Por Alex Díaz
CUANDO LA MENTIRA NO SE SOSTIENE, SE IMPONE
BIENVENIDOS AL PERIODISMO DE MENTIRA
En la España actual, la mentira cotiza al alza. La mentira se ha convertido en el medio de vida de la política. Pero no solo la mentira se establece como norma de oro en la política: toda la administración pública se engrasa de forma concienzuda con el lubricante del engaño.
El sistema actual se basa en una estafa piramidal. El problema actual es muy simple: la pirámide está invertida. La masa de esclavos que la sostiene está en la cúspide de la pirámide, que ahora tiene el vértice apoyado en el suelo y está a punto de colapsar.

Eso no es una opinión ni un estado de ánimo. Es una ley natural. Se podrá maquillar, subvencionar, decorar con propaganda o blindar con discursos, pero no se puede abolir. Es como la gravedad. Nadie se arroja al vacío esperando flotar porque un burócrata lo aconseje desde un despacho. Y, sin embargo, esa parece ser hoy la pedagogía del régimen: empujarnos al precipicio y exigirnos, además, que aplaudamos la caída.
Los periodistas del régimen
Hace algunos años, muchos periódicos estaban a punto de colapsar. La mayoría de los medios de papel impreso, con la llegada de internet, empezaron a dejar de vender periódicos en papel. A partir de 2008 y hasta 2018, las caídas de ventas de los grandes periódicos, como El País, rondaban un 73% en pérdidas de facturación. Básicamente, estaban en bancarrota. El cierre de quioscos y el cambio de los hábitos de los lectores, que migraron a los medios digitales, además gratuitos, llevó al punto de quiebra a la mayoría de marcas de prensa tradicionales.
El sistema al rescate de los medios de papel
En los medios digitales emergentes y en plataformas como Yahoo, Google o YouTube, por la época de principios de los 2000, empezó a democratizarse la información. Mucha gente empezó a publicar información en páginas web en todo el mundo; se podía compartir información de forma inmediata por correo electrónico y visitar miles de webs con todo tipo de información. Era como una gran biblioteca libre y de acceso inmediato a cualquier información. La mayor difusión de información se produjo a partir de 2007 en adelante.
Con la aparición de YouTube, que en principio era para compartir vídeos musicales, muchos comunicadores empezaron a publicar contenido de todo tipo: político, social, medicinas alternativas, tecnologías, etc.
Los poderes fácticos no repararon, o no midieron bien, lo que supuso internet. Lo lógico es que los grandes medios de prensa escrita deberían haber desaparecido de forma natural, como así desaparecieron los carruajes de caballos en su día al aparecer los vehículos de combustión.
Hacia el año 2010, los teóricos de la conspiración, como hacen llamar a los que descubren el truco de la mafia financiera y burocrática del NOM, eran legión en internet. Las vacunas eran expuestas; el Nuevo Orden Mundial ya no era una conspiración exótica; la geoingeniería era expuesta; el timo de la industria farmacéutica y alimentaria empezaba a saltar por los aires.
Los grandes bancos, la industria farmacéutica, la gran industria alimentaria y la burocracia que cuelga de ellos no podían consentir esto. Una de las decisiones que tomaron fue hacerse con todos los grandes medios impresos en papel, rescatarlos y transformarlos al nuevo mundo digital. A su vez, hicieron lo mismo, pero de forma mucho más descarada, con las grandes cadenas de televisión.
Básicamente, compraron la ruina de la prensa escrita con los impuestos de “la ciudadanía” o de los súbditos esclavos de la UE.
La censura en internet
A partir de 2017, aproximadamente, empezaron con la censura en internet, cerrando páginas web, sobre todo las que cuestionaban la industria farmacéutica y la medicina oficial. Empezó la censura en las plataformas masivas como YouTube, pero, no contentos con esto, Google, ya con el monopolio de los motores de búsqueda, fue eliminando la información molesta para el sistema o posicionando esta información tan atrás que prácticamente es invisible.
No contentos con esto, cualquier información que cuestione la religión climática es acusada directamente por Google de desinformación, y solo decir la palabra vacuna ya es motivo para desmonetizar o cerrar un canal de YouTube. Se pasan la libertad de expresión y su artículo 20 por el forro de sus santos sacramentos globalistas.
Y llega el año 20 y su Plandemia
El excelentísimo don Pedro Sánchez, presidente de la satrapía del reino borbónico de España, también compra la voluntad de todos los grandes medios de comunicación, periódicos y televisiones. Hay que decir que su excelencia no paga de su bolsillo la compra del relato de estos medios, ni sus jefes alubios de la banca privada: lo pagamos todos los españoles, además por real decreto.
En principio, su excelencia nos contaba que lo hacía para financiar a esta pobre gente de la prensa y TV para defender la verdad. Según Don Pedro, había que defender la verdad frente a los negacionistas del relato de la plandemia que tan amablemente nos regalaron los alubios.
Y pasaron los años, y a 14 de marzo de 2026, en el sexto aniversario de la mayor y más criminal estafa de la historia, no solo seguimos financiando a la prensa y TV con los impuestos más criminales y confiscatorios de la historia en España, decir la verdad ya está prohibida por real decreto. Incluso han subcontratado un nuevo ministerio de la verdad con Newtral; odiar, un sentimiento, es un delito; y, para que la gente solo piense como quiere nuestra Excelencia, Maldito Bulo vigilará con mano de hierro a los ciudadanos desobedientes, que darán parte a la STASI de la moral, para ajusticiar como se debe a los negacionistas del cambio climático, de las vacunas, de la inmigración descontrolada, o de la Agenda 2030.
La disidencia controlada
Su excelencia, en su enorme sabiduría y aconsejado por sus jefes alubios, expertos en la ciencia de la mentira, ha sido muy bien aconsejado. Ha creado el mismo sistema que en la política: azules, rojos y verdes, pero, al fin y al cabo, todos títeres del mismo titiritero.
Los grandes medios de papel, como ABC, El País o El Mundo, funcionan por fuerza bruta. Sus redactores no tienen que pensar mucho, solo pensar poco. Sus titulares son todos iguales; su público tipo suele tener las neuronas justas, bueno, básicamente una gran mayoría. Sus noticias son prácticamente iguales; su línea editorial, la misma. Son como un empacho de donuts, muy tóxico para la mente.
Pero, claro, el circo tiene que ser creíble. Para ello se han creado nuevos periódicos digitales que parecen estar en contra del gobierno, o programas de televisión que debaten en contra de Pedro Sánchez.
Curioso que, en la época de la plandemia, todos estos medios estaban a favor de inyectar convulsivamente el brebaje para la enfermedad imaginaria de moda, o de que todos los niños usaran bozal. Ahora se meten un poquito con su excelencia, pero lo justo para no hacer sangre.
También hay muchos medios supuestamente alternativos que surgen ahora y critican muchas de las absurdas medidas, como la inmigración de reemplazo o la ocupación, pero nunca van al fondo del problema, insistiendo en pedir la solución al problema, y el problema nunca te va a dar la solución: siempre te lleva a un callejón sin salida.
Quizás los que dicen verdades a medias son peores que los que mienten descaradamente. No dejan de ser conductores de rebaños, ya que al final llevan al rebaño al mismo callejón sin salida.
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