Consulté en el diccionario de la lengua española el adjetivo “mamón” por si estuviese prohibido o se pudiese relacionar con el delito de odio u “hodio”. No sé por qué se me vino a la mente este apelativo, que en su tercera acepción dice: persona aprovechada, indeseable, estúpida o informal; y apunta como sinónimos, desgraciado y capullo. La retahíla le va como anillo al dedo al personaje que funge de presidente y gran dictador del nuevo régimen de España, Pedro Sánchez y a su clan de la cloaca. Pero la lista de apelativos se puede agrandar, con epítetos bastante más graves.
El hundimiento moral de España es profundo, aunque tenga cierto aire de sutileza y pase inadvertido, enmascarado con leyes que dan la apariencia de justicia y avance. El hundimiento físico es más tangible porque se sustancia en lo sólido y concreto de la maquinaria del Estado que afecta al día a día. Es difícil no percibir la decadencia y la corrupción por doquier que atañe a la marcha de la nación: falta de médicos y personal sanitario en general; escasez de policías y guardiaciviles; fondos europeos que no se invierten, que se desvían o se roban; dinero al que es imposible seguirle la pista, según el propio Tribunal de Cuentas; montes quemados a discreción, con orden de no apagar, para instalar plantas fotovoltaicas, aerogeneradores, extracción de minerales, y dejar vacío el rural; riadas que dejan terrenos y pueblos devastados, con muchos más muertos y personas desaparecidas que los registrados en los archivos oficiales; negligentes accidentes de tren con muertos (la corrupción mata); okupas e inquiokupas con más derechos que los propietarios; procesos de independencia solventados con amnistías; legalización en masa de inmigrantes; compra de votos a través de censos fabricados; robo de elecciones; persecución e intentos de soborno a fiscales, jueces y fuerzas del orden, además de invasiones y más etcéteras. Todo esto ocurre en España bajo una banda de parásitos delincuentes, sin que podamos hacer casi nada, salvo lamentarnos e insultarlos, a diario, tan alto y claro como podamos.
Lo de Ceuta, amañado entre el gobierno invasor y el invadido nos tiene maniatados, sin rey, ni ejército, ni nadie que nos proteja. Bueno, el 112 parece que está activo y auxilia a los militares sin fusil ni balas en el cargador, y a los policías desarmados. Algo es algo.
Ante este catálogo de calamidades, algunos opinadores crédulos –no sé si debería llamarlos de otra manera– miran al otro lado de los Pirineos con la esperanza de que Europa nos asista. Buenas palabras y mucho protocolo, pero solo eso. En el caso de la violenta invasión a Ceuta, más de lo mismo. A ver cuándo nos caemos del guindo. Europa nunca nos ayudará a nada; solo nos hundirá más y nos robará lo que nos queda. Europa ha sido nuestra ruina. Hemos cambiado los ojos por el rabo y ahora es tarde. ¿Qué es la Comisión Europea, sino un nido de corrupción a gran escala? ¿Quiénes la dirigen, quién ha votado a sus miembros y a qué intereses sirven? ¿Qué hacen la mayoría de los parlamentarios sino cumplir al dedillo las consignas y mandatos de la Comisión? A estas alturas ya sabemos que los debates y las votaciones son puro teatro. Estamos hablando del negocio inmundo de la política, al que no nos atrevemos a hincarle el diente hasta el tuétano. ¡Porque nos envenenaríamos! ¿De dónde brotan las normativas “comunitarias” cada vez más estúpidas y en contra de los ciudadanos? Pero no lo hacen por ideología, que también, sino por dinero, poder y otras prebendas. No es de extrañar que algunos persigan la inmortalidad en este plano, que les permita el disfrute de todos los logros mundanos conseguidos con métodos, cuando menos, sospechosos.
La sociedad ya se va enterando de que existen los lobis, esos grupos de poder, no en la sombra sino a plena luz, cuyo fin es presionar. Por poner un ejemplo, en el Parlamento Europeo, los lobistas se mueven como pez en el agua, sobornando y comprando votos de los políticos para conseguir leyes favorables a los intereses que representan. Así es como salen adelante iniciativas y proposiciones –que nadie entiende– contra los intereses de la humanidad o se rechazan otras contra el capitalismo salvaje de algunos imperios económicos. La moratoria del glifosato –el peligroso herbicida de Monsanto, (ahora Bayer), dañino no solo para los humanos, sino para el planeta en general— fue uno de esos arreglos criminales entre bandas. ¡Y no hablemos del negocio de las vacunas de la señora Van der Leyen– más conocida como Van der Brujen– que promueve las políticas antinatalidad para otros, pero ella tiene siete hijos!
