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Crimen sin castigo

Por Alfonso de la Vega

Doña Emilia Pardo Bazán, de cuyo nacimiento se cumple el 175 aniversario, tuvo la inteligencia y sensibilidad de introducir y divulgar la obra de Dostoyesvski en España. Crimen y castigo es considerada una de las obras cumbres de la literatura universal. La novela refleja una profunda reflexión sobre la culpa, la redención y la pretendida justificación moral del crimen. El protagonista principal, Raskólnikov, considera que los seres humanos se dividen en dos categorías la de los hombres «ordinarios» (que deben obedecer las leyes) y la de los «extraordinarios» (seres superiores como los reyes o Napoleón o los progres, que tienen el derecho de transgredir las leyes por lo que sea). Al pretender que pertenece a esta segunda categoría, asesina a hachazos a la Ivánovna, una anciana y usurera a la que considera un «parásito» social. Pero el crimen le sale mal: se ve obligado a asesinar también a la bondadosa hermana de la usurera. Sin embargo, Raskólnikov es incapaz de aprovechar el dinero robado y cae en un estado de paranoia atormentada, perseguido por su propia conciencia y por el honrado juez de instrucción, Porfiri Petróvich.

Por desgracia, no parece que aquí haya algún heroico juez Petróvich dispuesto a administrar justicia hasta sus últimas consecuencias cuando afecta a gente tan principal aunque abundan cada vez más los depravados tipo Svidrigáilov.

En efecto, otro ilustre gallego, el gran Valle se quedó corto y pecó de optimista cuando en Luces de bohemia aseveraba que “España es una deformación grotesca de la civilización europea”. El genial autor no tuvo oportunidad de conocer las grandes hazañas de don Felipe Borbón Schleswig-Holstein Sonderburg Glücksburg, habitualmente conocido como Felpudo VI, el Calzonazos o el Preparao y su audaz valido don Pedro Sánchez Pérez Castejón, al que el pueblo aclama con desbordado entusiasmo de «traidor», o a veces, con división de opiniones: unos en su padre y otros en su madre.

Existen otros calificativos incluso más populares que los anteriores para ambos pero mejor se los ahorro al amable lector. Ni las mentes más calenturientas pudieran concebir tanta felonía, tanto desatino, tanta cobardía, tanta carencia de decoro y patriotismo como con la que hoy nos obsequia la Monarquía en un esperpento permanente grotesco, humillante y bochornoso.

La traición del gobierno de la Corona ¿de la borbónica o más de la moruna? elogiando y agradeciendo el papel del invasor supera incluso el que hasta ahora era considerado el récord insuperado de la infamia borbónica: las famosas capitulaciones de Bayona ante el emperador francés. Cabe comprender que Carlos IV, María Luisa y su hijo bastardo, hasta hoy considerado el mayor felón de la dinastía, estuviesen «acojonados» ante el poderío militar de Napoleón el mayor de su época y por eso se doblegaran. El borbón Carlos IV cedió España y a los españoles al nuevo rey Pepe Botella y hasta hora todo parecería indicar que se prevé la cobarde entrega de al menos Ceuta y Melilla, con sus súbditos incluidos, al rey moro. Pero Marruecos, por muy apoyado que esté por nuestros enemigos históricos Francia, EEUU e Israel, no deja de ser un reino tercermundista en manos de corruptos y narcotraficantes, dominando a bárbaros desarrapados.

Claro que un alarde de inaudita o más bien esperpéntica prudencia le construimos fragatas, que el negocio es el negocio y la pasta es la pasta cuando el honor ni está ni se divisa y es sustituido por la corrupción más omnipresente.

Cabe resaltar aquí otro entuerto gravísimo contra la patria. Las trampas gubernamentales para alterar el censo electoral cuya mayoría expresa la soberanía. Según Rousseau la mayoría electoral es siempre poseedora de justicia. Pero eso es un sofisma, la justicia indica más cualidad que cantidad y no debe someterse a las consecuencias indeseables para la nación derivadas de alteraciones espurias del censo perpetradas mediante autogolpe por quienes han jurado defender el orden constitucional,  Cuando la Justicia reacciona para tratar de impedir el desafuero el gobierno de Su Majestad ataca a los jueces que administran en nombre del rey que permanece callado sin guardar ni hacer guardar la constitución. Para colmo de subversión y dictadura, una institución política como el “Tribunal” constitucional se ha aupado a tribunal de casación del PSOE. El Tribunal ”Supremo” ha sido sometido y degradado a tribunal de orden inferior. Algo grotesco y esperpéntico.

Pero en todo caso, debe prevalecer el requisito del pueblo, del auténtico y no falsificado, como beneficiario del derecho, es decir la condición por virtud de la cual perseguimos el bien, la libertad, la justicia, el bienestar …como aspiración legítima en contra de todo intento que la defraude.

¿Qué será lo siguiente?

Pero no se trata solo del ámbito estrictamente político.  El código penal establece:

«TÍTULO XXIII
De los delitos de traición y contra la paz o la independencia del Estado y relativos a la Defensa Nacional

CAPÍTULO PRIMERO
Delitos de traición

Artículo 581   El español que indujere a una potencia extranjera a declarar la guerra a España o se concertare con ella para el mismo fin, será castigado con la pena de prisión de quince a veinte años.

Artículo 582   Será castigado con la pena de prisión de doce a veinte años:

1.º  El español que facilite al enemigo la entrada en España, la toma de una plaza, puesto militar, buque o aeronave del Estado o almacenes de intendencia o armamento. 2.º  El español que seduzca o allegue tropa española o que se halle al servicio de España, para que se pase a las filas enemigas o deserte de sus banderas estando en campaña….»

El lector puede sacar sus propias conclusiones.

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