¿Qué estará maquinando Pedro Sánchez y su cloaca? Nada bueno y legal. Tiene que hacer frente a los múltiples delitos que acumula en su mochila y acallar los miles de voces que a su paso claman “Pedro Sánchez, hijo de fruta”. Esta fue la música de fondo que entre abucheos y silbidos se escuchó durante la Fiesta Nacional, un acto que está obligado a sufrir, mal que le pese. No obstante, será el último para él, según Ayuso. ¡Dios la oiga!
Entre tantos sinsabores, de vez en cuando, nos llega alguna noticia esperanzadora que nos devuelve la fe en las instituciones y nos confirma que no está todo perdido y que la lucha merece la pena: El Supremo no permitirá votar el 29-N a los nacionalizados por la “ley de nietos”, porque, ante las dudas sobre la legalidad del censo “prevalece el interés general, sobre los derechos particulares”. Pero ya estamos acostumbrados a que el déspota se pase la ley por el forro, y que su prevaricador de cabecera, Conde Pumpido, resuelva a su favor todos sus chanchullos. ¿Tumbará el Constitucional la decisión del TS sobre la ley de nietos? En caso afirmativo, ¿considerará el Alto Tribunal que hay base para investigar por un delito de prevaricación a los magistrados que votaron a favor? ¿Se atreverán? De no ser así, podemos decir que estamos en un estado de total indefensión, a merced de las apetencias de un tirano loco. No hace falta ser un experto jurista para reconocer que estamos ante una ley muy discutible, ilógica, creada a toda prisa y con trampa, por puro interés político, contra los intereses de España y los españoles.
Hemos llegado a un punto del que será difícil retornar, por la ambición de un presidente hampón y narcisista, que continúa manipulando emocionalmente a sus débiles seguidores con propaganda basura y lamentos sobre la inquilina “sedada” de Sáinz de Baranda, dándoles a los acampados ilegales y ociosos la categoría de “voz del pueblo”, que debe prevalecer sobre el Parlamento, según el autócrata, una antigualla de otros tiempos. Estas son las clases de política del dictador escuálido de rostro de cardenillo.
El Partido Popular, por fin, se está atreviendo a perder la compostura, y merece aplausos. Pero el material gravísimo que tiene en sus manos contra Sánchez requiere aún mayor intensidad. VOX continúa en su línea políticamente incorrecta de no morderse la lengua y sacar los colores a los corruptos. Parece que ambos han comprendido que el peligroso enemigo se llama Pedro Sánchez, y que a él deben ser dirigidas las bombas.
No sabemos si conocen el verdadero alcance de la maldad de este sujeto. Esperamos que, a estas alturas, tengan claro que no es un político normal, un adversario político al uso, con el que se puede ir a tomar un café después del debate. Es mucho más que eso; un perfil que nunca habíamos visto en presidentes anteriores, ni creímos ver. Sánchez no tiene límites, no tiene moral, ni escrúpulos, no tiene empatía, no tiene conciencia, ni sentimientos, ni respeto por nada, ni miedo a nada. Por eso no dejaremos de insistir en ello.
El espíritu bolivariano está tomando cuerpo en España a través del golpe de Estado que están perpetrando. ¡Y encima, con justificación! “La alternancia está bien en democracia, pero no hay alternativa”, dice el sátrapa en una emisora de radio. Y la periodista, calladita y cómplice, incapaz de expresar un gesto de sorpresa.
Una gran mayoría creemos que tiene la trampa preparada para anclarse al poder, siguiendo el patrón de Venezuela. Así lo hicieron Chávez y Maduro: robando las elecciones, saltándose la voluntad popular y aplicando las llamadas “Leyes habilitantes” del Tercer Reich. Si la ley de nietos y otras argucias les fallan, ignoramos cómo lo harán, pero el pucherazo está planificado. Otra cosa es que, a pesar de sus múltiples alternativas, logren conseguir su propósito. Sánchez es muy hábil y tramposo, pero no es todopoderoso.
Muchos tememos que, si las encuestas no les son favorables y vislumbran difícil el pucherazo, su cloaca pudiera perpetrar una catástrofe o un atentado de falsa bandera para conmocionar. Se baraja incluso –ojalá sea solo un rumor– que tendría planificado un autoatentado, algo parecido a aquello de “la navajita”, pero en una escala mucho más grave para causar conmoción y caos. Los medios harían el resto.
En nuestra opinión, el robo electoral está en marcha, pero es necesario justificarlo y crear la sensación de una esperada victoria. Hace falta el escenario y el atrezo que ofrecen las calles y plazas de España, con gente ociosa dispuesta a armar bulla. Así que la algarabía que tendremos que sufrir a lo largo de la campaña, con ruido, descontento, pancartas, quema de contenedores, gritos, insultos e improperios a la derecha, sería un teatro que borraría cualquier sospecha sobre el triunfo; una especie de “ya se veía venir”. Sé que esto es muy retorcido, pero no lo podemos descartar. Como tampoco se puede excluir que, si se ven perdidos, rencontrarían un pretexto para suspender los comicios. La verdad es que este tipo nos hace dudar tanto y hacer tantas cábalas que corremos el riesgo de caer en la paranoia. Ojalá nos equivoquemos en todo y tengamos una campaña pacífica. Ojalá podamos librarnos de Sánchez de manera tranquila. Ojalá estemos a tiempo de frenar la debacle de España.

