En un video de vigilancia escalofriante que se ha viralizado en las últimas horas, se revela la muerte absurda y evitable de Steven McCluskey, un hombre de 40 años y padre de dos hijos, ocurrida el 27 de febrero de 2026 en la estación Davis del metro de Somerville, Massachusetts. Lo que comenzó como un tropiezo rutinario en una escalera mecánica se convirtió en una agonía de más de 20 minutos, durante la cual McCluskey luchó por su vida mientras decenas de transeúntes lo ignoraron por completo. El caso no solo expone un fallo mecánico, sino, sobre todo, la absoluta falta de humanidad que se ha normalizado en nuestras sociedades urbanas.
Según la información difundida por la cuenta @unlimited_ls en X, McCluskey perdió el equilibrio mientras bajaba por la escalera mecánica de la estación Davis poco antes de las 5 de la mañana. Su abrigo se enganchó en el mecanismo, apretándose progresivamente alrededor de su cuello hasta asfixiarlo. El hombre forcejeó desesperadamente, pero terminó colapsando inmóvil al final de la escalera. Las imágenes de las cámaras de seguridad, ahora públicas, son desgarradoras: se ve claramente cómo más de una docena de personas bajan por el mismo escalera mecánica pasan a su lado y continúan su camino como si se tratara de un bulto inofensivo en el suelo. Uno de ellos incluso se detiene unos segundos, observa la escena y decide marcharse sin intervenir. Nadie pulsó el botón rojo de emergencia —visible y claramente señalado en todo escalador—, nadie llamó a ayuda inmediata, nadie intentó liberarlo.
🚨NEW: Father of two died after getting trapped in a Boston subway station escalator while more than a dozen people walked past him without helping
Steven McCluskey, 40, lost his balance while going down an escalator at Davis Station in Somerville just before 5 a.m. on February… pic.twitter.com/Fk13ll0AhY
— Unlimited L’s (@unlimited_ls) May 17, 2026
Más de veinte minutos después, un empleado de la MBTA (Autoridad de Transporte de la Bahía de Massachusetts) finalmente detuvo el mecanismo. Los sanitarios llegaron, practicaron maniobras de reanimación cardiopulmonar… pero ya era demasiado tarde. Steven McCluskey, un padre de familia que simplemente intentaba llegar a su destino, falleció por asfixia mecánica en un lugar público, rodeado de gente que eligió mirar hacia otro lado.
Este no es solo un accidente trágico; es un espejo de la deshumanización que estamos viviendo. ¿Cómo es posible que en una estación de metro de una de las ciudades más prósperas y “progresistas” de Estados Unidos, decenas de adultos sanos y conscientes decidan que la vida de otro ser humano no merece ni cinco segundos de su tiempo? No se trata de miedo a un posible contagio o a un ataque; el video muestra claramente a un hombre en apuros, no a un agresor. Es indiferencia pura, frialdad calculada, el “no es mi problema” elevado a categoría moral.
Esta apatía no surge de la nada. Vivimos en sociedades donde la presencia constante de personas sin hogar, adictas o en crisis ha generado una insensibilidad colectiva: “Si ayudo a uno, ¿qué pasa si es peligroso?”. El resultado es que ya ni siquiera distinguimos entre quien realmente necesita auxilio y quien no. Hemos convertido el espacio público en un escenario donde cada uno es espectador de la desgracia ajena, nunca protagonista de la solidaridad. Hemos perdido —o nos han robado— esa chispa básica de humanidad que hace que un desconocido se detenga ante el dolor de otro.
Steven McCluskey no murió solo por un escalador defectuoso. Murió porque, en el momento más crítico de su vida, la sociedad que lo rodeaba había decidido que salvar una vida no era prioridad. Cada uno de esos transeúntes que pasaron de largo lleva consigo una responsabilidad moral que ningún juez podrá absolver: la de haber elegido el egoísmo por encima de la decencia más elemental.
Que este video sirva, al menos, para remover conciencias. Porque si seguimos normalizando que la gente muera en público mientras otros siguen caminando, no solo habremos perdido a Steven McCluskey. Habremos perdido lo que nos hacía humanos.

