Por Alfonso de la Vega
Dentro del espectáculo bochornoso que suele ofrecer el «Congreso de Diputados y Diputadas» esta semana se ha rechazado una medida indispensable para la dignidad femenina y la propia seguridad pública. En efecto, el PP ha sido el único partido que se ha sumado y votado afirmativamente a la propuesta de VOX de prohibir el uso del burka o del velo islámico en espacios públicos.
Se trata de una nueva demostración de la desnaturalización del Parlamento, donde se suponía que los padres o madres de la Patria se reunían para parlamentar, razonar y adoptar lo que parezca mejor o más conveniente de acuerdo con los argumentos expuestos todo ello en beneficio del bien común. Pero, no. Las votaciones se realizan de modo sectario, obviando argumentos bajo la opresión de la banda respectiva, otra demostración que la partitocracia es incompatible con el bien común de la nación. La banda golpista Junts, cuyo jefe es un conocido forajido prófugo de la Justicia española incluso ha tenido la desfachatez de confesar que aunque está de acuerdo vota no por puro sectarismo: «nunca» han votado a favor de una propuesta de Vox en el Congreso porque esta formación es un «partido político anticatalán, antifeminista y contra los derechos humanos y que ha liderado la represión contra Cataluña».
Curioso argumento el de calificar de antifeminista a un partido que demuestra con tales propuestas legislativas promover la defensa de la dignidad femenina, pero no cabe esperar lógica, ni aristotélica, ni booleana en estos especímenes cuyo principal capital político es la explotación del fanatismo más sectario al servicio del resentimiento, la codicia y el vicio, Similares mañas cabe encontrar en las repugnantes zurdas españolas como las calificaba don Antonio Machado. Con el agravante actual de que el partido promotor de las “sobrinas” o las autoridades violadoras se permita presumir y dar lecciones de feminismo.
La oportunidad era grande dado el sabotaje contra la sociedad española que pretende el gobierno de Su Majestad con motivo de la irresponsable “regularización” de millones de extranjeros, incluso con antecedentes penales y muchos de ellos agarenos que se han demostrado inintegrables y toda una rémora para la prosperidad y la seguridad de las sociedades europeas.
El problema no es nuevo, si se me permite la autocita, hace ya casi quince años, el 3 de marzo de 2011 publicaba en ABC un artículo con el título de Velos y desvelos, del que me permito reproducir algunos párrafos:
“…se acaba de plantear nuevamente un asunto muy espinoso que es de temer va a generar muchos problemas a la convivencia social española y europea. La existencia de guetos integristas incapaces de adaptarse a las condiciones públicas propias de una sociedad abierta. Hasta ahora aquí en España la mayor fuente de fanatismo e intolerancia se encontraba en los nacionalistas. Pero existe otro problema latente. Un Islam que envalentonado por la estulticia pseudo astuta gubernamental intenta imponer sus costumbres también en espacios o instituciones públicas. La combinación de intolerancia, fanatismo, primitivismo religioso con tecnología occidental se ha demostrado devastadora».
«Un aspecto de esta cuestión, simbólico pero de gran gravedad, es el uso del velo islámico que además resulta más imposición que una elección voluntaria. Hay padres que prefieren el sometimiento teocrático con el sello de opresión y servidumbre a la educación libre y abierta. Curiosamente nuestras feministas progres presupuestadas e igualitarias están desaparecidas en combate. Ni están ni se les espera. Los socialistas que parece que no han aprendido que no se debe jugar con fuego, contra lo que se podría pensar de sus supuestos planteamientos ideológicos racionalistas, fomentan el Islam para acosar a la Iglesia católica.”
“El Islam se ha mostrado una confesión religiosa históricamente incompatible con las sociedades abiertas, los estados de derecho y los regímenes políticos democráticos liberales. No olvidar este hecho y actuar en consecuencia nos puede evitar muchos males presentes y futuros”.
Cuando se intensifican las amenazas sobre España, entre otras la de una creciente invasión programada de cientos de miles de musulmanes desarraigados o ventajistas, creo que no está de más recordar algunos de los lúcidos planteamientos de Giovanni Sartori sobre pluralismo y multiculturalismo que cabe traer aquí brevemente:

“Pluralismo es una palabra desgastada pero que debe ser reconstituida. Está relacionada con la tolerancia. Esta respeta valores ajenos y el pluralismo afirma un valor propio. Tolerancia no significa indiferencia ni relativismo. Precisamente es tolerancia porque no tiene una visión relativista en que daría más o menos igual una cosa que otra”.
“El pluralismo no fomenta la diversidad sino que la limita e intenta integrarla en un sistema aceptable para todos. E pluribus unum, de muchos uno es tarea del pluralismo. E pluribus disiunctio (de muchos el desmembramiento) es el resultado del multiculturalismo. Pluralismo no es ser plurales.”
“El pluralismo como creencia está asociado a la cultura secularizada, pues las fes reveladas no toleran “contra-fes”, ni tampoco a la tolerancia misma. El pluralismo está obligado a respetar la multiplicidad cultural pre existente pero no está obligado a fabricarla. Pretende asegurar la paz intercultural, no fomentar una hostilidad entre culturas. Si tiene que haber reconocimiento este debe ser recíproco.”
“¿Una comunidad puede sobrevivir si está quebrada en subcomunidades que son contra, que rechazan las reglas en que se basa un convivir comunitario?”
“En Europa el rechazo se suele concretar a los inmigrantes africanos e islámicos. La visión del mundo islámica es teocrática y no acepta la separación entre Iglesia y Estado, Política y Religión. Por tanto, a los agarenos si se les recibe: no es porque ya existen, ni para “crear” una sociedad pluralista, pues son sus enemigos y por tanto nunca van a dar una contrapartida a la ciudadanía regalada.”
La lucidez del pensamiento, la búsqueda del bien común, el saber y el querer, están siendo desterradas en la Política sectaria, degradada y embrutecedora que padecemos. El Poder sigue fomentando el caos como estrategia de dominación mundial.