Algunos grupos políticos más puristas –por lo menos en esto– cuelgan carteles en las puertas de sus despachos disuadiendo a los lobistas. Esto es una excepción, pues es vox pópuli que los políticos están entregados a las multinacionales que son las que financian sus campañas, amén de la aportación de otros beneficios menos confesables.
Conviene tener presente que un político no es un ser libre. Desde el momento en que es iniciado en la secta –léase partido– las reglas del juego las marcan otros, sobre los que mandan otros, y así varios “otros” hacia arriba acabando en Bilderberg, que no es el grupo más poderoso del mundo, como suelo oír por ahí, sino una de las pantallas de los que, tras bambalinas, mueven los hilos del tablero del mundo.
A propósito de los lobis, en 2018, recién llegado Sánchez a la Moncloa publiqué un artículo del que extracto el siguiente párrafo: “Se habla del lobi financiero, del lobi gay, del lobi feminista, del lobi ecologista, pero silencio absoluto sobre el lobi musulmán, que cuenta con el gran dispendio de millones de los gobiernos –España incluido– y el imprescindible apoyo de asociaciones, fundaciones, oenegés y medios de comunicación financiados por magnates como George Soros y adláteres, y la millonada de Arabia Saudita. Como si no existiera o no nos importara. Sin embargo, este lobi político es mucho más peligroso que cualquiera de los otros, porque está poniendo en peligro –lo ha puesto ya– nuestra identidad, nuestra cultura, nuestras tradiciones y nuestro futuro”.
A raíz de la invasión de Ceuta se ha empezado a hablar más a menudo de las decenas de millones que gasta Marruecos en sus lobis políticos, es decir, disfrazando o blanqueando un país corrupto, sin derechos humanos ni libertad de expresión, que encarcela a periodistas e intelectuales o, simplemente, los elimina. Pero esto no se consigue con simple propaganda o creando conciencia, sino a base de talonario. ¿Estamos queriendo decir que los políticos cobran por defender tal o cual ley o tendencia, o por aceptar o rechazar a un mandatario extranjero y/o su dictadura? Justo eso. ¿Estamos queriendo decir que la política actual es un asco? Exacto. Es un asco la política y también lo es el periodismo, que ha dejado de cumplir con sus funciones y ha enviado a la papelera su código deontológico.
Decía en otro de los párrafos de 2018: “Pero, además, la invasión se está produciendo no de manera tan silenciosa como nos parecía, ni tan pacífica como nos quieren hacer ver, sino violentamente, atentando, en primer lugar, contra nuestro país al no aceptar nuestras normas y costumbres, nuestra religión, a la que la gran mayoría de la población pertenece por bautismo, creencia o tradición; al no respetar nuestras leyes y al sentir un total desinterés por integrarse en la nación que les permite tener un suelo y un techo. Y por si no fuera suficiente, una buena parte de los delitos de la llamada ‘violencia machista’ vienen de la mano de estos musulmanes que siguen al pie de la letra las leyes coránicas, y, para ellas, la mujer es un ser inferior equiparable a una bestia, cuya función es, mientras es joven, parir hijos para el ejército de Alá”.
A los que babean por Europa siento decirles que las élites globalistas europeas están completamente entregadas a temas relacionados con la inteligencia artificial, la energía, los pasaportes sanitarios, las consignas sobre el clima, cómo crear bulos institucionales para manipular y torturar con multas y restricciones de todo tipo, aparte de tener a la plebe –eso es la sociedad para ellos– con el miedo y la incertidumbre constantes en el cuerpo, habiendo integrado previamente que obedecer es uno de los verbos que más debemos practicar. Eso sí, siempre por nuestro bien. ¡Ellos son los que saben!, entiéndase la ironía. ¡Despierta y rebélate! Europa no es ejemplo de nada. No sigas creyendo sus patrañas. Atrévete a decir que el rey está desnudo y deja de aspirar al premio de ciudadano ejemplar del año.

