Desde el 16 de octubre se juzga en Castellón, por calumnias, a 6 de los 9 acusados originales, por difundir el caso “Bar España”. Los tres restantes murieron durante los largos y tortuosos años de la lenta y torpe “justicia española”.
Probablemente para evitar verse igualmente imputados, todos los medios oficiales se apresuran a informar de la falsedad de la historia que se conoce como el caso “Bar España”, porque las penas de prisión y multas que se piden para los acusados son astronómicas, aunque el daño a los “ofendidos” sea sólo moral. Por muchos asesinatos alevosos ha pedido la fiscalía penas menores.
Lo que difundieron los acusados, mejor se lo lee usted en los medios oficiales:
Un detalle que “olvidan cuidadosamente” todos estos medios oficiales, es que para que se cometa un delito de calumnias, el calumniador debe ser consciente de la falsedad de lo que dijo. Es decir, que no basta que lo que difunda sea mentira, además, debe ser consciente de que es mentira, que no es lo mismo.
Y aquí está el meollo del problema, ¿por qué una persona inteligente debe suponer que es mentira el caso “Bar España”?
Por eso me toca explicar por qué, la versión oficial, según la cual todo lo difundido es mentira, puede ser increíble, aunque haya infinidad de sentencias que así lo afirman.
Para empezar, suponer que las sentencias judiciales sólo dicen la verdad es un axioma falso. Un sofisma burdo que cualquiera puede descubrir, si se lee una sentencia de algún caso que conozca de primera mano. No encontrará en ella una sola verdad, salvo por error u omisión
Recordemos que España, con el advenimiento del ignominioso Régimen del 78, dejó de ser España, para convertirse en su grosera caricatura -lo que yo llamo Españistán-, en la que sólo medra quien tiene cadáveres en el armario, que son los que lo convierten en una marioneta controlable. Los mismos cadáveres que se supone que tienen los “ofendidos” del caso “Bar España”.
Además consideremos que la trama de Epstein se extiende por todo el planeta, que lo que ocurrió en la “Isla de las Lolitas” es auténtico (Trump y su ataque a Irán es la prueba palpable) y que es idéntico a lo que nos contaron del caso “Bar España” los ahora acusados.
Añadamos que todas las autoridades españolas actúan desde hace muchos años en contra de los intereses de los españoles, lo cual sólo es explicable si trabajan bajo soborno o chantaje, que es justo para lo que sirven todas las “Islas de las Lolitas” y los “bares España” del mundo.
Reflexionemos que los delitos de injurias y calumnias, utilizados a destajo por los corruptos contra los denunciantes, son los baluartes inexpugnables de la corrupción, gracias a los que ha medrado hasta donde la vemos hoy.
Y si concluimos que la información que aflora ahora de las cloacas del estado confirma la depravación y perversidad de nuestros próceres… no hay razón lógica para que una persona inteligente sepa a ciencia cierta que todo lo que contaron del caso “Bar España” los ahora imputados era mentira.
Para juzgar y condenar a los acusados, además, se debe ignorar y violar toda la normativa nacional e internacional que protege a los informantes, y que establece su derecho a informar. Justo lo que los corruptos no quieren que hagamos.
Por eso, cuando asistamos al juicio y a la sentencia, debemos recordar que lo que se debe demostrar, para condenar a los acusados, no es que la historia que contaron fuera falsa, sino que ELLOS SABÍAN A CIENCIA CIERTA QUE ERA FALSA, que es cosa muy distinta.
De momento, y diga lo que diga quien lo diga, yo soy más proclive a creerme las historias que contaron los ahora imputados, que no las sentencias y las versiones oficiales, que tantas veces se han demostrado falsas.
Pero sobre todo, y como diría Voltaire, defiendo el derecho de los ahora imputados a contarlas.
Fiat iustitia, ruat caelum.

