domingo, agosto 31, 2025
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¡Cuidado, no se atragante con la aceituna!

Por Alfonso de la Vega

Hace unos días de este verano incierto que más se asemeja a una otoñada suave, mientras tomábamos el aperitivo junto a La Marina coruñesa comentaban un grupo de amigos junto con otro venido aquí de vacaciones muy introducido en palacio, nuestra perplejidad por la apatía del rey que no hace nada mientas su reino va achicándose hasta hacerse más pequeño que el planeta de El Principito.

Le decía para tirarle de la lengua que lo mismo “le han echado droja en colacao”, como en el viejo anuncio de publicidad de la tele, pero el caso es que parece flotar y pasar de todo como si con él no fuese la cosa. Otro remachaba: Cree que con firmar los decretos que le echen, asistir a funerales o inaugurar desastres o desfalcos en vez de pantanos ya está todo arreglado y su misión cumplida.

No, no es así aunque lo parezca, me consta que está muy preocupado pero no hay peor cuña que la de la misma madera y la consorte ha hecho piña con el falsario, y parecen tramar algo en comandita. Algunos cotillas sospechaban ser cosa de cuernos pero más que intrigas de alcoba como las de la reina Isabel II parecen relacionadas con la floreciente demagogia. De modo que disimula e intenta unirse al corrillo de conjurados pero no le dejan del todo.

Pues creía que los tres estaban bailando agarrao sobre la misma baldosa, incluso que pudiera ser el verdadero «número uno».

Pero no, giran en torno del falsario. Aunque sabemos que en la farsa democrática existen guiones con sus guionistas, directores de espectáculo y actores tanto de primera línea como de reparto. Y por encima de todos ellos quienes pagan la función y a los actores, gentes invisibles del dichoso pueblo elegido. Su Majestad como primer actor resulta muy soso, hierático y poco creíble. Aunque sea preciso reconocer que sobresale como un rey vistoso muy apropiado para lucirlo con la pechera cubierta de medallas, grandes cruces, bandas o toda la heroica parafernalia en desfiles y saraos de parecida condición, pero también de escasas luces, porque si no, no se entiende su conducta. Más habitual del HOLA y demás revistas de charos que citado en los Tratados de Ciencia Política. Incluso creo que mejoraría su aceptación popular como apuesto figurín de lámina bélica admirada por el marujeo si le diera gusto a la más acendrada afición cortesana montando a caballo, como un feroz Marte con sable desenvainado, coraza reluciente, yelmo plumífero y demás atributos.

Apenas  se habla ya con nadie de su familia pues la lurpia le ha enemistado con todos ellos, una maña muy propia de la sectas destructivas, por cierto. Como de tapadillo para no contrariar públicamente al falsario, ha llamado a consultas a los antiguos presidentes, pero con esos ejemplos…

Bueno, el caso es que no puede hacer nada aunque lo desee por ser un rey constitucional.

Venga hombre, por favor, a otro con esa trola cortesana.

Sí, es verdad…

Sabes que no. Es el garante constitucional, no del estropicio que está perpetrando su gobierno. Algunos apuntan a posibles chantajes, a su temor de que se pudiese llegar a conocer algo que desease permanezca muy oculto y enterrado.

Desde luego que nada ha estropeado tanto el progreso y bienestar de los españoles como la constitución, convertida en hoja de parra de quita y pon para tapar las infinitas vergüenzas de la Corona. Su glorioso antepasado, el incomprendido Fernando VII, así lo entendió enseguida actuando a las bravas. Su propio padre emérito sin ir tan lejos hacía lo que le parecía sin que nadie le tosiese. Además ninguna monarquía puede estar conforme con recibir el poder del pueblo o en este caso del malvado caudillo, cuando a toda que se precie de tal le viene de Dios. Lo de pretender que haya reyes constitucionales no deja de ser una aberración, una contradicción en términos, un quiero y no puedo, un estar colgado de una siempre incierta y caprichosa brocha del populacho. Mal comparando la constitución es como esta aceituna rellena de este plato, pero no de anchoa sino de la gusanera demagógica. Es una forma híbrida o mestiza, eso de lo de la monarquía republicana. Un engendro, un disparate. Una monarquía verdadera siempre pone por delante el Derecho divino y a los súbditos si no están de acuerdo pues que les den.

Sí, esa es buena, háblale de Derecho divino a la consorte. Que con su glorioso desempeño ya te da idea de las despachaderas del monarca cuando ha elegido a esa pareja…

Con tales ejemplos el pueblo ya no se mantiene fiel a la sacrosanta tradición de sus antepasados más crédulos, sacrificados e ignorantes.

Aunque no por lo del cambio del clima climático precisamente, el otoño parece va a venir muy caliente. El valido de Su Majestad adopta la misma actitud que ella. Resistir en la poltrona a toda costa y caiga quien caiga.

Los problemas se van agrandando mientras caudales, dignidades y haciendas menguan. Si el uno de octubre no hubiera aún presupuestos presentados el incumplimiento constitucional sería ya indisimulable, un forma de golpe de Estado y al garante no le quedaría más remedio que hacer algo, al menos para disimular, para no quedar como otro Alfonso XIII. Sin olvidar el aumento del descontento social. La brigada judicial que pese a todo se mueve y se acerca sin pausa como el bosque encantado de lady Macbeht. Y, que, oliendo la sangre como las hienas, cabrían las posibles marchas verdes con las que nos quiera obsequiar el sultán judaizante de Pegasus.

Ya está bien. Por favor, dejadlo ya que se me va atragantar la aceituna.

 

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