movimientos e intercambios humanos. Las futuras ciudades de 15 minutos, que se desean instaurar ya de modo experimental en 60 ciudades europeas, constituyen la meta de toda la manipulación de lo que nos hacen creer como cambio climático (empleando armas como los incendios forestales, causadas por olas de calor que no existen). Junto al control por las monedas virtuales, eliminando el dinero en efectivo y, logrando que nadie se escape del control de la huella de carbono, de lo que contamina cada ser humano al planeta por ingrata cucaracha, se trata de impedir que las personas no hablen entre sí y, junto a la feroz censura, alcanzar la justicia social con el control por puntos y las obligaciones ciudadanas para ser un buen ser humano (desde el punto de vista globalista). Las ciudades serán las nuevas cárceles, pero esta vez se tendrá conciencia de ello, eso sí, cuando ya sea muy tarde y fuera del sistema no haya forma de sobrevivir ni de escapar. Las autoridades se encargarán de asfixiarte, juzgarte o de quitarte del medio si lo desea. No olvides que el chip de la vacuna, la inteligencia del dióxido de grafeno hará que estés bajo el control de un botón (Todo aquél que haya sido vacunado por el covid está expuesto a la alteración de su genética y, por lo tanto, su cuerpo pertenece al estado y a las farmacéuticas, del mismo modo que sus hijos que tendrán que recibir todas las dosis para que usted sea su padre o su madre, aunque sean las autoridades sus dueños y vigilantes).

Como todo se hará en el nombre del mantenimiento del planeta, se hará creer que los seres humanos no pueden tener una conciencia limpia y que nunca la han tenido, razón por la que el sistema exige cambios drásticos. Los hombres tendrán que dar su libertad y sus derechos para que los supuestos salvadores del desastre de hambruna y crisis que nos tienen planificadas, se conviertan en nuestros gestores a los que agradecer que sigamos vivos y hayamos sobrevivido. Éste va a ser el chantaje final del cambio climático, con los mismos mecanismos de manipulación que los de la plandemia, pero esta vez no de manera repentina, sino lenta y pausadamente para que el pueblo lo vaya aceptando, empleando la ventana de Overton: primero a través de imágenes impactantes en forma de catástrofes nunca vistas, luego cuando hablen los mal llamados científicos que, falsificando los datos, harán creer que lo peor está siempre por llegar y, en tercer aspecto, cuando nuestros políticos comiencen a lanzar estas ideas, como hizo Pedro Sánchez en tu twiter al señalar que, si los ciudadanos sacrificaron su libertad para que se resolviese adecuadamente la farsemia encerrándose en casa, no se descarta que se tomen medidas similares para evitar el daño que el cambio climático podría provocar o como declaró hace dos meses Yolanda Díaz estableciendo la posibilidad de prohibir ir a trabajar en los días de olas de calor. 

Nos dejarnos salir, no dejarnos expresarnos, impedir que veamos a nuestros seres queridos (lo cual va a destruirnos emocionalmente, aislándonos y destruyéndonos el sistema inmunológico hasta provocaros la muerte), es la meta de todo lo que la ONU tiene en proyecto, de lo que tiene en su agenda Pedro Sánchez para esta nueva legislatura en la que han de correr para imponernos todos los puntos de sus satánicos objetivos, los cuales asoman ya por el horizonte. Ante el fracaso de nuevas pandemias, las cuales mucha gente ya no se cree, suponemos un gran peligro para seres de mentes tan limitadas y siniestras, nuestra capacidad de análisis les espanta (ven que se hace realidad aquella maldición que se predijo en los Protocolos de los sabios de Sion) y desean encerrarnos por todos los medios. 

Esta batalla entre el bien y el mal se encuentra en un punto decisivo. El próximo movimiento es cada vez más decisivo para saber si ganará la justicia y la dignidad de los seres humanos de buen corazón o si se llevan el trofeo las hordas de seres demoníacos, cuyos espíritus rondan los parlamentos y palacios de gobierno y que buscan invadir sus cuerpos ante cualquier indicio de avaricia, egoísmo, despotismo, desprecio al pueblo al que sirven o de obediencia a élites que ya profesan la religión del mal.

Ciudades de 15 minutos, censura, esclavitud, salario social por obedecer a un sátrapa y muerte cuando ellos quieran y del modo que vean, sin avisar, es lo que les espera a los ciudadanos españoles en las cárceles, prisiones que siempre han existido y que ahora toman forma, como lo harán los ovnis y las invasiones extraterrestres por la tecnología láser, a través de hologramas.

Todo está listo para que los malditos nos engañen de manera más maquiavélica que durante la plandemia y utilizando métodos aún más calculados y diabólicos. 

¿De verdad que serás feliz en una ciudad de la que nos podrás salir y estarás considerado como un sospechoso de cometer un delito, controlado las 24 horas, por capricho malicioso de gobernantes malvados, incultos, inhumanos e ignorantes? ¿En serio? ¿O es que ya eres un esclavo en la parte más profunda de tu inconsciente y ellos dirigen tu mente como quieren?

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