Pedro Sánchez utilizará todo tipo de estrategias, ilegalidades y enredos para mantenerse en el poder. Es un hombre sin ley, y no podemos quitarle los ojos de encima. A estas alturas sabemos que es capaz de todo. No estamos tratando de un simple corrupto ambicioso de perfil psicopático narcisista, sino de un espécimen sin catalogar, muy peligroso, uno de esos animales que estudia la criptozoología; pero con mucho poder y sin ningún escrúpulo ni regla moral.
Sé que es una pesadez hablar de Sánchez, de su entorno mafioso y de sus múltiples casos de corrupción una y otra vez. Pero no queda más remedio que seguir insistiendo; por obligación y por honor. Las cortinas de humo nos invaden para distraer y ocultar las vergüenzas del gobierno, pero no podemos permitir que los agitadores del poder nos nublen el camino con falsos señuelos sin salida.
Hay que insistir en el objetivo, que no es otro que denunciar y divulgar lo que está sucediendo en el gobierno de España, sin que, aparentemente, pase nada; ni siguiera una mínima muestra de vergüenza. Se sienten tan seguros y arropados por su prensa corrupta que no es de extrañar que quieran perpetuarse en sus lugares de privilegio de manera vitalicia. El punto de mira debe seguir siendo Pedro Sánchez y su entorno mafioso: su mujer Begoña, su hermano el músico, sus ministros y colaboradores directos investigados y sospechosos, y el propio Partido Socialista y su presunta financiación ilegal. Este debe ser nuestro repaso diario.
No nos distraigamos con “cositas” y cotilleos menores. Estamos ante algo tan grave, que, al paso que va y la dinámica que lleva, puede conducirnos a un estado de opresión del que será imposible salir. Y ¡por favor!, no piensen que Europa dirá algo y nos salvará. Si Sánchez está tan seguro es porque conoce que eurodiputados de varios países y componentes de la Comisión, empezando por la propia Ursula von der Leyen, presuntamente, están pringados hasta el cuello. Muchos cobraban de la USAID hasta que Donald Trump firmó la orden ejecutiva de suspensión de financiación a chiringuitos, políticos, periodistas y amiguetes. Por no hablar de lo que llevan embolsándose del narcoestado venezolano. Por eso son todos tan proclives al “wokismo”, a los pactos verdes, y a no reconocer a los ganadores legítimos de las elecciones. En estos momentos, España está intercediendo para que le retiren las sanciones a Delcy Rodríguez.
La prensa de la izquierda y los “bots” de las redes inundan la zona con titulares y artículos engañosos sobre el éxito de la estrategia del “no a la guerra” de Sánchez y su falso enfrentamiento con Donald Trump. ¿Pero alguien con un mínimo de conocimiento de la política internacional y de lo que el mandatario estadounidense se trae entre manos puede pensar en un pugilato entre rivales? No juegan en la misma liga, y hay que estar muy despistado para insinuarlo. Trump sabe muy bien quién es Sánchez, Zapatero, Petro, Delcy Rodríguez y adláteres de la cúpula venezolana o Sheinbaum. Dicho sea de paso, esta última y Petro fueron excluidos de la Cumbre Latinoamericana contra el narcotráfico. ¿Será porque Estados Unidos no se fía de ciertos regímenes, a los que considera socios de los cárteles? Trump tiene en su mesa informes suficientes, y muy delicados, para avergonzar a Sánchez y hacerle callar si fuera necesario. Incluso nos han confirmado que tiene en su poder los archivos de Sabiniano. Este asunto será uno de los castigos del cónyuge de Begoña mientras viva.
No es nada nuevo decir que el presidente de España miente como un bellaco y que de manera continua rebusca en los contenedores de basura cualquier resto de carroña para su plato combinado diario. Es cierto que consiguió insuflar una dosis de su droga mortífera al colectivo de “la ceja”, algo callados últimamente, avergonzados de tanto saqueo a las arcas del Estado, de tanta siesta y mangancia, de tanto deterioro general, de tanta mentira y demagogia, cuyos ecos se dejan oír en los valles más lejanos. Y lo consiguió mintiendo, pues cuando dijo que España no permitiría que Estados Unidos utilizara sus bases, ya habían salido los primeros aviones. Con Sánchez siempre es así, y ni siquiera se sonroja cuando la portavoz de la Casa Blanca deja su embuste al descubierto.
