La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha vuelto a demostrar, una vez más, que su verdadero negocio no es la salud pública, sino el pánico global. El tuit de @ChakNorris93 lo resume con una precisión quirúrgica y un sarcasmo demoledor: “Al paso que va la OMS, hasta respirar va a ser una alerta o emergencia sanitaria…”. Y no exagera. Dos noticias recientes, publicadas casi al mismo tiempo, lo confirman con una claridad insultante.
Por un lado, la cadena SER informa que ya hay voces pidiendo a la OMS que declare emergencia sanitaria internacional por… los efectos del cambio climático. Sí, han leído bien. No por una plaga letal, no por un virus desconocido, no por una hambruna masiva. Por el clima. Ese mismo clima que lleva existiendo desde que el planeta es planeta y que, de repente, se ha convertido en una “amenaza sanitaria” que requiere la intervención de la burocracia de Ginebra. ¿Qué vendrá después? ¿Emergencia por el calor del verano? ¿Por la lluvia en otoño? ¿Por el hecho de que existan estaciones?
Por otro lado, ABC nos informa de que la OMS acaba de declarar alerta global por una “rara cepa de ébola” que afecta al Congo y Uganda. Una enfermedad que, según sus propios datos históricos, se circunscribe a zonas muy concretas de África central, con brotes puntuales y controlables con medidas locales básicas. Pero no: hay que elevarla a “alerta global”. Porque, claro, nada mejor para justificar presupuestos, viajes de expertos y conferencias interminables que convertir un problema regional en una amenaza planetaria.
Al paso que va la OMS, hasta respirar va a ser una alerta o emergencia sanitaria… pic.twitter.com/MX7MZ9xCG2
— Chak Norris (@ChakNorris93) May 17, 2026
Esto no es mera torpeza. Es un patrón. La OMS se ha convertido en una máquina de fabricar miedo con sello oficial. Durante la pandemia de COVID-19 ya vimos cómo convertían un virus con una letalidad real (aunque manipulable estadísticamente) en el fin del mundo, mientras ignoraban tratamientos tempranos, cuestionaban la inmunidad natural y empujaban medidas que destrozaron economías enteras. Ahora, con la pandemia ya en el retrovisor, necesitan nuevos enemigos: el clima, un ébola lejano, la próxima “enfermedad X” que inventen en sus laboratorios de pensamiento.
¿Obsesión por mantener aterrada a la población mundial? Absolutamente. El miedo es el combustible que justifica su existencia, sus millones de dólares en cuotas de países miembros y su poder creciente sobre gobiernos nacionales. Cada alerta es un paso más hacia el control centralizado de la salud: pasaportes sanitarios, restricciones de movimiento, vacunas obligatorias y, por supuesto, más dinero para “prepararse para la próxima crisis”. ¿Quién se beneficia? Ellos. ¿Quién paga? Los contribuyentes de todo el planeta.
O, simplemente, ¿son unos farsantes? También. Porque mientras declaran emergencias por el clima y por ébolas exóticas, siguen sin dar explicaciones creíbles sobre el origen del SARS-CoV-2, siguen protegiendo a China (su principal financiador junto a Bill Gates) y siguen mirando para otro lado ante crisis sanitarias reales como la obesidad, las enfermedades mentales post-confinamiento o la caída de la natalidad en Occidente. Su hipocresía es tan descarada que resulta insultante.
La OMS no salva vidas. Las gestiona como activo político. Cada vez que abre la boca para declarar una “alerta” o “emergencia”, no está informando: está vendiendo. Vendiendo miedo. Vendiendo dependencia. Vendiendo la idea de que sin ellos el mundo se desmorona. Y mientras tanto, @ChakNorris93 y miles de ciudadanos con sentido común seguimos viendo la realidad: si siguen así, el simple acto de respirar se convertirá en la próxima “crisis sanitaria internacional” que requerirá, cómo no, más poder para la OMS.
Es hora de preguntárselo en serio: ¿hasta cuándo vamos a seguir financiando esta farsa global? ¿O seguiremos dejando que conviertan cada suspiro del planeta en una excusa para controlarnos? La respuesta, lamentablemente, la sigue dando la propia OMS con cada titular absurdo que genera: mientras les paguemos, seguirán aterrorizándonos. Y punto.

