sábado, febrero 28, 2026
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El ataque, previamente anunciado, de Israel y EEUU contra Irán parece una farsa más propia de Miguel Gila: «¿Es el enemigo…?»

En una escena que parece sacada de una comedia absurda, Estados Unidos e Israel han lanzado finalmente su ataque contra Irán este 28 de febrero de 2026. Lo que debería ser un momento de tensión geopolítica global se convierte en un ejercicio de incredulidad colectiva: ¿cómo puede un «ataque sorpresa» ser sorpresa si se ha anunciado a bombo y platillo durante semanas? El presidente Donald Trump, en un video publicado en Truth Social, confirmó que las fuerzas estadounidenses han iniciado «operaciones de combate mayores» en Irán, mientras que Israel describió el asalto como un «golpe preventivo» contra amenazas nucleares y militares. Explosiones se reportaron en Teherán y otras ciudades, con humo elevándose sobre la capital iraní, y las fuerzas de Irán respondiendo con contraataques hacia Israel.

Pero detengámonos un momento: este no es una guerra relámpago imprevista, sino un evento telegrafiado con la sutileza de un elefante en una cristalería. Durante las últimas semanas, Trump ha amenazado repetidamente a Irán con consecuencias si no accedía a un nuevo acuerdo nuclear, exigiendo la destrucción de instalaciones como Fordow y Natanz, y el envío de uranio enriquecido a EE.UU. La acumulación militar estadounidense en Oriente Medio ha sido masiva, la mayor desde la invasión de Irak en 2003, con flotas de aviones y buques de guerra posicionados estratégicamente. Israel, por su parte, ha aprobado planes de ataque en coordinación con Washington, y hasta el secretario de Estado Marco Rubio viajó a la región para discutir prioridades como Irán y Líbano. Embajadas estadounidenses y aliadas han evacuado personal, aerolíneas como Air France y Lufthansa han cancelado vuelos a la zona, y hasta los mercados han reaccionado con antelación. ¿Sorpresa? Ninguna. Es como si los líderes hubieran enviado un telegrama a Teherán: «Atención, atacaremos pronto. Atentamente, Trump y Netanyahu».

Esta situación evoca inevitablemente los legendarios sketches del comediante español Miguel Gila, ese genio del humor absurdo que, en sus rutinas de guerra, llamaba por teléfono al enemigo para anunciar el ataque. «¿Oiga, es el enemigo? Sí, mire, que mañana les bombardeamos a las diez. ¿Les viene bien? Ah, perfecto, nos vemos». Gila satirizaba la estupidez de la guerra con esa ironía telefónica, y hoy, en 2026, la realidad parece imitar su arte. Las amenazas públicas de Trump, las filtraciones de planes conjuntos en redes como X (donde usuarios predecían el ataque inminente), y las rondas fallidas de negociaciones en Ginebra han convertido este conflicto en una parodia anunciada. Irán, por su lado, no se ha quedado de brazos cruzados: ha preparado retaliaciones, movido a su líder supremo a un lugar seguro, y advertido de respuestas «aplastantes». Pero, ¿dónde está el elemento sorpresa que define una operación militar exitosa? Ausente, como en las llamadas de Gila.

Más allá de la comedia, surge una pregunta más siniestra: ¿por qué anunciar tanto? Algunos analistas sugieren que este bombardeo verbal previo no solo diluye la efectividad estratégica, sino que sirve como cortina de humo para ocultar otras informaciones de plena actualidad. Mientras el mundo fija la mirada en las explosiones en Teherán, se desvanece el foco de otras noticias muy relevantes.

Este ataque, que sigue a un conflicto de 12 días en junio de 2025, promete varios días de operaciones, según fuentes estadounidenses. Trump incluso ha llamado a los iraníes a derrocar su gobierno, elevando las apuestas a un cambio de régimen. Pero en un mundo donde las guerras se anuncian como estrenos de cine, la incredulidad reina. Como diría Gila: «¿Oiga, enemigo? Sí, que ya estamos aquí. ¿Nos abre la puerta o qué?». La realidad, a veces, supera la ficción cómica.

Y hay algo todavía más evidente y sospechoso, aunque parezca mentira da la sensación de que Irán también está participando en la farsa interpretando su papel. Puede que resulte una mezcla un tanto extraña, pero en tal y como está el contexto geopolítico y social a nivel mundial tampoco resultaría tan sorprendente e increíble. Estamos en el eterno tesis + antítesis= síntesis.

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