Por Alfonso de la Vega
El 17 de mayo se celebra el llamado Día de las Letras gallegas. En principio lo de difundir la literatura y la cultura está muy bien pero el problema viene de que no deja de ser una denominación equívoca ya que el sectarismo hace que se descarten los autores gallegos que escriben en lengua española, que por una rara casualidad de la vida resultan ser los mejores con mucho.
Si el dos de mayo, fiesta regional de Madrid, es un acto de reivindicación patriótica de carácter general, integradora de la nación del que se debería sentir orgullosa toda España, en el caso de Galicia la reivindicación es particular, de lo que la separa del resto de la nación española, según la lamentable mentalidad oficial dominante. Del gallego como barrera frente a otros a beneficio de la clase dominante regional y su tenderete institucional.
Fue Fraga el que potenció la autarquía lingüística imponiendo un gallego oficial de laboratorio, que ni siquiera es el habla popular o literario tradicional. Probablemente por las mismas razones que han impulsado los regímenes autárquicos: crearse su propio espacio, su propia ínsula Barataria, inventando aranceles y barreras artificiales que favorecieran su permanencia en el poder. Cabe explicar así que copiara la política lingüística de los nacionalistas catalanes, extraña conducta en hombre tan bien preparado y con su procedencia. La imposición del monolingüismo en gallego en la Galicia oficial que permanece en la administración con consecuencias en la educación, resulta muy perjudicial porque vulnera los derechos civiles de muchos ciudadanos, y dificulta su movilidad e integración vital y laboral con el resto de España. Cuestión grave en cuanto que estorba los lazos de solidaridad entre los españoles pero aún más desde el punto de vista personal cuando fragmenta la realidad económica y social lo que está especialmente contraindicado en tiempos de crisis.

La fiesta de las Letras gallegas estaría desenfocada al plantearse así de ese modo. Gallegos y grandes escritores son ninguneados en un ejercicio de sectarismo y fanatismo que intenta imponer conductas y demonizar a tibios y opuestos al lucrativo galleguismo oficialista, todo un negocio pagado por sus víctimas. De modo que se ningunean genios gallegos como Valle Inclán. Sin olvidar a don Camilo el del Premio, o los Torrente Ballester, Pardo Bazán, Camba, Fernández Flórez, Menéndez Pidal o Curros Enríquez, caso raro éste de un acreditado galleguista de origen no carlista ni planteamientos reaccionarios. Un autor que moriría en Cuba reivindicando curiosamente la españolidad de la isla. Incluso la propia Rosalía terminaría abominando del fanatismo sectario de muchos galleguistas de su tiempo según confesaba en reveladora carta dirigida a su marido Manolo Murguía. Gentes muy variada en mentalidad y planteamientos estéticos pero que siempre cabe recordar con letras mayúsculas no con la letra pequeña engañosa de los contratos con trampa. En estos festejos oficiales generosamente regados con dinero público se celebran y jalean personajes, desconocidos para las musas o los aficionados a la literatura, a los que habría que buscar no ya en el Parnaso, ni siquiera en el parnasillo oficialista del Sar, dicho sea con el debido respeto personal.
No es lógico ni constitucional que el ciudadano español que vive en Galicia reciba las comunicaciones oficiales habitualmente solo en gallego. Los media oficialistas subvencionados tampoco suelen ser imparciales ni amantes de la verdad y por eso no es de extrañar que la lengua común de todos los españoles que hablan cientos de millones en todo el mundo sea preterida por la neolingua oficialista, preñada de palabras transgénicas de laboratorio de uso burocrático y para los discursos de onerosos talibanciños como los de la liberticida Mesa para la Normalización Lingüística. Un chiringuito que por ejemplo combate a Gloria Lago, emblemática presidente de la organización pro derechos civiles Galicia Bilingüe. O el oficial Observatorio da lingua galega de la Xunta propiamente dicha, Pero aquí no hay ningún intento de defender cosas razonables sino de imponer con dinero y coacción públicos una forma de entender la galleguidad y su relación con los valores culturales de la Ilustración que hoy suelen ser preteridos por nuestro tenderete WOKE fundamentalista oficial vigente.
Nuestros talibanciños no respetan la libertad de la gente a hablar como quiera. Tratan de imponer su visión y su lengua transgénica incluso a los tradicionales hablantes del melodioso gallego popular, el de la aldea. En su propia terminología: nos quieren “normalizar” porque los que no hablamos gallego somos «anormales», acaso unos malvados conspiradores contra su lucrativa explotación de lo identitario y reclaman su Lebensraum para construir su propio Reich, en este caso más lingüístico que territorial, financiado, eso sí, por todos los españoles. Su Lebensraum o espacio vital, basado en acaparar grandes y crecientes presupuestos porque saben que sin constante riego de dinero público su tinglado no se sostendría por falta de suficiente apoyo social. Es curioso que su sectarismo haga abominar del uso del gallego incluso a muchos de sus hablantes. Hoy y ayer como en el caso ya citado de la propia Rosalía, harta de tener que aguantar la incomprensión y las imposiciones de los galleguistas de su época.

Por desgracia no hablamos del pasado: Feijoo que hoy se las da de providencial salvador de España, además de otros graves atentados liberticidas, ha colaborado en el ninguneo de la Cultura española de Galicia. El “indigenismo” es un acreditado recurso caciquil cuya primera víctima además de la libertad es la Cultura. Claro que según la versión oficial de Feijoo, “nosotros los gallegos somos una nación sin Estado”, un ejemplo de nacionalismo fino, educado amén de filantrópico, ultra feminista, pro Agenda 2030, pro cambio climático en perspectiva de género, o cualquier otra maniobra destructiva propia de la vigente guerra cognitiva como la misma citada imposición del gallego oficialista.
Cuando se prefiere lo propio a lo bueno o se ocultan las relaciones históricas más elementales cabe entender que se está produciendo una especie de castración. Mala siempre, pero criminal cuando no es una mera auto emasculación como la que se infringían los sacerdotes del viejo culto de la diosa Cibeles, sino que se produce a otros que tendrían derecho a no ver limitadas sus posibilidades intelectuales ni como miembros de una comunidad mayor y de más amplios horizontes compuesta por cientos de millones de hablantes. Una aventura dañina y condenada al fracaso, porque la gente no es tan tonta como el Poder cree, y por la propia experiencia de la vida, suele terminar desengañada e incluso con una reacción de lamentable paradójico aborrecimiento de la lengua que se les ha querido imponer.
Viene a cuento traer aquí las sabias palabras de un gallego ilustre, el gran Valle Inclán: «A veces los idiomas son tan firmes en sus cercos, que nuestras pobres almas no hallan espacio para abrir las alas, y otras almas elegidas, místicas y sutiles, dado que pueden volar, no pueden expresar su vuelo… Triste destino el de aquellas razas encerradas en el castillo hermético de sus viejas lenguas, como las momias de las remotas dinastías egipcias, en la hueca sonoridad de las Pirámides.»
En fin, mis felicitaciones a quienes mantienen la bandera de los derechos civiles con valentía, lucidez y paciencia. Y también a todos los gallegos que quieren disfrutar de su bonita lengua sin imposiciones ni sectarismos a cuya fiesta que sume y no reste, me uno.

