InicioOpiniónEditoresMaricarmen, la penúltima PSYOP que nos cuela el gobierno

Maricarmen, la penúltima PSYOP que nos cuela el gobierno

El caso Maricarmen encaja, pieza por pieza, en el manual de una operación de movilización emocional. No hace falta imaginar un guion firmado en Moncloa para ver el patrón: un símbolo seleccionado, un villano simplificado, una saturación mediática, una calle organizada y un dividendo político cobrado en decretos y en convocatoria electoral.

María del Carmen Abascal, de 87 años, vivía desde mediados de los cincuenta en un piso de renta antigua de Alcalde Sainz de Baranda, en Retiro. El 23 de septiembre de 2026 salió de allí en camilla, por orden judicial, tras un litigio de años con Urbagestión. Quince días después murió en el Gregorio Marañón. En ese intervalo España tuvo acampada en Sol, un “decreto Maricarmen”, un adelanto electoral al 29 de noviembre y una huelga general convocada para el 11 de noviembre. Una tragedia privada se convirtió en palanca de legislatura. Eso es lo que, en el lenguaje de las operaciones psicológicas, se llama un elemento de inflexión.

El molde

Una psyop clásica no inventa el dolor. Lo elige, lo recorta y lo dirige. Necesita cinco cosas: un rostro vulnerable e inocente; un antagonista fácil de odiar; la ocultación de los matices jurídicos; una red capaz de convertir el caso en calle; y un poder que traduzca la indignación en norma o en voto. El objetivo no es resolver el problema de fondo. Es producir una respuesta social suficiente para un fin político concreto.

El desahucio de Maricarmen cumplió el molde con una pulcritud casi docente. El BOE de los decretos posteriores no habló de un procedimiento judicial con sentencia del Supremo. Habló de “el triste y dramático desahucio de Mari Carmen Abascal”, de “una mujer vulnerable de 87 años, víctima de una legislación machista y retrógrada procedente de una dictadura” y de “el símbolo de un derecho roto”. Un texto oficial convirtió a una persona en personaje de campaña. Javier Somalo lo describió en Libertad Digital, el 2 de octubre, con el término exacto: psyop, una acción diseñada para condicionar una reacción masiva.

Lo que el relato borró

El relato dominante —anciana que pagaba y fue expulsada por un fondo buitre, con Ayuso y Almeida como culpables— no resiste el expediente.

La Ley de Arrendamientos Urbanos de 1994, del Gobierno de Felipe González, limitó la segunda subrogación en renta antigua. Tras la muerte de su madre en 2005, Maricarmen solo podía conservar el contrato de por vida con una discapacidad igual o superior al 65 %. La suya era del 50 %. Un juzgado le dio la razón; la Audiencia Provincial y, en marzo de 2026, el Tribunal Supremo, no. Desde aproximadamente 2007 vivía en ese piso por tolerancia de los sucesivos propietarios, no por un derecho vigente.

Urbagestión no es Blackstone. Es una sociedad madrileña, de los hermanos Alonso, propietaria de ese piso, no del edificio. Pidió una renta de mercado —las cifras publicadas oscilan entre unos 1.650 y unos 2.650 euros— frente a los cerca de 500 que ella pagaba con una pensión en torno a 1.300–1.400. Hubo ofertas de negociación, incluida una mediada después por la Empresa Municipal de la Vivienda. El 28 de septiembre, cinco días después del lanzamiento, empresa y Sindicato de Inquilinas pactaron su regreso con un alquiler tope del 30 % de sus ingresos. No volvió: seguía ingresada. No murió desahuciada. Murió hospitalizada, con un acuerdo de retorno ya firmado.

