En la segunda parte de una serie de vídeos, el canal de YouTube Adrian Salbuchi profundiza en uno de los mecanismos más invisibles y poderosos del sistema financiero moderno: la creación de dinero bancario a partir de la nada y la dilución sistemática del poder adquisitivo de nuestro trabajo.
El engaño de las cifras
Lo que ves en pantalla al inicio del vídeo son los 1,598 billones de euros (M0) que realmente existen en forma de billetes y monedas emitidos por el Banco Central Europeo. Sin embargo, cuando sumamos los depósitos a la vista (el dinero que creemos tener disponible en nuestras cuentas), la cifra salta a más de 11 billones de euros (M1). En M2 y M3 se superan los 17 billones y medio.
Más del 90 % de lo que llamamos “dinero” no es dinero real, sino deuda bancaria: promesas de pago que los bancos realizan sin tener los euros correspondientes. Si un 30 % de los depositantes quisieran retirar su dinero al mismo tiempo, los bancos no podrían pagarlo, porque literalmente no existe.
La jerarquía del dinero
No todo el “dinero” es igual:
- M0: Dinero final (billetes y monedas).
- M1: Dinero a la vista (depósitos corrientes) → deuda pagadera inmediatamente.
- M2: Incluye deuda a corto plazo (hasta 2 años).
- M3: Incluye depósitos a largo plazo e instrumentos financieros complejos.
Cuanto más lejano en el tiempo está el pago prometido, menos valor tiene ese “dinero” por el descuento temporal. Sin embargo, el sistema obliga a tratar toda esta deuda como si fuera equivalente al dinero real.
Cómo funciona realmente un pago con tarjeta
Cuando pagas 10 € en el supermercado con tu tarjeta, no estás entregando dinero real. Estás transfiriendo una deuda: el banco ahora le debe 10 € al supermercado en lugar de a ti. Ambos confían en que esa promesa se cumplirá. Así circula la mayor parte del dinero que usamos diariamente.
La gran mentira del “anticipo”
Muchos justifican el sistema diciendo que los bancos “adelantan” dinero del futuro. Salbuchi desmonta esta idea con un ejemplo clarísimo:
Imagina que has plantado olivos y pides aceite hoy a cambio de las olivas que entregarás dentro de 5 años. La almazara no puede traerte aceite del futuro. Tiene que darte aceite que existe hoy, restándolo de su stock presente. Eso sería un verdadero anticipo.
Los bancos no hacen eso. Cuando conceden un préstamo, no retiran dinero de ningún sitio. Simplemente lo crean tecleando dígitos en una pantalla. Generan nueva deuda bancaria (M1) sin que nadie haya renunciado a su consumo presente. El depositante sigue creyendo que tiene su dinero disponible y el prestatario también puede gastarlo. Dos personas gastan el mismo euro al mismo tiempo.
El resultado: inflación oculta
Al aumentar la demanda sin que haya aumentado la oferta real de bienes, los precios suben. El poder adquisitivo de cada euro se diluye. Los ahorradores y trabajadores pagan este coste sin saberlo, mientras que los primeros receptores del nuevo dinero (bancos, grandes prestatarios y Estado) se benefician.
La analogía del aceite (la más potente del vídeo)
Imagina que depositas 100 litros de aceite de oliva virgen extra (fruto de tu trabajo real) en una almazara. Te dan un resguardo que dice que puedes retirarlos cuando quieras.
Pero la almazara mezcla tus 100 litros con 9.900 litros de aceite de palma barato y de baja calidad. Cuando vuelves, te entregan 100 litros… pero de la mezcla. Y lo más importante: el Estado obliga por ley a que todo el mundo acepte esa mezcla como si fuera virgen extra puro.
El coeficiente de reserva actual en Europa es del 1 %. Por cada litro de valor real, el sistema puede crear 99 litros de ficción.
Los bancos son los únicos autorizados a producir “aceite de palma” (dinero de la nada) y el Estado garantiza que nadie pueda rechazarlo.
Tecnología vs. inflación
La tecnología ha multiplicado la productividad: producimos mucho más con menos esfuerzo. En condiciones normales, esto debería hacer que los precios bajaran drásticamente y nuestro poder adquisitivo aumentara.
Sin embargo, la creación masiva de dinero bancario compensa y anula esa bajada natural de precios. Por eso, aunque somos infinitamente más productivos que hace 50 años, el poder adquisitivo de los salarios apenas ha mejorado y, en muchos casos, ha empeorado.
El truco de la distracción
Para que no veamos el verdadero mecanismo, el sistema nos ofrece pequeñas injusticias visibles:
- El autónomo que factura en negro
- El youtuber que se va a Andorra
- El rico que “no paga suficientes impuestos”
Nuestro cerebro se activa emocionalmente (amígdala) y dirige toda su indignación hacia allí. Mientras tanto, la dilución masiva de nuestro trabajo (99 partes de mentira por 1 de verdad) continúa sin oposición.
Los impuestos, aunque reales, son el hombre de paja. La verdadera financiación del Estado (y de los bancos) es la inflación como impuesto invisible: no requiere votación, no genera debate parlamentario y diluye silenciosamente el valor de nuestro tiempo de vida.
Conclusión: nombrar las cosas para poder cambiarlas
Salbuchi termina con un mensaje claro: mientras sigamos discutiendo las migajas que nos señalan, el sistema está a salvo. El día que empecemos a hablar del aceite mezclado, del privilegio de crear dinero de la nada y de cómo se nos obliga a aceptarlo como real, empezaremos a romper el hechizo.
La auténtica financiación del Estado no son los impuestos. Eres tú. Tu trabajo, tu tiempo, tu vida, diluidos día tras día en una proporción de 99 a 1.
Bienvenido al verdadero tema.

