domingo, enero 11, 2026
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Décimo aniversario de la partida de David Bowie: un genio inmortal

Hoy, 10 de enero de 2026, se cumplen diez años desde que el mundo perdió a uno de los artistas más innovadores, versátiles y cautivadores de la historia de la música: David Bowie. Nacido como David Robert Jones el 8 de enero de 1947 en Brixton, Londres, Bowie no solo fue un cantante excepcional, sino un visionario que reinventó el rock, el pop y la cultura popular una y otra vez. Desde sus inicios en los años 60 hasta su partida en 2016, tras una batalla contra el cáncer, Bowie dejó un legado que trasciende generaciones, influyendo en la moda, el arte y la identidad misma. Como admirador incondicional, es imposible no sentir un profundo respeto por un hombre que, con su voz única y su carisma magnético, nos transportó a mundos alternos y nos hizo cuestionar lo establecido. Bowie no era solo un músico; era un camaleón, un extraterrestre entre nosotros, y uno de los mejores cantantes de la historia reciente.

Su carrera despegó en 1969 con «Space Oddity», una balada cósmica que coincidió con el supuesto alunizaje del Apolo 11 y capturó la imaginación colectiva con la historia del Mayor Tom, un astronauta perdido en el espacio. Esta canción no solo marcó su entrada al estrellato, sino que estableció su fascinación por lo ciencia ficción y lo desconocido, temas recurrentes en su obra. A lo largo de los 70, Bowie se transformó en Ziggy Stardust, su alter ego glam rock que revolucionó la escena musical con álbumes como The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars (1972). Temas como «Starman», con su riff inolvidable y su mensaje de esperanza alienígena, o «Ziggy Stardust», que narra la ascensión y caída de una estrella de rock, encapsulan la esencia de esa era: audaz, teatral y provocadora.

Pero Bowie no se estancó en un solo estilo. A mediados de los 70, exploró el soul y el funk en Young Americans (1975), regalándonos himnos como «Fame» –coescrita con John Lennon– y «Golden Years», temas que destilan groove y sátira social con una voz que pasa de lo suave a lo electrizante. Su «Trilogía de Berlín» con Brian Eno –Low (1977), «Heroes» (1977) y Lodger (1979)– lo llevó a terrenos experimentales, donde «Heroes» se erige como un monumento al amor en tiempos de división, con su crescendo vocal que aún eriza la piel. ¿Quién no se emociona con esa letra sobre amantes besándose junto al Muro de Berlín?

Los 80 lo vieron conquistar el gran público con Let’s Dance (1983), producido por Nile Rodgers, donde el título homónimo invita a bailar con un ritmo contagioso y un saxo memorable, mientras «Modern Love» y «China Girl» muestran su habilidad para fusionar pop con profundidad emocional. En décadas posteriores, Bowie siguió innovando: «Ashes to Ashes» (1980) revisita al Mayor Tom con un video pionero y una crítica a la adicción; «Changes» (1971) se convierte en un mantra de transformación personal; y «Life on Mars?» (1971), con su piano dramático y letras surrealistas, es una obra maestra que cuestiona la realidad cotidiana.

No podemos olvidar joyas como «Station to Station» (1976), un épico de diez minutos que marca su fase Thin White Duke, o «Sound and Vision» (1977), minimalista y reflexiva. En sus últimos años, álbumes como The Next Day (2013) y Blackstar (2016) –lanzado dos días antes de su muerte– revelan un Bowie introspectivo, con temas como «Lazarus» que parecen una despedida poética, llena de misterio y aceptación.

David Bowie no solo cantaba; creaba universos. Su voz, capaz de ser tierna, ronca o etérea, unida a su ingenio lírico y visual, le convierte en un ícono incomparable. Diez años después, su música sigue viva, inspirando a infinidad de artistas. Bowie nos enseñó que el cambio es la única constante, y por eso, su legado es eterno. ¡Que el Mayor Tom siga flotando en el espacio, recordándonos lo infinito de su genio!

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