Las administraciones del PP ofrecieron, según el relato de Libertad Digital, plaza gratuita en una residencia autonómica en noviembre de 2025, otra en Alcalá de Henares en abril de 2026 y tres plazas municipales. Las rechazó. Quien ejecutó el lanzamiento fue la Policía Nacional, por mandato judicial: competencia del Estado, no de la Comunidad. El Comité de la ONU se dirigió al Estado español, no a Sol. El propio editorial de ABC del 24 de septiembre lo resumió: la izquierda prefirió fabricar un símbolo, y Sánchez, desde Nueva York, cargó el caso contra Ayuso y Almeida en la misma semana en que mezclaba el ático de la polémica.

Hay un detalle que el montaje no pudo enterrar. El 22 de septiembre, en TVE, le preguntaron a quién responsabilizaba. La primera respuesta fue Pedro Sánchez: “no se entera de la cantidad de desahucios que hay diarios, no se entera o no quiere enterarse”. Después señaló a Ayuso y a Almeida. El clip que circuló estaba recortado, pero la primera frase es suya y está en la televisión pública. En noviembre de 2025 había escrito a Moncloa pidiendo contratos indefinidos. Según Okdiario, citado por Libertad Digital, la carta no tuvo respuesta durante meses. Cuando el caso explotó, el mismo Gobierno que había pasado de ella la convirtió en estandarte.

La cadena de mando visible

No hay prueba pública de que alguien en el Gobierno ordenara el desahucio. El procedimiento venía de lejos y la sentencia era del Supremo. Lo que sí es visible es la explotación, y es industrial.

El Sindicato de Inquilinas llevaba meses con el caso. La noche anterior al lanzamiento había cientos de personas dentro y fuera del portal. La imagen —sábana, camilla, 87 años, Retiro— era perfecta para televisión. Desde el hospital se grabaron vídeos pidiendo un decreto ley y llamando a la manifestación del 26 de septiembre. El psicólogo Roberto Crobu, en respuesta al tuit de Sánchez tras la muerte, describió el patrón: visitas para grabar propaganda, exposición de una paciente con estrés y depresión, construcción de un personaje y uso como ariete para forzar decisiones políticas.

La calle no se quedó en el portal. Saltó al ático asociado a Ayuso —“el ático para Maricarmen”— y a la acampada de Sol, que el Ejecutivo no desalojó. Yolanda Díaz pidió movilización contra un problema cuya legislación es estatal y cuyo Gobierno lleva ocho años en el poder, con una Ley de Vivienda de 2023 que no tocó la disposición que ahora se denuncia. El Español lo comparó con un 15-M de encargo: espontaneidad programada que el partido en el Gobierno puede asimilar y usufructuar.

El dividendo llegó en días. Decretos con su nombre en el preámbulo. Derrota en el Congreso —PP, Vox y Junts—. Adelanto electoral. Huelga general para el 11 de noviembre. Sánchez, tras la muerte, habló de una pérdida que “todos sentimos como propia”. La mujer que en TVE le había señalado a él quedó, en el relato final, como mártir de los fondos y de la derecha madrileña.

Por qué parece de libro

Porque el caso real era incómodo para el Gobierno y cómodo para la campaña. La norma es de 1994 y socialista. El tribunal que cerró el asunto es el Supremo. La policía que ejecutó es estatal. La carta de auxilio fue a Moncloa. El primer nombre que ella pronunció fue el de Sánchez. Nada de eso sobrevivió al relato.

Porque el antagonista se reasignó. Un litigio civil con una pyme inmobiliaria se narró como fondo buitre más Ayuso. Casos equivalentes en otras comunidades no produjeron acampada nacional ni decreto. La selección del símbolo no fue aleatoria: ocurrió en Madrid, contra el gobierno autonómico que el PSOE no controla, en vísperas de una legislatura agotada y con otros frentes —corrupción, Ceuta— abiertos.

Porque el tempo es de operación, no de duelo. Del lanzamiento a la convocatoria electoral pasaron dos semanas. Del acuerdo de retorno a la muerte, nueve días. De la muerte al uso fúnebre en campaña, horas. Una psyop no necesita que la víctima sea actriz. Necesita que su dolor sea el único plano, que el contexto jurídico desaparezca y que la emoción llegue a la urna antes de que el expediente llegue al debate.

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