El culto a Baal y la muerte de cinco jóvenes magrebíes en Cataluña. El último suceso sospechoso ocurrido en nuestro país deja demasiadas incógnitas abiertas y desprende un olor extraño, nunca mejor dicho, cuando se repiten los numeritos de siempre.

6 plantas y un trastero maldito en el portal 66
Hablamos de ese trastero donde cinco jóvenes de origen magrebí aparecieron asfixiados y calcinados mientras, según la versión oficial, se encontraban reunidos en una de sus habituales quedadas para drogarse, un detalle que muchos medios han tratado con extrema suavidad. El consumo de determinadas sustancias inhalantes, como pegamentos y gases, es una práctica que causa estragos en jóvenes cuyos cerebros aún no han terminado de desarrollarse, y sin embargo este problema parece normalizado. Existen espacios similares repartidos por todas las ciudades y pueblos y nadie parece dispuesto a afrontar la raíz del asunto.
Cuesta creer que cinco jóvenes mueran al mismo tiempo y en circunstancias tan poco claras. Es cierto que los accidentes suceden, pero lo habitual sería que al menos uno de ellos reaccionara, intentara huir o alertar a los demás antes de que la situación fuera irreversible. Que ninguno lograra escapar ni pedir ayuda resulta, como mínimo, llamativo. ¿De verdad no hay nada más detrás de lo que se nos ha contado?
El lugar exacto también ha despertado comentarios: la sexta planta del número 66 de la calle Montseny. Para quienes observan la simbología y la numerología con atención, ese dato no pasa inadvertido. No todo el mundo lo considera casual. Las suspicacias aumentan cuando se combinan ciertos números con una tragedia de esta magnitud. Aun así, la prensa oficial sostiene que el incendio se originó en una golfa, un trastero abuhardillado situado en la parte superior de un edificio que consta de cinco plantas, más un nivel en la azotea destinado a almacenamiento. 6 plantas y un trastero maldito en el portal 66.

Nos venden un laberinto de trasteros donde había una estructura en U con 2 salidas
Algunos medios hablan de un inmueble de cinco plantas; otros mencionan una sexta. En realidad, se trata de un edificio de cinco alturas con una planta adicional en la azotea (la sexta) donde se encuentran los trasteros. Se describe una estructura con pasillos en forma de U, sin ventilación y con escasa iluminación, dividida en dos escaleras y corredores que algunos califican de laberínticos. Sin embargo, no se trata de un entramado imposible, sino de dos distribuciones en U relativamente sencillas y conocidas por quienes solían frecuentar el lugar.
Las autoridades descartaron una explosión y apuntan a un fuego accidental como causa principal, asegurando que los menores fallecieron por inhalación de humo. Hasta trece dotaciones de bomberos y once ambulancias acudieron al lugar, aunque vecinos sostienen que la intervención tardó cerca de media hora en producirse. Ese detalle también puede levantar suspicacias, recordando otros incendios polémicos donde los tiempos de respuesta fueron cuestionados pese a la proximidad de los parques de bomberos.
El entorno de los jóvenes confirma que solían reunirse allí para inhalar gas de la risa. Se insiste en que el fuego fue pequeño, pero que la acumulación de humo en un espacio sin ventilación resultó letal. Aun así, persisten las dudas: si conocían perfectamente esos trasteros y acudían con frecuencia, ¿cómo es posible que ninguno encontrara la salida? Y más aún, ¿cómo puede existir una estructura así sin controles más estrictos? Para abrir cualquier negocio o construir una vivienda se exigen requisitos interminables, pero estos espacios permanecen sin supervisión hasta que ocurre una tragedia.
Las preguntas siguen en el aire. Cinco jóvenes han muerto en circunstancias que muchos consideran extrañas, con detalles que no convencen y con una versión oficial que para algunos resulta insuficiente.

