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Un «tuit» macabro pero inquietante

Por Alfonso de la Vega

En el agitado EEUU pre votaciones de medio término las cuentas Martial Law, Julian Assenge, Florentin Patriota Q están “retuiteando” con cientos de miles de visualizaciones un sospechoso «tuit» de este tenor:

«Pope Leo XIV died just 15 minutes ago, today, Thursday, October 15, 2026. The Vatican is hiding this from you. You will see a fake Pope Leo leaving the hospital it won’t be him; don’t believe it. Es decir, “El Papa León XIV murió hace apenas 15 minutos, hoy, jueves, 15 de octubre de 2026. El Vaticano te lo está ocultando. Verás a un falso Papa León saliendo del hospital, no será él; no lo creas.”

No se ofrecen datos que avalen la verosimilitud de tan impactante y extraña declaración con un pretendido doble suplantador incluido. Entiendo que es una broma macabra de muy mal gusto pero no deja de tener cierto interés tal pretendida noticia por lo que pudiera esconder y conspiranoicos aparte quizás no estaría de más hacer algunos comentarios.

Lo extraño primero es que se haya difundido una noticia bulo cuyo origen no se sabe muy bien de donde procede, ni que pretende que afecta al primer papa estadounidense, un personaje incierto que no termina de decantarse en un sentido u otro aunque me parece un epígono o continuador más suave o diplomático del siniestro anterior,

Lo segundo a pensar es que tras Bergoglio la situación actual de la imagen espiritual del Vaticano es tan precaria que lamentablemente pudiera resultar cierta. Cuando el propio León XIV informó de su inmediato ingreso hospitalario, la primera visión inconsciente que me vino a la mente fue la de la sacrificada figura del pobre Juan Pablo I, y su más que sospechosa muerte.

Sobre todo en un cierto inquietante contexto si se da verosimilitud al secreto de Fátima formulado así: “El orden no reina en ningún lugar. Satanás ha alcanzado los lugares más altos y decide el curso de los acontecimientos. Logrará insinuársele a la iglesia y alcanzar su cúspide más alta.” Durante el Concilio Vaticano II, que para un número elevado de estudiosos católicos se halla el origen de muchos de los actuales males de la Iglesia, surgen las apariciones de Garabandal y nuevos supuestos mensajes marianos: “antes la Copa se estaba llenando, ahora está rebosando. Los sacerdotes, obispos y cardenales van muchos por el camino de la perdición y con ellos llevan a muchas almas”

Como contraste cabe recordar las palabras del sucesor de Juan XXIII: “nosotros los modernos, hombres de nuestros días queremos que todo sea nuevo. Nuestros mayores, los tradicionalistas, los conservadores, medían el valor de las cosas según su durabilidad; nosotros en cambio somos actualistas, queremos que todo sea nuevo con el tiempo, que todo se exprese de una manera continuamente improvisada y dinámicamente novedosa.” También Juan Pablo II insistiría en esa misma línea.

Y tras su muerte: los intentos restauradores de la Tradición por parte del catejon fallido, Albino Luciani. Resulta muy esclarecedor el tremendo relato del estadounidense P. Murr que viviera los acontecimientos en primera persona en el mismo Vaticano. La relación de la sospechosa muerte del papa Juan Pablo I con la investigación del Instituto para las Obras de Religión presidido por el también norteamericano arzobispo Paul Marcinkus y la Logia Propaganda Due, cuyos vínculos argentinos estaban muy estrechamente relacionados con Bergoglio, amigo personal de Lucio Gelli, su venerable y sobre todo del miembro almirante Massera, feroz triunviro de la Junta militar.

El P. Charles Theodore Murr cuenta su experiencia con las peripecias de cierto inquietante informe resumen de la investigación encargada por Pablo VI sobre la infiltración masónica en la Curia, al arzobispo Édouard Gagnon y que tras la muerte de Montini fuera entregado a Juan Pablo I a instancias del cardenal Benelli. El papa leyó el dosier y su resumen de medidas: destituir de inmediato al prefecto de Obispos y sustituir a Marcinkus. De modo que ofreció a Benelli la Secretaría de Estado en lugar del cardenal Jean Villot, también señalado como masón, y Benelli puso una condición: apartar a Baggio enviándolo a Venecia: “El Papa Juan Pablo I llamó al cardenal Baggio a audiencia: “Quiero verlo mañana”. “No, Santidad, estoy ocupado, vienen obispos de distintas partes”. “Perfecto. Entonces lo veo esta noche, a las ocho. ¿Está ocupado a las ocho de la noche? ¿Con qué? ¿Dónde? ¿Con quién? Ah, está libre. Perfecto, lo espero a las ocho”».

«El Papa le dice: “Eminencia, hemos tomado la decisión de mandarlo a Venecia, nuestra propia arquidiócesis, que está vacía porque me eligieron Papa. Es un honor”. “No, no voy”. “¿Cómo que no va?”. “No voy. Todo esto es un complot contra mí, Padre”. Y empezó a levantar la voz. La Guardia Suiza, fuera de la puerta, oyó una voz muy fuerte que gritaba y una discusión entre los dos. Baggio salió muy enojado y, ¡pum!, dio un portazo. Eran poco más de las nueve de la noche. Dos horas más tarde, creo, el Papa estaba muerto».

A las siete y media de la mañana un seminarista amigo, Luis Fernando, aporreó la puerta del P.  Murr con la noticia. El sacerdote creyó al principio que hablaba de Pablo VI. «Fui inmediatamente al cuarto de Gagnon, toqué la puerta de Marini y estábamos todos en piyama escuchando la noticia, sin poder creerlo, mirándonos. Pero sí sabíamos quién estaba detrás de todo eso, y ni por un momento compramos la idea del infarto. Hay coincidencias en la vida, pero aquello era demasiada coincidencia».

«Al día siguiente, paseando por un parque cercano a la casa, Murr le preguntó a Gagnon sin rodeos si el Papa había muerto de muerte natural, si lo habían matado o si se había quitado la vida. Y Gagnon, con mucho cuidado de lo que decía y lo que no decía, me contestó: “Carlitos, hay muchas maneras de matar a un hombre. Hay muchas maneras de provocar un infarto. Hay muchas maneras de matar a un hombre”. Con eso me lo contestó todo«.

El P. Murr subraya además dos detalles que alimentaron entonces las sospechas: las versiones oficiales contradictorias sobre el hallazgo del cadáver, que pasaron del libro de la Imitación de Cristo a unos papeles sobre cambios en la Curia, y la desaparición del dosier que Gagnon había entregado al Papa. «Muchas cosas se pierden misteriosamente así«.

No sabemos si acaso se pudiera repetir la historia pero otra forma de matar a un hombre es llevarle al ostracismo como a Benedicto XVI o impidiendo su misión o razón de ser.

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