Es difícil analizar los asuntos de guerra desde nuestra perspectiva, no teniendo, además, todos los elementos de la ecuación. Pero si algo sabemos con certeza es que había que evitar que el gobierno de los ayatolas consiguiese una bomba nuclear. Donald Trump está haciendo el “trabajo sucio” que nadie se atrevió a hacer, y los países del Golfo están encantados. Lo mejor en estos momentos es esperar las cinco semanas que el presidente pronosticó y analizar entonces si estamos en un mundo más seguro que antes de la intervención.
Nadie quiere la guerra. Seguro que cuando éramos más jóvenes muchos hemos sido pacifistas y seguidores del pensamiento Alicia. Aspirábamos a un mundo sin armas y creíamos que deseando la paz y diciendo no a las guerras era suficiente. Pero las cosas no funcionan así en nuestra realidad dual; no basta con desear algo para que se concrete el deseo. Nos damos cuenta de ello cuando crecemos, nos formamos y adquirimos una visión panorámica. “Si vis pacem, para bellum”, esto es, “si quieres paz, prepárate para la guerra”. Es una frase del autor romano del siglo IV, Flavio Vegecio Renato, en su obra Epitoma rei militaris. Él no era militar, sino un hombre ilustre cercano al emperador.
Es triste despojarse de la inocencia, pero no podemos seguir indefinidamente con el disfraz de Peter Pan. La evolución nos hace crecer y adquirir sentido común, lo cual nos capacita para un mayor discernimiento y una mejor elección. Esto no es contrario al idealismo y a la fe en la utopía.
Lo realmente preocupante es que, después de escándalos tan graves, tanto Sánchez Pérez Castejón como el Partido Socialista continúen teniendo tantos votantes fieles. Esto tiene mucho de irracional, y muy poco de ponderación y análisis reflexivo. ¿Quiere esto decir que los votantes socialistas son tontos y no se enteran de nada? ¿Quiere decir que no les importa que los frían a impuestos, que se roben su dinero, incluso los fondos europeos, y desayunarse cada día con un caso de corrupción? ¿Ni siquiera les afectan los muertos por negligencia y haberse enterado de que la red ferroviaria ha estado sin el mantenimiento obligado? ¿No tienen sentimientos? ¿O es que son mala gente y disfrutan con el hundimiento del país? Esto último lo pienso muchas veces, pero acabo desechándolo, para preguntarme: ¿Qué más tiene que ocurrir?
El presidente del gobierno está convencido de que la gente es fácilmente manipulable y que las raciones de emocionalidad son muy alimenticias y rentables. Y como vive en otra realidad, este pequeño éxito del “no a la guerra” y tanta noticia exagerada sobre su enfrentamiento con Trump, más las felicitaciones por parte de todas las dictaduras, tiranías y bandas terroristas del mundo –vaya categoría–, lo han endiosado y anda inflado como un sapo. Incluso se rumorea que podría estar planeando un superdomingo electoral, aprovechando su popularidad de “hombre de Estado internacional”. Otro rumor apunta a que, aparte del intento de una triquiñuela del Constitucional para seguir gobernando sin presupuestos, se estaría maquinando sobre la no obligatoriedad de convocar elecciones cada cuatro años. Esto debe ser una broma, pero con este tipo todo es posible. Cualquier cosa por inimaginable que sea en otro ser humano, en él tendrá rango de normalidad. Muchos dudamos de la literalidad de su humanidad. ¿Es humano realmente? ¿No será un robot humanoide programado para el Mal? Se non è vero, è ben trovato. Bendiciones para todos, que buena falta nos hacen.

