domingo, agosto 31, 2025
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Dos niños asesinados, otros 14 heridos, además de 3 adultos, tras el tiroteo en una escuela católica en Minneapolis (EEUU)

La impactante noticia ha sido casi silenciada en los medios de comunicación españoles y europeos. ¿Se imaginan que un español católico hubiera entrado en una escuela coránica y hubiera cometido los mismos delitos? Sería noticia mundial y los gobiernos vomitivos de la UE hubieran convocado paros de un minuto en las puertas de los ayuntamientos y manifestaciones contra el fascismo. Incluso hubieran convocado manifestaciones encabezadas por los sindicatos comegambas y partidos de izquierda por el multiculturalismo. Pero los asesinados eran niños católicos y eso no es noticia. 

Durante el año 2025 los musulmanes han asesinado en Nigeria a más de 500.000 cristianos, han quemado las iglesias con los fieles dentro (después de acribillarlos a balazos),  y los crímenes no han sido noticia. 

El mundo asume, sin mover ni un dedo, el asesinato de 500.000 cristianos, pero crea comisiones internacionales por la guerra de Gaza, cuando se trata de una supuesta hambruna. 

Ante esta anomalía no cabe varias preguntas que debe de resolver el lector:

¿Por qué no es un escándalo mundial que un/una TRANS asesine a 2 niños católicos y hiera a otros 14 en un colegio, a la salida de los oficios religiosos? ¿Vale más la muerte de un niño en Gaza más que el asesinato de 2 niños y el acribillamiento a otros catorce menores en Minneapolis? ¿Acaso se oculta  por los medios de comunicación woke el asesinado porque el autor de los delitos es un TRANS y los niños asesinados son católicos?

El hecho es que el asesinato se ha ocultado como un tiroteo más en EEUU, pero la realidad no es así. Un anticatólico, de apellido judío, llamado Robín  Westman, de 23 años de edad, armado con un fusil de asalto militar y una pistola, ha sido el autor de los hechos y el asesino diabólico de dos menores y autor de las heridas gravísimas de otros catorce. Recordemos para el que no lo sepa, que el apellido «Westman» es una forma germanizada del apellido judío asquenazí «Weitzman» (que significa «hombre de trigo»).

Una vez sentadas las bases de este artículo, analicemos que se sabe del autor/autora TRANS, del asesinato de niños en la cacería de católicos organizada por este criminal  en  Minneapolis.

Este asesino transexual, llamado Robin Westman, dejó un rastro digital de crisis de identidad de sexo y obsesiones violentas, antes de ejecutar el ataque en la iglesia de una escuela infantil con el objetivo de matar niños

Robin Westman, identificada por las autoridades como la autora del ataque armado contra la escuela católica Annunciation de Minneapolis, tenía una historia personal marcada por la conflictividad de su personalidad, a causa de la confusión de su personalidad y sexo, lo que le llevaba a tener las obsesiones violentas. Según documentos judiciales, en 2020 cambió legalmente su nombre de Robert a Robin, alegando que «se identifica como mujer y quería que su nombre refleje esa identificación».

Aunque inicialmente el director del FBI se refirió a Westman como hombre, las autoridades confirmaron su identidad transgénero, y están investigando si esto estaba relacionado con los motivos del ataque a unos niños inocentes.

Westman dejó un rastro digital perturbador a través de videos publicados en un canal de YouTube que ya ha sido eliminado por la plataforma, donde expresaba su «obsesión mórbida» con tiroteos masivos anteriores, especialmente el de Sandy Hook. En estos materiales, mostraba armas decoradas con consignas violentas que incluían «matar a Donald Trump» y referencias al Holocausto, junto a insultos contra católicos y musulmanes. 

Los cuadernos escritos contenían diagramas detallados de la iglesia atacada y reflexiones sobre depresión y suicidio. Uno de los videos, programado como manifiesto póstumo, incluía un curioso mensaje para su familia: «No espero perdón… pido disculpas por los efectos que mis acciones tendrán en sus vidas».

La conexión de Westman con la institución católica atacada añade otra capa al caso: su madre trabajó en la misma desde 2016 hasta su jubilación en 2021, aunque se desconoce el carácter exacto de esta relación. Vecinos describieron a la familia como «gente muy amable», lo que contrasta con la violencia premeditada del ataque. Westman había visitado la escuela la semana anterior al tiroteo, aparentemente investigando el terreno.

El eco de los disparos, que profanaron un espacio dedicado a la paz y la oración, ha resonado más allá de los muros del lugar, golpeando el corazón de la Iglesia universal y dejando a una ciudad sumida en el luto. El ataque, ocurrido en la mañana del jueves, no fue un acto de violencia azaroso, sino un golpe directo contra la fe cristiana. Los niños, víctimas inocentes de este crimen, fueron asesinados en el corazón de la Eucaristía, en un acto que evoca el odium fidei, el odio al cristianismo que la tradición de la Iglesia identifica como una afrenta del maligno contra Dios. “No fue solo un asesinato, fue una profanación”, afirmó el padre James Callahan, párroco de la iglesia afectada, en una declaración cargada de dolor pero también de esperanza. “Esos pequeños, al derramar su sangre en la casa del Señor, se han unido al sacrificio de Cristo”.

Como señalaba San Agustín, cuya memoria litúrgica coincide con este trágico día, los niños mártires, incluso sin palabras, confiesan a Cristo con su vida. En este sentido, la comunidad católica de Minneapolis comienza a referirse a las víctimas como mártires, cuya inocencia y sacrificio, según la fe, los elevan a la presencia de Dios. 

“Humanamente, solo vemos pérdida; espiritualmente, vemos una victoria que el mal no puede arrebatar”, expresó la hermana Clara Torres, líder de un grupo de oración local. 

El dolor de las familias es indescriptible. Madres y padres, que llevaron a sus hijos a la Misa en busca de consuelo espiritual, ahora enfrentan un vacío que ninguna palabra puede llenar. La diócesis ha movilizado equipos de apoyo pastoral y psicológico para acompañar a los afectados, mientras la ciudad organiza vigilias para honrar a las víctimas. “No hay consuelo humano que baste, pero la fe nos asegura que esos niños están en el Reino”, afirmó el obispo local en un mensaje a la comunidad. 

En medio de la tragedia, la respuesta de la Iglesia no es de derrota, sino de resistencia espiritual. “El maligno quiso apagar la luz de la fe, pero la sangre de los inocentes la hace brillar con más fuerza”, declaró el padre Callahan. 

La comunidad se prepara para una Misa de réquiem en los próximos días, un acto que no solo honrará a las víctimas, sino que reafirmará la convicción de que el amor de Dios prevalece sobre el odio. Mientras las familias lloran y la ciudad busca respuestas, la fe cristiana ofrece una certeza: esos niños, ahora mártires, interceden desde el cielo, y un día sus padres volverán a abrazarlos en la eternidad. 

La sociedad espera respuestas del Estado ante las anomalías psicológicas de personajes similares al asesino, y también espera justicia para que no vuelva a suceder algo similar.

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